Hubo un tiempo, no tan lejano, en que Manuel Chaves Nogales –«eso que los sociólogos llaman un ‘‘pequeñoburgués liberal’’»– era apenas un nombre susurrado en círculos de iniciados –bibliófilos, traperos y buquinistas–, una sombra elegante en las hemerotecas, autor de una notable biografía del torero Juan Belmonte. Luego llegó 1992 y, como si alguien hubiese abierto la espita de la historia, «A sangre y fuego» irrumpió con la fuerza de un pasado enterrado a presión. No era para menos: su prólogo, lúcido hasta la incomodidad, valía –y sigue valiendo– por un centenar de tesis sobre la Guerra Civil.. Desde entonces, el autor sevillano, castigado por ambos bandos y condenado durante décadas al ostracismo editorial, ha ido recuperando el lugar que le corresponde, el de la Champions League del periodismo y la literatura española del siglo XX –llegando incluso a veces a sobrexplotarse el boom «chavesnogaliano»–. Pero a Chaves, por más que uno lo de por amortizado, nunca se lo acaba. Ahora, la editorial Renacimiento nos sorprende con «Guerra total», que publicará el próximo 18 de mayo. Y conviene decirlo pronto, antes de que la prudencia rebaje el entusiasmo: estamos, probablemente, ante uno de los acontecimientos literarios más notables de los últimos años.. La historia de este hallazgo tiene algo de novela detectivesca –no en vano, su protagonista es Abelardo Linares, editor, librero de viejo y rastreador de tesoros impresos–. Si él ya estuvo detrás de la resurrección de Chaves Nogales en los noventa –junto a otros como Andrés Trapiello–, ahora firma una nueva hazaña: la localización y compilación de una serie de relatos inéditos en libro que vienen a ampliar, completar y, en cierto modo, prolongar el latido de «A sangre y fuego». Como si el escritor, desde su exilio en el tiempo, hubiese dejado migas de pan para que alguien, décadas después, reconstruyera paso a paso el camino.. No todo, sin embargo, es consenso en esta historia. La atribución de los textos –publicados en 1937 en una efímera revista para exiliados españoles en Francia: «Madrid»– ha abierto un interesante debate. Linares sostiene que todos pertenecen a Chaves Nogales; la biógrafa María Isabel Cintas, sin embargo, introduce dudas razonables: él nunca firmó ni necesitó firmar con otro nombre. Los pseudónimos –Lumo Reva, Rafael Delgado, Fernando de la Milla– añaden un punto de misterio que, lejos de restar, contribuye a engrandecer el conjunto. Porque, al fin y al cabo, la pregunta no es solo quién firmó esos relatos, sino quién fue capaz de escribirlos. Y ahí la respuesta parece clara.. Así, «Guerra total» ofrece un fresco descarnado de un país desangrado. Bombardeos en el País Vasco, fusilamientos en Galicia, padres que buscan hijas entre escombros que aún humean, monjas insultadas por enfermos republicanos, verdugos que dudan antes de apretar el gatillo. La barbarie, sin adjetivos, sin banderas y sin coartadas. Justo como la narraba Chaves Nogales: con esa mezcla de precisión periodística y pulso literario que luego se conoció como «nuevo periodismo».
Renacimiento publicará en mayo ‘Guerra total’, volumen que incluye relatos inéditos del autor sevillano sobre la Guerra Civil, siguiendo la estela de ‘A sangre y fuego’
Hubo un tiempo, no tan lejano, en que Manuel Chaves Nogales–«eso que los sociólogos llaman un ‘‘pequeñoburgués liberal’’»– era apenas un nombre susurrado en círculos de iniciados –bibliófilos, traperos y buquinistas–, una sombra elegante en las hemerotecas, autor de una notable biografía del torero Juan Belmonte. Luego llegó 1992 y, como si alguien hubiese abierto la espita de la historia, «A sangre y fuego» irrumpió con la fuerza de un pasado enterrado a presión. No era para menos: su prólogo, lúcido hasta la incomodidad, valía –y sigue valiendo– por un centenar de tesis sobre la Guerra Civil.. Desde entonces, el autor sevillano, castigado por ambos bandos y condenado durante décadas al ostracismo editorial, ha ido recuperando el lugar que le corresponde, el de la Champions League del periodismo y la literatura española del siglo XX –llegando incluso a veces a sobrexplotarse el boom «chavesnogaliano»–. Pero a Chaves, por más que uno lo de por amortizado, nunca se lo acaba. Ahora, la editorial Renacimiento nos sorprende con «Guerra total», que publicará el próximo 18 de mayo. Y conviene decirlo pronto, antes de que la prudencia rebaje el entusiasmo: estamos, probablemente, ante uno de los acontecimientos literarios más notables de los últimos años.. La historia de este hallazgo tiene algo de novela detectivesca –no en vano, su protagonista es Abelardo Linares, editor, librero de viejo y rastreador de tesoros impresos–. Si él ya estuvo detrás de la resurrección de Chaves Nogales en los noventa –junto a otros como Andrés Trapiello–, ahora firma una nueva hazaña: la localización y compilación de una serie de relatos inéditos en libro que vienen a ampliar, completar y, en cierto modo, prolongar el latido de «A sangre y fuego». Como si el escritor, desde su exilio en el tiempo, hubiese dejado migas de pan para que alguien, décadas después, reconstruyera paso a paso el camino.. No todo, sin embargo, es consenso en esta historia. La atribución de los textos –publicados en 1937 en una efímera revista para exiliados españoles en Francia: «Madrid»– ha abierto un interesante debate. Linares sostiene que todos pertenecen a Chaves Nogales; la biógrafa María Isabel Cintas, sin embargo, introduce dudas razonables: él nunca firmó ni necesitó firmar con otro nombre. Los pseudónimos –Lumo Reva, Rafael Delgado, Fernando de la Milla– añaden un punto de misterio que, lejos de restar, contribuye a engrandecer el conjunto. Porque, al fin y al cabo, la pregunta no es solo quién firmó esos relatos, sino quién fue capaz de escribirlos. Y ahí la respuesta parece clara.. Así, «Guerra total» ofrece un fresco descarnado de un país desangrado. Bombardeos en el País Vasco, fusilamientos en Galicia, padres que buscan hijas entre escombros que aún humean, monjas insultadas por enfermos republicanos, verdugos que dudan antes de apretar el gatillo. La barbarie, sin adjetivos, sin banderas y sin coartadas. Justo como la narraba Chaves Nogales: con esa mezcla de precisión periodística y pulso literario que luego se conoció como «nuevo periodismo».
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