Las parasomnias, comportamientos anormales que se producen durante el sueño o al despertar, pueden tener implicaciones pronósticas como el trastorno de la conducta del sueño REM, que se caracteriza por el hecho de que los pacientes «representan» físicamente sus sueños mientras duermen, llegando a realizar conductas violentas como dar gritos o golpear.. Con el objetivo de mejorar su detección, la Sociedad Española de Sueño (SES) ha elaborado la ‘Guía de Práctica Clínica de Diagnóstico de Parasomnias REM’ en adultos, orientada a reducir el infradiagnóstico, mejorar la calidad y la precisión diagnóstica, y homogeneizar la atención de estos pacientes.. Según estimaciones de la SES, alrededor del 50 por ciento de la población adulta experimenta pesadillas de forma aislada, mientras que en un 3 por ciento de los casos estas son recurrentes y generan un impacto negativo en la calidad de vida. Además, más del 10 por ciento puede sufrir episodios aislados de parálisis del sueño, y aproximadamente un 1,5 por ciento desarrollará trastorno de la conducta del sueño REM.. Un problema infravalorado. A pesar de esta elevada prevalencia, estos trastornos suelen pasar desapercibidos en la práctica clínica. Según explica la neuróloga Paula Marrero González, del Hospital de Sant Joan Despí de Barcelona, el sueño continúa siendo un «aspecto infravalorado» por la población general, que con frecuencia no consulta por síntomas del sueño al considerarlos poco relevantes o incluso normales. A ello se suman factores del sistema sanitario, como la limitada formación específica en medicina del sueño y una menor sensibilización en algunos ámbitos clínicos.. Las parasomnias que ocurren en la fase noREM del sueño, como el sonambulismo o los terrores nocturnos, aparecen principalmente en la infancia y suelen desaparecer en la adolescencia. En cambio, las que se producen en fase REM, como el trastorno de conducta del sueño REM, las pesadillas recurrentes o la parálisis del sueño, predominan en la edad adulta y en la segunda mitad de la noche.. Impacto en la calidad de vida. Estas alteraciones tienen un impacto directo en la calidad del descanso y el bienestar general. La parálisis de sueño puede provocar miedo a dormirse, mientras que las pesadillas recurrentes se asocian a alteraciones del estado de ánimo y conductas evitativas, como la ansiedad a la hora de acostarse.. En el caso del trastorno de la conducta del sueño REM, el riesgo va más allá. «Existe un alto riesgo de autolesiones que pueden llegar a ser graves (fracturas en dedos, hematomas craneales, etc.) y afectar incluso al acompañante de cama», advierte la especialista.. Un posible marcador precoz neurológico. Además, este trastorno tiene un importante valor como marcador precoz de enfermedades neurodegenerativas. Según Marrero, el 90 por ciento de los pacientes desarrollará una enfermedad neurodegenerativa como la enfermedad de Parkinson o la demencia con cuerpos de Lewy.. Hasta ahora, la ausencia de guías clínicas específicas basadas en la evidencia ha generado variabilidad en el abordaje y retrasos en el diagnóstico, en parte también por el acceso limitado a pruebas como la video-polisomnografía en algunos centros.. Aunque actualmente no existen tratamientos que modifiquen la progresión de estas enfermedades, la experta destaca que ya hay ensayos clínicos en marcha. En este contexto, los pacientes con trastorno de conducta del sueño REM aislado «son candidatos ideales para probar fármacos modificadores de la enfermedad neurodegenerativa cuando estén disponibles, ya que son pacientes en fases muy precoces de la enfermedad», ha concluido Marrero.
La Sociedad Española del Sueño alerta del infradiagnóstico de estos trastornos y lanza una guía para mejorar su detección en adultos
Las parasomnias, comportamientos anormales que se producen durante el sueño o al despertar, pueden tener implicaciones pronósticas como el trastorno de la conducta del sueño REM, que se caracteriza por el hecho de que los pacientes «representan» físicamente sus sueños mientras duermen, llegando a realizar conductas violentas como dar gritos o golpear.. Con el objetivo de mejorar su detección, la Sociedad Española de Sueño (SES) ha elaborado la ‘Guía de Práctica Clínica de Diagnóstico de Parasomnias REM’ en adultos, orientada a reducir el infradiagnóstico, mejorar la calidad y la precisión diagnóstica, y homogeneizar la atención de estos pacientes.. Según estimaciones de la SES, alrededor del 50 por ciento de la población adulta experimenta pesadillas de forma aislada, mientras que en un 3 por ciento de los casos estas son recurrentes y generan un impacto negativo en la calidad de vida. Además, más del 10 por ciento puede sufrir episodios aislados de parálisis del sueño, y aproximadamente un 1,5 por ciento desarrollará trastorno de la conducta del sueño REM.. Un problema infravalorado. A pesar de esta elevada prevalencia, estos trastornos suelen pasar desapercibidos en la práctica clínica .Según explica la neuróloga Paula Marrero González, del Hospital de Sant Joan Despí de Barcelona. el sueño continúa siendo un «aspecto infravalorado» por la población general, que con frecuencia no consulta por síntomas del sueño al considerarlos poco relevantes o incluso normales. A ello se suman factores del sistema sanitario, como la limitada formación específica en medicina del sueño y una menor sensibilización en algunos ámbitos clínicos.. Las parasomnias que ocurren en la fase noREM del sueño, como el sonambulismo o los terrores nocturnos, aparecen principalmente en la infancia y suelen desaparecer en la adolescencia. En cambio, las que se producen en fase REM —como el trastorno de conducta del sueño REM, las pesadillas recurrentes o la parálisis del sueño— predominan en la edad adulta y en la segunda mitad de la noche.. Impacto en la calidad de vida. Estas alteraciones tienen un impacto directo en la calidad del descanso y el bienestar general. La parálisis de sueño puede provocar miedo a dormirse , mientras que las pesadillas recurrentes se asocian a alteraciones del estado de ánimo y conductas evitativas, como la ansiedad a la hora de acostarse.. En el caso del trastorno de la conducta del sueño REM, el riesgo va más allá «Existe un alto riesgo de autolesiones que pueden llegar a ser graves (fracturas en dedos, hematomas craneales, etc.) y afectar incluso al acompañante de cama», advierte la especialista,. Un posible marcador precoz neurológico. Además, este trastorno tiene un importante valor como marcador precoz de enfermedades neurodegenerativas. Según Marrero, el 90 por ciento de los pacientes desarrollará una enfermedad neurodegenerativa como la enfermedad de Parkinson o la demencia con cuerpos de Lewy.. Hasta ahora, la ausencia de guías clínicas específicas basadas en la evidencia ha generado variabilidad en el abordaje y retrasos en el diagnóstico, en parte también por el acceso limitado a pruebas como la video-polisomnografía en algunos centros.. Aunque actualmente no existen tratamientos que modifiquen la progresión de estas enfermedades, la experta destaca que ya hay ensayos clínicos en marcha. En este contexto, los pacientes con trastorno de conducta del sueño REM aislado «son candidatos ideales para probar fármacos modificadores de la enfermedad neurodegenerativa cuando estén disponibles, ya que son pacientes en fases muy precoces de la enfermedad», ha concluido Marrero.
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