Escala de León XIV en el epicentro de la espiritualidad del pueblo ecuatoguineano: la basílica catedral de la Inmaculada Concepción, en Mongomo. A los pies de la patrona del país centroafricano, el Papa ha presidido una eucaristía que contó con la participación del presidente Obiang Nguema Mbasogo y su esposa, Constancia Mangue de Obiang, en la que es su región natal. Una explosión de alegría se desbordó a su llegada, con unos gritos y cantos que se multiplicaron en decibelios cuando, a las puertas del templo, el Papa bendijo la primera piedra de la que será la nueva iglesia de la Ciudad de la Paz. Esta algarabía se contagiaba por cada rincón del templo en los cantos de la eucaristía en lengua fan y a ritmo de marimba, y se tornaba en solemnidad en los momentos clave de la liturgia.. «Me alegra poder celebrar junto con ustedes, dando gracias al Señor por los 170 años de evangelización en estas tierras de Guinea Ecuatorial», compartió el Papa al inicio de su homilía en un templo que se levantó a finales del siglo XIX en la época colonial española. Y es que, uno de los motivos principales de su peregrinación a esta nación donde nueve de cada diez habitantes se saben católicos es precisamente conmemorar ese arraigo del cristianismo, que llegó de la mano de los misioneros claretianos. Hoy, tras un siglo de presencia misionera, una nueva generación de sacerdotes, religiosos y laicos ha tomado el relevo y está al frente del pastoreo de la Iglesia local. Con esta doble mirada agradecida al pasado y de contemplación de los desafíos del futuro, el Papa rindió un homenaje a todos aquellos que en este tiempo «han acogido las expectativas, las preguntas y las heridas de su pueblo, iluminándolas con la Palabra del Señor y convirtiéndose en signo del amor de Dios».. «Es una historia que no pueden olvidar», remarcó ante un templo repleto de fieles, a los que se sumaban los que se repartían en el exterior. Precisamente a los ecuatoguineanos les encomendó ser a partir de ahora «protagonistas del anuncio del Evangelio y del testimonio de la fe». Para sustentar este encargo, se sirvió de las palabras que dirigió san Pablo VI a los obispos africanos, durante su estancia en Uganda en 1969: «Vosotros africanos, ya sois misioneros para vosotros mismos».. «El futuro de Guinea pasa por las decisiones que ustedes toman», alentó a los cristianos, a quienes llamó a asumir «su sentido de la responsabilidad y al compromiso compartido de custodiar la vida y la dignidad de cada persona». «Se trata de participar, con la luz y la fuerza del Evangelio, en el desarrollo integral de esta tierra, en su renovación, en su transformación», añadió.. Y es que, para el Pontífice agustino, «es necesario, por tanto, que todos los bautizados se sientan implicados en la obra de evangelización, se conviertan en apóstoles de la caridad y en testigos de una nueva humanidad». «Hermanos y hermanas, se necesitan cristianos que tomen en sus manos el destino de Guinea Ecuatorial», deseó en su homilía.. Esta reflexión la aterrizó en una petición concreta: «Que crezcan los espacios de libertad y que se salvaguarde siempre la dignidad de la persona humana; pienso en los más pobres, en las familias en dificultad». Y sumó una pauta más: «Pienso en los reclusos, a menudo obligados a vivir en condiciones preocupantes de higiene y de sanidad».. Por ello, el Papa entonó una plegaria desde la basílica para «que el Señor los ayude a convertirse cada vez más en una sociedad en la que cada uno, según sus respectivas responsabilidades, trabaje al servicio del bien común y no de intereses particulares, superando las desigualdades entre privilegiados y desfavorecidos».. «A todos y a cada uno se les pide un compromiso personal que abarque la vida por completo, para que la fe, celebrada de manera tan festiva en sus comunidades y en sus liturgias, alimente sus actividades caritativas y la responsabilidad hacia el prójimo, para la promoción del bien de todos». Con estas palabras, León XIV exponía abiertamente la tarea que tienen por delante los católicos que debe integrar a la vez la participación en los sacramentos eclesiales con el compromiso social. Desde el altar de la basílica, animó a los presentes a asumir el anuncio del Evangelio «sin temor».. Y es ahí donde Robert Prevost se mostró empático con «las situaciones personales, familiares y sociales» de dificultad que pueden atravesar cuantos lo escuchaban: «Estamos llamados a permanecer fieles al Evangelio, a anunciarlo, a vivirlo en plenitud y a dar testimonio de él con alegría». «Hay hambre de futuro, pero de un futuro habitado por la esperanza, que pueda generar una nueva justicia, que pueda dar frutos de paz y fraternidad», insistió.
León XIV, en su primera misa en Guinea Ecuatorial. El Papa visita la basílica de la Inmaculada en Mongomo, la región natal del presidente
Escala de León XIV en el epicentro de la espiritualidad del pueblo ecuatoguineano: la basílica catedral de la Inmaculada Concepción, en Mongomo. A los pies de la patrona del país centroafricano, el Papa ha presidido una eucaristía que contó con la participación del presidente Obiang Nguema Mbasogo y su esposa, Constancia Mangue de Obiang, en la que es su región natal. Una explosión de alegría se desbordó a su llegada, con unos gritos y cantos que se multiplicaron en decibelios cuando, a las puertas del templo, el Papa bendijo la primera piedra de la que será la nueva iglesia de la Ciudad de la Paz. Esta algarabía se contagiaba por cada rincón del templo en los cantos de la eucaristía en lengua fan y a ritmo de marimba, y se tornaba en solemnidad en los momentos clave de la liturgia.. «Me alegra poder celebrar junto con ustedes, dando gracias al Señor por los 170 años de evangelización en estas tierras de Guinea Ecuatorial», compartió el Papa al inicio de su homilía en un templo que se levantó a finales del siglo XIX en la época colonial española. Y es que, uno de los motivos principales de su peregrinación a esta nación donde nueve de cada diez habitantes se saben católicos es precisamente conmemorar ese arraigo del cristianismo, que llegó de la mano de los misioneros claretianos. Hoy, tras un siglo de presencia misionera, una nueva generación de sacerdotes, religiosos y laicos ha tomado el relevo y está al frente del pastoreo de la Iglesia local. Con esta doble mirada agradecida al pasado y de contemplación de los desafíos del futuro, el Papa rindió un homenaje a todos aquellos que en este tiempo «han acogido las expectativas, las preguntas y las heridas de su pueblo, iluminándolas con la Palabra del Señor y convirtiéndose en signo del amor de Dios».. «Es una historia que no pueden olvidar», remarcó ante un templo repleto de fieles, a los que se sumaban los que se repartían en el exterior. Precisamente a los ecuatoguineanos les encomendó ser a partir de ahora «protagonistas del anuncio del Evangelio y del testimonio de la fe». Para sustentar este encargo, se sirvió de las palabras que dirigió san Pablo VI a los obispos africanos, durante su estancia en Uganda en 1969: «Vosotros africanos, ya sois misioneros para vosotros mismos».. «El futuro de Guinea pasa por las decisiones que ustedes toman», alentó a los cristianos, a quienes llamó a asumir «su sentido de la responsabilidad y al compromiso compartido de custodiar la vida y la dignidad de cada persona». «Se trata de participar, con la luz y la fuerza del Evangelio, en el desarrollo integral de esta tierra, en su renovación, en su transformación», añadió.. Y es que, para el Pontífice agustino, «es necesario, por tanto, que todos los bautizados se sientan implicados en la obra de evangelización, se conviertan en apóstoles de la caridad y en testigos de una nueva humanidad». «Hermanos y hermanas, se necesitan cristianos que tomen en sus manos el destino de Guinea Ecuatorial», deseó en su homilía.. Esta reflexión la aterrizó en una petición concreta: «Que crezcan los espacios de libertad y que se salvaguarde siempre la dignidad de la persona humana; pienso en los más pobres, en las familias en dificultad». Y sumó una pauta más: «Pienso en los reclusos, a menudo obligados a vivir en condiciones preocupantes de higiene y de sanidad».. Por ello, el Papa entonó una plegaria desde la basílica para «que el Señor los ayude a convertirse cada vez más en una sociedad en la que cada uno, según sus respectivas responsabilidades, trabaje al servicio del bien común y no de intereses particulares, superando las desigualdades entre privilegiados y desfavorecidos».. «A todos y a cada uno se les pide un compromiso personal que abarque la vida por completo, para que la fe, celebrada de manera tan festiva en sus comunidades y en sus liturgias, alimente sus actividades caritativas y la responsabilidad hacia el prójimo, para la promoción del bien de todos». Con estas palabras, León XIV exponía abiertamente la tarea que tienen por delante los católicos que debe integrar a la vez la participación en los sacramentos eclesiales con el compromiso social. Desde el altar de la basílica, animó a los presentes a asumir el anuncio del Evangelio «sin temor».. Y es ahí donde Robert Prevost se mostró empático con «las situaciones personales, familiares y sociales» de dificultad que pueden atravesar cuantos lo escuchaban: «Estamos llamados a permanecer fieles al Evangelio, a anunciarlo, a vivirlo en plenitud y a dar testimonio de él con alegría». «Hay hambre de futuro, pero de un futuro habitado por la esperanza, que pueda generar una nueva justicia, que pueda dar frutos de paz y fraternidad», insistió.
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