Lo que empezó como una idea improvisada durante la pandemia ha terminado convirtiéndose en un negocio viral y en crecimiento. Dos emprendedores lograron transformar un pequeño proyecto de venta de lombrices en un espacio híbrido que combina vivero, cafetería y experiencias.. El origen se remonta a 2020, cuando comenzaron vendiendo lombrices californianas desde su propia casa, casi sin planificación. “Todo empezó en casa, literalmente en el garaje”, recuerdan, explicando que la idea surgió de forma espontánea en pleno confinamiento.. La sorpresa fue inmediata: la demanda llegó desde el primer momento. “Yo le dije ‘¿quién te va a comprar lombrices?’ y a la media hora ya había vendido”, relatan sobre aquellos inicios, marcados por pedidos que preparaban incluso de madrugada.. De vender lombrices pasaron a ofrecer productos de jardinería. Con el paso del tiempo, el negocio evolucionó. De vender lombrices pasaron a ofrecer productos de jardinería, plantas e incluso servicios relacionados con el compostaje, hasta consolidar un vivero boutique.. El gran salto llegó con la apertura de un local físico y, más tarde, con la incorporación de una cafetería de especialidad, que terminó redefiniendo el concepto del proyecto. “El gran salto fue sumar el café, que no estaba en los planes”, explican, destacando que ese cambio convirtió el espacio en un punto de encuentro para la comunidad.. Actualmente, el negocio funciona con varias líneas de ingresos —venta, café, experiencias y servicios— y ha conseguido crecer sin inversores externos, reinvirtiendo sus propios beneficios. Además, su presencia en redes sociales y su enfoque en crear comunidad lo han convertido en un fenómeno viral.
El origen se remonta a 2020, cuando comenzaron vendiendo lombrices californianas desde su propia casa
Lo que empezó como una idea improvisada durante la pandemia ha terminado convirtiéndose en un negocio viral y en crecimiento. Dos emprendedores lograron transformar un pequeño proyecto de venta de lombrices en un espacio híbrido que combina vivero, cafetería y experiencias.. El origen se remonta a 2020, cuando comenzaron vendiendo lombrices californianas desde su propia casa, casi sin planificación. “Todo empezó en casa, literalmente en el garaje”, recuerdan, explicando que la idea surgió de forma espontánea en pleno confinamiento.. La sorpresa fue inmediata: la demanda llegó desde el primer momento. “Yo le dije ‘¿quién te va a comprar lombrices?’ y a la media hora ya había vendido”, relatan sobre aquellos inicios, marcados por pedidos que preparaban incluso de madrugada.. Con el paso del tiempo, el negocio evolucionó. De vender lombrices pasaron a ofrecer productos de jardinería, plantas e incluso servicios relacionados con el compostaje, hasta consolidar un vivero boutique.. El gran salto llegó con la apertura de un local físico y, más tarde, con la incorporación de una cafetería de especialidad, que terminó redefiniendo el concepto del proyecto. “El gran salto fue sumar el café, que no estaba en los planes”, explican, destacando que ese cambio convirtió el espacio en un punto de encuentro para la comunidad.. Actualmente, el negocio funciona con varias líneas de ingresos —venta, café, experiencias y servicios— y ha conseguido crecer sin inversores externos, reinvirtiendo sus propios beneficios. Además, su presencia en redes sociales y su enfoque en crear comunidad lo han convertido en un fenómeno viral.
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