Cuando el 8 de mayo de 2025, Robert Prevost se dirigió por primera vez al mundo revestido de blanco, como León XIV, más allá de su emoción contenida, su timidez manifiesta y su guiño en un español gringo de aires misioneros, algo resonó en cuanto le escuchaban. Su llamamiento por alcanzar «una paz desarmada y desarmante». Hoy, en el primer acto de su primera Semana Santa como Pontífice en la Plaza de San Pedro, aquella plegaria se convirtió en clamor. La paz vertebró la homilía que pronunció en la misa de Domingo de Ramos, la eucaristía en la que se conmemora la entrada triunfal de Jesús de Nazaret en Jerusalén a lomos de un pollino, símbolo de mansedumbre.. «Cristo, Rey de la paz, sigue clamando desde su cruz: ¡Dios es amor! ¡Tengan piedad! ¡Depongan las armas, recuerden que son hermanos!», exclamó el Papa norteamericano mientras el conflicto en Irán auspiciado por su compatriota Donald Trump se recrudece, la guerra de Ucrania se cronifica y otro medio centenar de conflictos bélicos abiertos más o menos silenciados repartidos por todo el planeta. Desde el epicentro del catolicismo, León XIV insistió una y otra vez en presentar a Cristo como «Rey de la paz» mientras «se prepara la guerra» y «los demás se agitan en la violencia». Le escuchaban cerca de 40.000 personas que llenaban la plaza, que siguieron este estreno papal desde que a las diez de la mañana comenzó la tradicional procesión que se inició en el Brazo de Constantino de la Columnata de Bernini al altar. A León XIV le acompañaban un nutrido grupo de peregrinos que portaban 120 palmas, a las que se sumaban las 120.000 ramas de olivo que se repartieron por todo el lugar.. «Como Rey de la paz, Jesús quiere reconciliar al mundo en el abrazo del Padre y derribar todos los muros que nos separan de Dios y del prójimo», explicó Prevost en una alocución en la que le reivindicó como «luz del mundo» y «caricia para la humanidad». «No se armó, no se defendió, no libró ninguna guerra», planteó el Papa.. Esta reflexión le valió a León XIV como base para desvincular una vez más cualquier acto bélico con la religión. Para el Papa, Dios «siempre rechaza la violencia» y se deja «clavar en la cruz, para abrazar todas las cruces erigidas en todos los tiempos y lugares de la historia de la humanidad». Por ello, explicitó que «nadie puede utilizar» a Dios para «justificar el enfrentamiento». Una nueva indirecta papal que lo mismo podría ser un dardo para los regímenes teocráticos islámicos como el iraní que a los pastores evangélicos que hace unas semanas bendecían la incursión militar estadounidenses desde el despacho oval de la Casa Blanca.. Con este punto de partida, el Papa quiso poner en primer plano «el gemido de dolor de cada uno de los que están oprimidos por la violencia y de cada víctima de la guerra», además de rezar por otras «heridas» de la humanidad, esto es, «el llanto de quienes están abatidos, de quienes carecen de esperanza, de quienes están enfermos, de quienes están solos»,. León XIV remató su homilía citando a Tonino Bello. No se trata de una referencia cualquier en tanto que este obispo fue un referente del pacifismo en Italia en el siglo XX, que se opuso con firmeza a la guerra del Golfo. Por ello, evocarle en plena inestabilidad en Oriente Medio, supone algo más que un recado papal. Con Bello como mentor para cerrar su primer mensaje de esta Semana Santa, Robert Prevost, pronunció, en tono poético a modo de anhelo, esta oración mariana del prelado fallecido: «Que las injusticias de los pueblos tienen los días contados, que los resplandores de las guerras se están reduciendo a luces crepusculares, que los sufrimientos de los pobres han llegado a sus últimos alientos».. Los recados implícitos de la homilía se volverían más concretos al finalizar la misa, cuando tuvo lugar el rezo del ángelus. En su intervención, quiso mostrarse «más cerca que nunca, de los cristianos de Oriente Medio que sufren las consecuencias de un conflicto atroz y, en muchos casos, no pueden vivir plenamente los ritos de estos días santos». Y aterrizó todavía más, haciendo suyo el drama que están viviendo los trabajadores de los cargueros que intentan atravesar el Estrecho de Ormuz: «Encomiendo al Señor a todos los marineros víctimas de la guerra: rezo por los difuntos, por los heridos y por sus familiares». «¡La tierra, el cielo y el mar han sido creados para la vida y para la paz!», destacó el Santo Padre. «Precisamente, mientras la Iglesia contempla el misterio de la Pasión del Señor, no podemos olvidar a quienes hoy participan de manera real en su sufrimiento», añadió.
Robert Prevost arranca su primera Semana Santa como Papa, con la misa del Domingo de Ramos que convierte en un grito a favor de la paz
Cuando el 8 de mayo de 2025, Robert Prevost se dirigió por primera vez al mundo revestido de blanco, como León XIV, más allá de su emoción contenida, su timidez manifiesta y su guiño en un español gringo de aires misioneros, algo resonó en cuanto le escuchaban. Su llamamiento por alcanzar «una paz desarmada y desarmante». Hoy, en el primer acto de su primera Semana Santa como Pontífice en la Plaza de San Pedro, aquella plegaria se convirtió en clamor. La paz vertebró la homilía que pronunció en la misa de Domingo de Ramos, la eucaristía en la que se conmemora la entrada triunfal de Jesús de Nazaret en Jerusalén a lomos de un pollino, símbolo de mansedumbre.. «Cristo, Rey de la paz, sigue clamando desde su cruz: ¡Dios es amor! ¡Tengan piedad! ¡Depongan las armas, recuerden que son hermanos!», exclamó el Papa norteamericano mientras el conflicto en Irán auspiciado por su compatriota Donald Trump se recrudece, la guerra de Ucrania se cronifica y otro medio centenar de conflictos bélicos abiertos más o menos silenciados repartidos por todo el planeta. Desde el epicentro del catolicismo, León XIV insistió una y otra vez en presentar a Cristo como «Rey de la paz» mientras «se prepara la guerra» y «los demás se agitan en la violencia». Le escuchaban cerca de 40.000 personas que llenaban la plaza, que siguieron este estreno papal desde que a las diez de la mañana comenzó la tradicional procesión que se inició en el Brazo de Constantino de la Columnata de Bernini al altar. A León XIV le acompañaban un nutrido grupo de peregrinos que portaban 120 palmas, a las que se sumaban las 120.000 ramas de olivo que se repartieron por todo el lugar.. «Como Rey de la paz, Jesús quiere reconciliar al mundo en el abrazo del Padre y derribar todos los muros que nos separan de Dios y del prójimo», explicó Prevost en una alocución en la que le reivindicó como «luz del mundo» y «caricia para la humanidad». «No se armó, no se defendió, no libró ninguna guerra», planteó el Papa.. Esta reflexión le valió a León XIV como base para desvincular una vez más cualquier acto bélico con la religión. Para el Papa, Dios «siempre rechaza la violencia» y se deja «clavar en la cruz, para abrazar todas las cruces erigidas en todos los tiempos y lugares de la historia de la humanidad». Por ello, explicitó que «nadie puede utilizar» a Dios para «justificar el enfrentamiento». Una nueva indirecta papal que lo mismo podría ser un dardo para los regímenes teocráticos islámicos como el iraní que a los pastores evangélicos que hace unas semanas bendecían la incursión militar estadounidenses desde el despacho oval de la Casa Blanca.. Con este punto de partida, el Papa quiso poner en primer plano «el gemido de dolor de cada uno de los que están oprimidos por la violencia y de cada víctima de la guerra», además de rezar por otras «heridas» de la humanidad, esto es, «el llanto de quienes están abatidos, de quienes carecen de esperanza, de quienes están enfermos, de quienes están solos»,. León XIV remató su homilía citando a Tonino Bello. No se trata de una referencia cualquier en tanto que este obispo fue un referente del pacifismo en Italia en el siglo XX, que se opuso con firmeza a la guerra del Golfo. Por ello, evocarle en plena inestabilidad en Oriente Medio, supone algo más que un recado papal. Con Bello como mentor para cerrar su primer mensaje de esta Semana Santa, Robert Prevost, pronunció, en tono poético a modo de anhelo, esta oración mariana del prelado fallecido: «Que las injusticias de los pueblos tienen los días contados, que los resplandores de las guerras se están reduciendo a luces crepusculares, que los sufrimientos de los pobres han llegado a sus últimos alientos».. Los recados implícitos de la homilía se volverían más concretos al finalizar la misa, cuando tuvo lugar el rezo del ángelus. En su intervención, quiso mostrarse «más cerca que nunca, de los cristianos de Oriente Medio que sufren las consecuencias de un conflicto atroz y, en muchos casos, no pueden vivir plenamente los ritos de estos días santos». Y aterrizó todavía más, haciendo suyo el drama que están viviendo los trabajadores de los cargueros que intentan atravesar el Estrecho de Ormuz: «Encomiendo al Señor a todos los marineros víctimas de la guerra: rezo por los difuntos, por los heridos y por sus familiares». «¡La tierra, el cielo y el mar han sido creados para la vida y para la paz!», destacó el Santo Padre. «Precisamente, mientras la Iglesia contempla el misterio de la Pasión del Señor, no podemos olvidar a quienes hoy participan de manera real en su sufrimiento», añadió.
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