Envejecer tiene algo de paradoja tecnológica. Vivimos rodeados de dispositivos capaces de medir el sueño, contar pasos o detectar arritmias en tiempo real, pero una de las acciones más básicas, como tomar una pastilla a la hora correcta, sigue fallando con una frecuencia inquietante.. No es un detalle menor. Según datos de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, la mitad de las personas mayores que viven solas no siguen correctamente su tratamiento. Y ese error, repetido día tras día, tiene consecuencias acumulativas: puede aumentar el riesgo de mortalidad hasta en un 40%, según concluye un estudio realizado en más de un millón de voluntarios mayores de 65 años.. La respuesta habitual a este problema ha sido añadir más tecnología. Aplicaciones, recordatorios, dispositivos conectados. Pero hay un lugar donde esa lógica se rompe: la llamada España vaciada, donde la conectividad no está garantizada y donde, precisamente, vive una parte significativa de esa población vulnerable. Y una parte significativa es mucha. Un estudio del CSIC señala que aproximadamente el 72% de los casi 10 millones de personas mayores de 65 años residen fuera de las grandes ciudades, concentrándose un gran volumen en zonas rurales o de baja densidad demográfica. Aunque no hay una cifra única, más de un millón de personas mayores residen en municipios rurales de la mencionada España vaciada.. Para resolver esto un equipo de expertos de Servier, Aritium y VML Health, propone algo que resulta casi contraintuitivo en pleno auge digital: un sistema inteligente que funciona sin WiFi ni tarjetas SIM. Y, sin embargo, funciona, Pill Guardian.. La clave está en cómo se comunica. En lugar de depender de internet, utiliza una tecnología llamada LoRaWAN, un tipo de transmisión de largo alcance y bajo consumo que puede viajar kilómetros utilizando infraestructuras ya existentes, como antenas de radio repartidas por el territorio. La señal o el mensaje se envía y todas las estaciones que lo repiten, lo envían a destino. Es, en cierto modo, una vuelta a lo esencial: menos datos, más alcance.. Desde el punto de vista científico y tecnológico, esto es interesante porque plantea una idea que a menudo se pasa por alto. La innovación no siempre consiste en añadir capas de complejidad, sino en adaptar la tecnología al contexto físico y social donde va a operar. Aquí, la limitación, la falta de conectividad, no solo no se evita, sino que se incorpora al diseño.. El resultado es un sistema que hace algo aparentemente sencillo: detectar si una persona ha tomado su medicación y, en caso contrario, avisar a un cuidador o contacto. Pero detrás de ese gesto hay varias capas de ingeniería. Por un lado, el diseño del propio pastillero, optimizado para organizar tratamientos semanales, introduce una estructura física que reduce el error humano. Es ergonomía aplicada a la salud: hacer que lo correcto sea lo más fácil.. Por otro, el sistema de comunicación transforma una acción local (abrir o no un compartimento en este caso) en información remota. Esa traducción, que hoy damos por hecha en dispositivos conectados, aquí ocurre en condiciones mucho más adversas, con señales débiles y entornos dispersos.. Y finalmente, está el factor más difícil de cuantificar: el comportamiento humano. Tomar una medicación no es solo recordar una tarea. Implica hábitos, rutinas, estados de ánimo, incluso la percepción de estar acompañado o no. En ese sentido, Pill Guardian no actúa solo como un dispositivo de control, sino como un sistema de vínculo. Al notificar a familiares o cuidadores, introduce una forma de presencia a distancia. No sustituye al cuidado, pero lo amplifica.. En un entorno urbano, donde todo está conectado, el problema puede parecer trivial. Pero en un pequeño municipio aislado, donde la cobertura es irregular y los recursos limitados, la ecuación cambia. Allí, cada olvido cuenta más. Así, el objetivo final es que lo que conocemos como la España vaciada no se convierta, también, en la olvidada.
La tecnología resuelve un gran problema de la España vaciada, donde según el CSIC viven más de un millón de personas mayores de 65 años.
Envejecer tiene algo de paradoja tecnológica. Vivimos rodeados de dispositivos capaces de medir el sueño, contar pasos o detectar arritmias en tiempo real, pero una de las acciones más básicas, como tomar una pastilla a la hora correcta, sigue fallando con una frecuencia inquietante.. No es un detalle menor. Según datos de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, la mitad de las personas mayores que viven solas no siguen correctamente su tratamiento. Y ese error, repetido día tras día, tiene consecuencias acumulativas: puede aumentar el riesgo de mortalidad hasta en un 40%, según concluye un estudiorealizado en más de un millón de voluntarios mayores de 65 años.. La respuesta habitual a este problema ha sido añadir más tecnología. Aplicaciones, recordatorios, dispositivos conectados. Pero hay un lugar donde esa lógica se rompe: la llamada España vaciada, donde la conectividad no está garantizada y donde, precisamente, vive una parte significativa de esa población vulnerable. Y una parte significativa es mucha. Un estudio del CSIC señala que aproximadamente el 72% de los casi 10 millones de personas mayores de 65 años residen fuera de las grandes ciudades, concentrándose un gran volumen en zonas rurales o de baja densidad demográfica. Aunque no hay una cifra única, más de un millón de personas mayores residen en municipios rurales de la mencionada España vaciada.. Para resolver esto un equipo de expertos de Servier, Aritium y VML Health, propone algo que resulta casi contraintuitivo en pleno auge digital: un sistema inteligente que funciona sin WiFi ni tarjetas SIM. Y, sin embargo, funciona, Pill Guardian.. La clave está en cómo se comunica. En lugar de depender de internet, utiliza una tecnología llamada LoRaWAN, un tipo de transmisión de largo alcance y bajo consumo que puede viajar kilómetros utilizando infraestructuras ya existentes, como antenas de radio repartidas por el territorio. La señal o el mensaje se envía y todas las estaciones que lo repiten, lo envían a destino. Es, en cierto modo, una vuelta a lo esencial: menos datos, más alcance.. Desde el punto de vista científico y tecnológico, esto es interesante porque plantea una idea que a menudo se pasa por alto. La innovación no siempre consiste en añadir capas de complejidad, sino en adaptar la tecnología al contexto físico y social donde va a operar. Aquí, la limitación, la falta de conectividad, no solo no se evita, sino que se incorpora al diseño.. El resultado es un sistema que hace algo aparentemente sencillo: detectar si una persona ha tomado su medicación y, en caso contrario, avisar a un cuidador o contacto. Pero detrás de ese gesto hay varias capas de ingeniería. Por un lado, el diseño del propio pastillero, optimizado para organizar tratamientos semanales, introduce una estructura física que reduce el error humano. Es ergonomía aplicada a la salud: hacer que lo correcto sea lo más fácil.. Por otro, el sistema de comunicación transforma una acción local (abrir o no un compartimento en este caso) en información remota. Esa traducción, que hoy damos por hecha en dispositivos conectados, aquí ocurre en condiciones mucho más adversas, con señales débiles y entornos dispersos.. Y finalmente, está el factor más difícil de cuantificar: el comportamiento humano. Tomar una medicación no es solo recordar una tarea. Implica hábitos, rutinas, estados de ánimo, incluso la percepción de estar acompañado o no. En ese sentido, Pill Guardian no actúa solo como un dispositivo de control, sino como un sistema de vínculo. Al notificar a familiares o cuidadores, introduce una forma de presencia a distancia. No sustituye al cuidado, pero lo amplifica.. En un entorno urbano, donde todo está conectado, el problema puede parecer trivial. Pero en un pequeño municipio aislado, donde la cobertura es irregular y los recursos limitados, la ecuación cambia. Allí, cada olvido cuenta más.Así, el objetivo final es que lo que conocemos como la España vaciada no se convierta, también, en la olvidada.
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