Hay artistas que mueren y dejan un silencio. Pedro Simón dejó humo. No como metáfora del olvido sino como la más precisa de las declaraciones de principios: el humo es inasible, cambiante, libre de cualquier forma que se le quiera imponer. Más de cuatrocientas obras explorando esa metáfora no es una serie pictórica, es una posición filosófica sostenida durante más de una década con la coherencia de quien nunca necesitó el beneplácito del circuito oficial.. A casi un año de su fallecimiento, Espacio EXZéntrico –la galería de Los Remedios, en Sevilla, que dirige la fotógrafa y gestora cultural Inma Puchal– le devuelve el espacio merecido con «Toda una vida», muestra homenaje que reúne una veintena de piezas de su última etapa, todas ellas pertenecientes a la serie «Pipe Smoke». No es una exposición retrospectiva en el sentido convencional: no hay voluntad museográfica de ordenar una trayectoria ni de construir el relato canónico del artista consagrado. Se trata de una mirada a lo último, a lo que quedó sobre el lienzo cuando ya no quedaba tiempo para nada que no fuera esencial.. Pedro Simón fue, en la terminología que él mismo habría rechazado con una carcajada, un verso suelto. Formado en Madrid, crecido para el arte en Sevilla, becado por Juana de Aizpuru en 1980 –un espaldarazo que lo introdujo en el circuito profesional cuando ese circuito todavía era capaz de sorprenderse–, fue también cofundador de La Máquina Española, aquella galería que agitó la escena sevillana de los 80 con la convicción de que el arte contemporáneo no era una importación sino una necesidad. Absorbió el expresionismo alemán, la transvanguardia italiana, el grafiti neoyorquino, a Millares, a Tàpies, a Twombly, y de todo ello extrajo no una síntesis ecléctica sino un lenguaje propio: visceral, frenético en el trazo, construido sobre la tensión entre la materia y la idea, entre el gesto y el pensamiento. Su obra llegó a Chicago, Toulouse, Milán, Lisboa, Basilea y ARCO. Está en el Reina Sofía, en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, en el Parlamento andaluz o en el Mori Art Museum de Tokio. Sin embargo, como él mismo reconoció en más de una ocasión, se sintió «vetado por la Sevilla oficial». La paradoja del artista reconocido fuera y resistido dentro es tan vieja como el arte mismo, pero en el caso de Simón adquirió una dimensión adicional: nunca acomodó el trabajo a la demanda. «Una relación amorosa con la creación», la llamaba él. Los amores así no negocian.. «Pipe Smoke» nació en 2011 como exploración del humo de una pipa como metáfora de la libertad absoluta. En su última exposición en vida en este espacio, la serie se adentró en la tensión entre lo apolíneo y lo dionisíaco: la oscilación entre la razón y el instinto, entre la serenidad y la perturbación, «esa frágil frontera», decía, que refleja «las dualidades del momento presente en la psique, en la sociedad». Hoy a las 19:30, Inma Puchal y el historiador del arte Javier Compás conducirán el coloquio «Reflexiones y percepción, diálogo abierto en torno a la figura y el legado de Pedro Simón». La galería sorteará además una prueba de artista firmada por el propio Pedro Simón entre los asistentes. La muestra puede visitarse hasta el 7 de mayo en la calle Virgen de la Victoria, 12. «Mientras exista sentido del humor, existe la vida», dejó dicho. El humo sigue.
Espacio EXZéntrico reúne hasta el 7 de mayo una veintena de piezas de la serie ‘Pipe Smoke’ en homenaje al artista y agitador cultural fallecido hace casi un año
Hay artistas que mueren y dejan un silencio. Pedro Simón dejó humo. No como metáfora del olvido sino como la más precisa de las declaraciones de principios: el humo es inasible, cambiante, libre de cualquier forma que se le quiera imponer. Más de cuatrocientas obras explorando esa metáfora no es una serie pictórica, es una posición filosófica sostenida durante más de una década con la coherencia de quien nunca necesitó el beneplácito del circuito oficial.. A casi un año de su fallecimiento, Espacio EXZéntrico –la galería de Los Remedios, en Sevilla, que dirige la fotógrafa y gestora cultural Inma Puchal– le devuelve el espacio merecido con «Toda una vida», muestra homenaje que reúne una veintena de piezas de su última etapa, todas ellas pertenecientes a la serie «Pipe Smoke». No es una exposición retrospectiva en el sentido convencional: no hay voluntad museográfica de ordenar una trayectoria ni de construir el relato canónico del artista consagrado. Se trata de una mirada a lo último, a lo que quedó sobre el lienzo cuando ya no quedaba tiempo para nada que no fuera esencial.. Pedro Simón fue, en la terminología que él mismo habría rechazado con una carcajada, un verso suelto. Formado en Madrid, crecido para el arte en Sevilla, becado por Juana de Aizpuru en 1980 –un espaldarazo que lo introdujo en el circuito profesional cuando ese circuito todavía era capaz de sorprenderse–, fue también cofundador de La Máquina Española, aquella galería que agitó la escena sevillana de los 80 con la convicción de que el arte contemporáneo no era una importación sino una necesidad. Absorbió el expresionismo alemán, la transvanguardia italiana, el grafiti neoyorquino, a Millares, a Tàpies, a Twombly, y de todo ello extrajo no una síntesis ecléctica sino un lenguaje propio: visceral, frenético en el trazo, construido sobre la tensión entre la materia y la idea, entre el gesto y el pensamiento. Su obra llegó a Chicago, Toulouse, Milán, Lisboa, Basilea y ARCO. Está en el Reina Sofía, en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, en el Parlamento andaluz o en el Mori Art Museum de Tokio. Sin embargo, como él mismo reconoció en más de una ocasión, se sintió «vetado por la Sevilla oficial». La paradoja del artista reconocido fuera y resistido dentro es tan vieja como el arte mismo, pero en el caso de Simón adquirió una dimensión adicional: nunca acomodó el trabajo a la demanda. «Una relación amorosa con la creación», la llamaba él. Los amores así no negocian.. «Pipe Smoke» nació en 2011 como exploración del humo de una pipa como metáfora de la libertad absoluta. En su última exposición en vida en este espacio, la serie se adentró en la tensión entre lo apolíneo y lo dionisíaco: la oscilación entre la razón y el instinto, entre la serenidad y la perturbación, «esa frágil frontera», decía, que refleja «las dualidades del momento presente en la psique, en la sociedad». Hoy a las 19:30, Inma Puchal y el historiador del arte Javier Compás conducirán el coloquio «Reflexiones y percepción, diálogo abierto en torno a la figura y el legado de Pedro Simón». La galería sorteará además una prueba de artista firmada por el propio Pedro Simón entre los asistentes. La muestra puede visitarse hasta el 7 de mayo en la calle Virgen de la Victoria, 12. «Mientras exista sentido del humor, existe la vida», dejó dicho. El humo sigue.
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