El Monasterio de San Bernardo, pedanía de Valbuena de Duero, ha acogido este martes una nueva entrega de piezas restauradas por la Fundación Las Edades del Hombre, la exposición de arte sacro más importante del mundo.. En esta ocasión son cinco las tallas anónimas, fechadas entre los siglos XV y XVIII, que tras el exhaustivo trabajo de los restauradores volverán en todo su esplendor recuperado a templos de Cervillego de la Cruz, Villamuriel de Campos, Barruelo del Valle, Fuente Olmedo y Wamba.. Se trata de un apóstol, mártir o evangelista, un cristo, una virgen o un padre de la Iglesia Católica, que han concitado desde siglos a las generaciones de personas de cualquier municipio, vecinos o en el exilio laboral, y que cada año se reúnen en torno a la festividad de ese santo patrón o patrona simbolizados en una talla.. Por regla general ocupan el lugar preferente del templo consagrado a su advocación, donde se les rinde culto, son tallas de mano anónima y el paso del tiempo exige una restauración parcial o integral como ocurre en la provincia de Valladolid, cada año, gracias a un convenio entre la Diputación, los municipios implicados y el arzobispado.. El convenio, en vigor desde 2002, ha cumplido casi un cuarto de siglo con un total de 124 piezas restauradas, y este año ha sido el turno de cinco tallas anónimas remozadas en el taller de la Fundación Las Edades del Hombre y procedentes de Cervillego de la Cruz, Barruelo del Valle, Wamba, Villamuriel de Campos y Fuente-Olmedo.. La directora del Centro de Conservación y Restauración de la Fundación Las Edades del Hombre, Consuelo Valverde, desgranaba los trabajos realizados en cada pieza. Así, sobre el ‘San Juan Degollado’ de la iglesia de la Degollación de San Juan Bautista, de Cervillego de la Cruz, explicaba que su mano izquierda, que porta un cordero y un libro, presentaba unas chapas de metal que le daban consistencia para sujetar ese peso “de una forma inadecuada”.. Por ello, hubo que desmontar esa mano, eliminar el soporte metálico y añadir parte de un bloque de madera para poder unir el brazo con la mano mediante espigas interiores de fibra de vidrio que ahora “le dan más consistencia y estabilidad a la obra”. Además, se eliminó un tornillo que se había incrustado en el brazo derecho para paliar una rotura previa, y se recuperaron los notables “desgastes” que presentaba el peleteado de la figura en su policromía.. En cuanto al «San Roque» de la iglesia de San Pelayo de Villamuriel de Campos, presentaba un severo ataque de insectos xilófagos en su base, por lo cual hubo que realizar un tratamiento de anoxia para consolidar el soporte. Asimismo, se eliminó la suciedad superficial acumulada y se recuperaron los “colores muy vivos y llamativos” del manto azul del santo, además de reconstruir volumétricamente la bocamanga de la mano izquierda, donde “faltaba una pieza importante para dar una lectura completa a la obra”.. Otras de las piezas restauradas, la Santa Ana Trina’, de la iglesia de San Pelayo, en Barruelo del Valle, tenía un problema de estructura, con elementos desencolados. En su caso, tras analizar el repolicromado y los riesgos de pérdida de pigmento, se procedió al estucado y restauración cromática con pigmentos al barniz, para distinguir lo original de lo que ha sido preciso añadir posteriormente.. Y en cuanto a la «Santa Brígida» de la Iglesia de San Juan Evangelista de Fuente Olmedo contaba con peanas dañadas, que provocaban inestabilidad al conjunto y que tuvieron que ser reconstruidas.. La obra que precisó una intervención más completa fue el «Cristo crucificado» de la iglesia de Santa María de la O de Wamba, que entre otros problemas presentaba en su espalda una amplia grieta que había provocado la pudrición de la madera, después de que décadas atrás intentaran cubrirla con yeso, que se había convertido en un agente agresivo con los materiales originales a través de la humedad.. Por ello, sustituyeron esa capa nociva por una madera más blanda, además de reemplazar unos clavos que tampoco eran los originales, y de sustituir la cruz en la que estaba clavado el Cristo por otra hecha con un madera “mucho más estable”, que aliviaban las notables tensiones a las que la anterior sometía al conjunto.. El presidente de la Diputación de Valladolid, Conrado Íscar, asistía a este acto de presentación de las imágenes restauradas donde aseguraba que esto ha sido posible gracias a un convenio de colaboración que «sigue más vivo que nunca».. Íscar destacaba también el esfuerzo inversor de la Diputación, con una aportación de 30.000 euros para este convenio tripartito, que, según decía, permite recuperar piezas que estaban en riesgo de deterioro y devolverlas a sus municipios en las mejores condiciones.. «Son piezas de un gran valor para pequeños localidades donde representan un referente cultural y social además de religioso», finalizaba Íscar.
Las Edades del Hombre saca lustre y restaura las tallas-fetiche del mediod rual vallisoletano y recupera cinco espectaculares piezas de Cervillego, Villamuriel, Barruelo, Fuente Olmedo y Wamba de entre los siglos XV y XVIII
El Monasterio de San Bernardo, pedanía de Valbuena de Duero, ha acogido este martes una nueva entrega de piezas restauradas por la Fundación Las Edades del Hombre, la exposición de arte sacro más importante del mundo.. En esta ocasión son cinco las tallas anónimas, fechadas entre los siglos XV y XVIII, que tras el exhaustivo trabajo de los restauradores volverán en todo su esplendor recuperado a templos de Cervillego de la Cruz, Villamuriel de Campos, Barruelo del Valle, Fuente Olmedo y Wamba.. Se trata de un apóstol, mártir o evangelista, un cristo, una virgen o un padre de la Iglesia Católica, que han concitado desde siglos a las generaciones de personas de cualquier municipio, vecinos o en el exilio laboral, y que cada año se reúnen en torno a la festividad de ese santo patrón o patrona simbolizados en una talla.. Por regla general ocupan el lugar preferente del templo consagrado a su advocación, donde se les rinde culto, son tallas de mano anónima y el paso del tiempo exige una restauración parcial o integral como ocurre en la provincia de Valladolid, cada año, gracias a un convenio entre la Diputación, los municipios implicados y el arzobispado.. El convenio, en vigor desde 2002, ha cumplido casi un cuarto de siglo con un total de 124 piezas restauradas, y este año ha sido el turno de cinco tallas anónimas remozadas en el taller de la Fundación Las Edades del Hombre y procedentes de Cervillego de la Cruz, Barruelo del Valle, Wamba, Villamuriel de Campos y Fuente-Olmedo.. La directora del Centro de Conservación y Restauración de la Fundación Las Edades del Hombre, Consuelo Valverde, desgranaba los trabajos realizados en cada pieza. Así, sobre el ‘San Juan Degollado’ de la iglesia de la Degollación de San Juan Bautista, de Cervillego de la Cruz, explicaba que su mano izquierda, que porta un cordero y un libro, presentaba unas chapas de metal que le daban consistencia para sujetar ese peso “de una forma inadecuada”.. Por ello, hubo que desmontar esa mano, eliminar el soporte metálico y añadir parte de un bloque de madera para poder unir el brazo con la mano mediante espigas interiores de fibra de vidrio que ahora “le dan más consistencia y estabilidad a la obra”. Además, se eliminó un tornillo que se había incrustado en el brazo derecho para paliar una rotura previa, y se recuperaron los notables “desgastes” que presentaba el peleteado de la figura en su policromía.. En cuanto al «San Roque» de la iglesia de San Pelayo de Villamuriel de Campos, presentaba un severo ataque de insectos xilófagos en su base, por lo cual hubo que realizar un tratamiento de anoxia para consolidar el soporte. Asimismo, se eliminó la suciedad superficial acumulada y se recuperaron los “colores muy vivos y llamativos” del manto azul del santo, además de reconstruir volumétricamente la bocamanga de la mano izquierda, donde “faltaba una pieza importante para dar una lectura completa a la obra”.. Otras de las piezas restauradas, la Santa Ana Trina’, de la iglesia de San Pelayo, en Barruelo del Valle, tenía un problema de estructura, con elementos desencolados. En su caso, tras analizar el repolicromado y los riesgos de pérdida de pigmento, se procedió al estucado y restauración cromática con pigmentos al barniz, para distinguir lo original de lo que ha sido preciso añadir posteriormente.. Y en cuanto a la «Santa Brígida» de la Iglesia de San Juan Evangelista de Fuente Olmedo contaba con peanas dañadas, que provocaban inestabilidad al conjunto y que tuvieron que ser reconstruidas.. La obra que precisó una intervención más completa fue el «Cristo crucificado» de la iglesia de Santa María de la O de Wamba, que entre otros problemas presentaba en su espalda una amplia grieta que había provocado la pudrición de la madera, después de que décadas atrás intentaran cubrirla con yeso, que se había convertido en un agente agresivo con los materiales originales a través de la humedad.. Por ello, sustituyeron esa capa nociva por una madera más blanda, además de reemplazar unos clavos que tampoco eran los originales, y de sustituir la cruz en la que estaba clavado el Cristo por otra hecha con un madera “mucho más estable”, que aliviaban las notables tensiones a las que la anterior sometía al conjunto.. El presidente de la Diputación de Valladolid, Conrado Íscar, asistía a este acto de presentación de las imágenes restauradas donde aseguraba que esto ha sido posible gracias a un convenio de colaboración que «sigue más vivo que nunca».. Íscar destacaba también el esfuerzo inversor de la Diputación, con una aportación de 30.000 euros para este convenio tripartito, que, según decía, permite recuperar piezas que estaban en riesgo de deterioro y devolverlas a sus municipios en las mejores condiciones.. «Son piezas de un gran valor para pequeños localidades donde representan un referente cultural y social además de religioso», finalizaba Íscar.
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