El que fue alcalde de Valencia entre 1979 y 1989, Ricard Pérez Casado, falleció el pasado 12 de enero en la ciudad que rigió. La vida, a la que se sentía agradecido, no le permitió por unos meses, asistir a la presentación de su propia autobiografía titulada precisamente así «Agraït amb la vida» (Agradecido con la vida).. El libro, publicado por Balandra Edicions, hace un prolijo recorrido por la existencia íntima y vital del político y economista, fundador del Partido Socialista Valenciano y al que aún se recuerda en su ciudad como «el Alcalde».. Es un ensayo autobiográfico, como él mismo lo definió, que repasa su vida entre 1945, año de su nacimiento, y 1975, con la muerte del dictador Franco y su planteamiento personal de dedicarse a la cosa pública. El libro llega hasta esa fecha, por lo que el lector no debe esperar el relato de su época como alcalde, ya que esa ya está descrita en su otra obra «Viaje de ida. Memorias política 1977-2007», por lo que el presente volumen se presenta más como una confesión consentidamente íntima por parte del autor.. Reconoce «el Alcalde» que «he vivido con plenuitud y felicidad cada momento que he podido. Las amarguras también forman parte de la vida pero el balance se inclina hacia la felicidad: tener una compañera a lo largo de sesenta años, un hijo con medio siglo a la espalda y un regalo de la biología y de la naturaleza: una nieta. Un balance personal que yo califico como satisfactorio».. Con el prisma de esa satisfacción, Pérez Casado recuerda sus vivencias y dibuja a la vez la Valencia de una época pasada. Valencia y Náquera, su Náquera natal, homologable al resto de «Naqueras del País Valencià» en cuanto a una población «xiquets i adolescents» oprimidos por la dictadura.. Como un guiño de actualidad, comienzan sus recuerdos con «la ‘tronada’ y ‘barrancada’ de septiembre del 1949, con el tío Baltasar, padre e hijo, en la azotea de la casa de la calle Mayor, sintiendo el bramido del agua roja del barranco golpear los muros de la Forqueta y les Solsides, remolineando sobre los cañares y la huerta de Carme. Ruido ensordecedor, acompañado de los gemidos pausados del hermano acabado de nacer en la cuna».. Estas y otras historias conforman la primera parte de un libro de memorias que se divide en tres. Y es en la tercera donde encontramos la fotografía de una Valencia vivida y que ya no es. El recorrido por «la ciudad degustada: tabernas, bares y casas de comidas».. Bien es cierto que un comedido Pérez Casado advierte que «no formaba parte de mis hábitos frecuentar estos locales, ni por edad ni por posibles, como suele decirse, y también por cierta costumbre del padre, que al menos en el pueblo no solía ir».. Sin embargo, en su época universitaria, la cosa cambia, más empujado por sus amigos, que por él mismo: «El lugar de reunión era Los Pajaritos, en la calle de la Nave esquina con Comedias, y más tarde una calle más allá, a la esquina con la calle de Barcelona, más bien un callejón. El vino, que no me era desconocido por las costumbres rurales, era la bebida, y hablar todos a la vez, lo más habitual».. Y una confesión, de locales nocturnos que no todos han conocido: «Otra etapa, muy diferente, fue la del que se denominaría más tarde el ocio nocturno. En torno al barrio de Carme, en la Ciutat Vella, y los primeros cubatas; nunca me han satisfecho. Con un personaje insustituible de la memoria de aquellos años finales de los sesenta y comienzo de los setenta del siglo pasado: Toni Peix y su pandilla. Los locales, Capsa, todos sentados en tierra y escuchando Joan Baez».. También desgrana sus amistades y no amistades con los periodistas, y aunque tuvo a muchos de ellos como amigos, parece desquitarse con otros. Periodistas de renombre y directores que o han sido de Levante y Las Provincias.. No seré yo quien los descubra, mejor, para eso, leerse las memorias de un alcalde que comienza a ser más reivindicado que conocido.
La editorial Balandra publica el ensayo autobiográfico «Agraït amb la vida»
El que fue alcalde de Valencia entre 1979 y 1989, Ricard Pérez Casado, falleció el pasado 12 de enero en la ciudad que rigió. La vida, a la que se sentía agradecido, no le permitió por unos meses, asistir a la presentación de su propia autobiografía titulada precisamente así «Agraït amb la vida» (Agradecido con la vida).. El libro, publicado por Balandra Edicions, hace un prolijo recorrido por la existencia íntima y vital del político y economista, fundador del Partido Socialista Valenciano y al que aún se recuerda en su ciudad como «el Alcalde».. Es un ensayo autobiográfico, como él mismo lo definió, que repasa su vida entre 1945, año de su nacimiento, y 1975, con la muerte del dictador Franco y su planteamiento personal de dedicarse a la cosa pública. El libro llega hasta esa fecha, por lo que el lector no debe esperar el relato de su época como alcalde, ya que esa ya está descrita en su otra obra «Viaje de ida. Memorias política 1977-2007», por lo que el presente volumen se presenta más como una confesión consentidamente íntima por parte del autor.. Reconoce «el Alcalde» que «he vivido con plenuitud y felicidad cada momento que he podido. Las amarguras también forman parte de la vida pero el balance se inclina hacia la felicidad: tener una compañera a lo largo de sesenta años, un hijo con medio siglo a la espalda y un regalo de la biología y de la naturaleza: una nieta. Un balance personal que yo califico como satisfactorio».. Con el prisma de esa satisfacción, Pérez Casado recuerda sus vivencias y dibuja a la vez la Valencia de una época pasada. Valencia y Náquera, su Náquera natal, homologable al resto de «Naqueras del País Valencià» en cuanto a una población «xiquets i adolescents» oprimidos por la dictadura.. Como un guiño de actualidad, comienzan sus recuerdos con «la ‘tronada’ y ‘barrancada’ de septiembre del 1949, con el tío Baltasar, padre e hijo, en la azotea de la casa de la calle Mayor, sintiendo el bramido del agua roja del barranco golpear los muros de la Forqueta y les Solsides, remolineando sobre los cañares y la huerta de Carme. Ruido ensordecedor, acompañado de los gemidos pausados del hermano acabado de nacer en la cuna».. Estas y otras historias conforman la primera parte de un libro de memorias que se divide en tres. Y es en la tercera donde encontramos la fotografía de una Valencia vivida y que ya no es. El recorrido por «la ciudad degustada: tabernas, bares y casas de comidas».. Bien es cierto que un comedido Pérez Casado advierte que «no formaba parte de mis hábitos frecuentar estos locales, ni por edad ni por posibles, como suele decirse, y también por cierta costumbre del padre, que al menos en el pueblo no solía ir».. Sin embargo, en su época universitaria, la cosa cambia, más empujado por sus amigos, que por él mismo: «El lugar de reunión era Los Pajaritos, en la calle de la Nave esquina con Comedias, y más tarde una calle más allá, a la esquina con la calle de Barcelona, más bien un callejón. El vino, que no me era desconocido por las costumbres rurales, era la bebida, y hablar todos a la vez, lo más habitual».. Y una confesión, de locales nocturnos que no todos han conocido: «Otra etapa, muy diferente, fue la del que se denominaría más tarde el ocio nocturno. En torno al barrio de Carme, en la Ciutat Vella, y los primeros cubatas; nunca me han satisfecho. Con un personaje insustituible de la memoria de aquellos años finales de los sesenta y comienzo de los setenta del siglo pasado: Toni Peix y su pandilla. Los locales, Capsa, todos sentados en tierra y escuchando Joan Baez».. También desgrana sus amistades y no amistades con los periodistas, y aunque tuvo a muchos de ellos como amigos, parece desquitarse con otros. Periodistas de renombre y directores que o han sido de Levante y Las Provincias.. No seré yo quien los descubra, mejor, para eso, leerse las memorias de un alcalde que comienza a ser más reivindicado que conocido.
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