Ya no hay vuelta atrás. Lo sabemos. La guerra de Oriente medio, está preparando el camino a un nuevo tipo de orden planificado, en beneficio de los poderosos de la tierra. Después de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, creíamos que nunca más afrontaríamos desastres parecidos. Pues no. Algo va mal, ciertamente. La codicia lo puede todo.. El éxito de la democracia de la posguerra, radicaba en el equilibrio entre la producción y la redistribución, regulada por el Estado. Con la globalización este equilibrio se ha roto. «El capital se ha hecho móvil.. La producción ha traspasado las fronteras nacionales y, por lo tanto, ha quedado fuera del ámbito de la redistribución estatal», asegura Dominique Strauss-Kahn. La caída del muro de Berlín y la derrota del comunismo, creímos que nos abriría una era de insospechada libertad.. Pura ingenuidad. Nos equivocamos, una vez más. Esa era de crecimiento y estabilidad sin precedentes, que auguraban algunos economistas y políticos, no se ha cumplido. Al contrario, desde noviembre de 1989, vivimos una constante sensación de inseguridad, populismo y conflictos internacionales.. «Necesitamos aprender a pensar de nuevo el Estado», Afirma Tony Judt. Hay algo erróneo en la forma en que vivimos. Algo fallido, que tiene mucho que ver con el estilo egoísta de la vida contemporánea, junto a la demagogia que lo acompaña.. Tenemos, por un lado, a la izquierda más radical, con su valoración crítica de los mercados no regulados y, por otro, el desprecio de la ultraderecha por el sector público. En el medio están los liberales, con su ensueño de un crecimiento infinito. Algo imposible de materializar.. Y así, tú por mí, la casa sin barrer. Los pobres, cada vez más pobres y, los ricos, cada vez más ricos. En las últimas décadas hemos hecho, de la búsqueda del beneficio material, principal virtud. Hasta tal punto que eso es todo lo que queda del que era nuestro mayor propósito: la legitimidad de lo público y la redistribución de la riqueza, como valores incuestionables de la Humanidad.. No nos equivoquemos: es la obscena rendición a los poderes del dinero, la que está provocando tantas y tantas desigualdades y sufrimiento. Los expertos en economía aseguraban que, una vez embridados los controles públicos sobre el mercado, la riqueza se multiplicaría ilimitadamente, en beneficio de todos. Mentira.. Cuanto más hay, menor es el bienestar de los que menos tienen. ¿Cómo podríamos enmendar el haber educado a varias generaciones, obsesionadas con la búsqueda de riqueza, e indiferentes a tantas otras realidades? No tengo la respuesta.. Pero pensar sólo en clave económica, como llevamos haciendo en los últimos 40 años, no es algo que facilite el vivir a los seres humanos. Hubo un tiempo en que organizábamos nuestras vidas de otra forma: buscábamos la fortaleza interior, mejorarnos y ser dueños de nosotros mismos. Ahora lo único que vale es la cuenta de resultados.. Las consecuencias, a la vista están: una Humanidad que sigue buscando la esencia del bien y el mal donde no está.
«Hubo un tiempo en que organizábamos nuestras vidas de otra forma: buscábamos la fortaleza interior, mejorarnos y ser dueños de nosotros mismos. Ahora lo único que vale es la cuenta de resultados»
Ya no hay vuelta atrás. Lo sabemos. La guerra de Oriente medio, está preparando el camino a un nuevo tipo de orden planificado, en beneficio de los poderosos de la tierra. Después de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, creíamos que nunca más afrontaríamos desastres parecidos. Pues no. Algo va mal, ciertamente. La codicia lo puede todo.. El éxito de la democracia de la posguerra, radicaba en el equilibrio entre la producción y la redistribución, regulada por el Estado. Con la globalización este equilibrio se ha roto. «El capital se ha hecho móvil.. La producción ha traspasado las fronteras nacionales y, por lo tanto, ha quedado fuera del ámbito de la redistribución estatal», asegura Dominique Strauss-Kahn. La caída del muro de Berlín y la derrota del comunismo, creímos que nos abriría una era de insospechada libertad.. Pura ingenuidad. Nos equivocamos, una vez más. Esa era de crecimiento y estabilidad sin precedentes, que auguraban algunos economistas y políticos, no se ha cumplido. Al contrario, desde noviembre de 1989, vivimos una constante sensación de inseguridad, populismo y conflictos internacionales.. «Necesitamos aprender a pensar de nuevo el Estado», Afirma Tony Judt. Hay algo erróneo en la forma en que vivimos. Algo fallido, que tiene mucho que ver con el estilo egoísta de la vida contemporánea, junto a la demagogia que lo acompaña.. Tenemos, por un lado, a la izquierda más radical, con su valoración crítica de los mercados no regulados y, por otro, el desprecio de la ultraderecha por el sector público. En el medio están los liberales, con su ensueño de un crecimiento infinito. Algo imposible de materializar.. Y así, tú por mí, la casa sin barrer. Los pobres, cada vez más pobres y, los ricos, cada vez más ricos. En las últimas décadas hemos hecho, de la búsqueda del beneficio material, principal virtud. Hasta tal punto que eso es todo lo que queda del que era nuestro mayor propósito: la legitimidad de lo público y la redistribución de la riqueza, como valores incuestionables de la Humanidad.. No nos equivoquemos: es la obscena rendición a los poderes del dinero, la que está provocando tantas y tantas desigualdades y sufrimiento. Los expertos en economía aseguraban que, una vez embridados los controles públicos sobre el mercado, la riqueza se multiplicaría ilimitadamente, en beneficio de todos. Mentira.. Cuanto más hay, menor es el bienestar de los que menos tienen. ¿Cómo podríamos enmendar el haber educado a varias generaciones, obsesionadas con la búsqueda de riqueza, e indiferentes a tantas otras realidades? No tengo la respuesta.. Pero pensar sólo en clave económica, como llevamos haciendo en los últimos 40 años, no es algo que facilite el vivir a los seres humanos. Hubo un tiempo en que organizábamos nuestras vidas de otra forma: buscábamos la fortaleza interior, mejorarnos y ser dueños de nosotros mismos. Ahora lo único que vale es la cuenta de resultados.. Las consecuencias, a la vista están: una Humanidad que sigue buscando la esencia del bien y el mal donde no está.
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