Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) ha abierto un nuevo frente político en Barcelona con una propuesta que, lejos de generar consenso, ha desatado una intensa polémica tanto dentro como fuera del partido. En un contexto marcado por la competencia con formaciones como Aliança Catalana y el desgaste del bloque independentista, la dirección republicana parece haber optado por endurecer su discurso en cuestiones como el modelo de ciudad y la seguridad.. El cambio de tono es significativo. La formación que durante años defendió postulados como el “volem acollir” o restó importancia a determinados conflictos, ahora pone el foco en el impacto de ciertos fenómenos urbanos sobre la vida cotidiana. Entre ellos, la proliferación de determinados tipos de comercios y su influencia en el tejido social de los barrios.. En este giro se enmarca la propuesta de Elisenda Alamany, número dos de Oriol Junqueras y candidata en Barcelona. En un vídeo difundido durante la precampaña, Alamany plantea como primera medida la prohibición de nuevas licencias para tiendas abiertas las 24 horas y establecimientos orientados al turismo, como los negocios de souvenirs. Según su planteamiento, este tipo de locales no responden a las necesidades de los vecinos y contribuyen a la desaparición del comercio de proximidad.. La dirigente republicana enmarca su propuesta en la idea de frenar lo que denomina un “reemplazo comercial”, es decir, la sustitución progresiva del comercio tradicional por negocios de otro perfil. Una expresión que, sin embargo, ha sido el detonante de la controversia. Más allá de la polémica política, el debate conecta con una preocupación creciente en Barcelona: la transformación de su modelo comercial. La ciudad, históricamente reconocida por su vida de barrio, su comercio de proximidad y su tejido artesanal, vive desde hace años una mutación acelerada. En muchas zonas, los negocios tradicionales —tiendas familiares, bares de tapas, pequeños talleres o comercios manufactureros— han ido dejando paso a establecimientos orientados al turismo o a nuevas formas de consumo.. En este contexto, se multiplican los supermercados abiertos 24 horas, las tiendas de souvenirs o los locales de comida rápida y de influencia internacional, en ocasiones regentados por comunidades inmigrantes. Para algunos sectores, esta evolución responde a la lógica económica de una ciudad global y turística; para otros, supone una pérdida progresiva de identidad y de vida vecinal.. Las críticas no se hicieron esperar. Desde dentro de ERC, el exdiputado Rubén Wagensberg ha acusado a Alamany de emplear un lenguaje propio de la extrema derecha, al considerar que ese término recuerda a teorías como la del “gran reemplazo”. En su opinión, este tipo de discursos alimentan marcos ideológicos ajenos a la tradición del partido y pueden tener consecuencias negativas en la convivencia.. Wagensberg también ha cuestionado las formas utilizadas en el vídeo, reprochando a su excompañera que señalara directamente a determinados comercios cámara en mano, algo que, a su juicio, podría generar estigmatización o incluso comportamientos incívicos contra estos negocios. En ese sentido, ha sugerido que, si se quiere denunciar el impacto económico sobre la ciudad, se ponga el foco en grandes actores como Amazon o Inditex.. A las críticas internas se han sumado voces externas, como la diputada de la CUP Laure Vega, que ha pedido la retirada del vídeo y ha advertido del peligro de utilizar conceptos asociados a discursos xenófobos. Según estas posiciones, la propuesta no solo es desacertada, sino que puede contribuir a señalar a colectivos concretos.
La formación republicana enmarca su propuesta en la idea de frenar lo que denomina un “reemplazo comercial”
Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) ha abierto un nuevo frente político en Barcelona con una propuesta que, lejos de generar consenso, ha desatado una intensa polémica tanto dentro como fuera del partido. En un contexto marcado por la competencia con formaciones como Aliança Catalana y el desgaste del bloque independentista, la dirección republicana parece haber optado por endurecer su discurso en cuestiones como el modelo de ciudad y la seguridad.. El cambio de tono es significativo. La formación que durante años defendió postulados como el “volem acollir” o restó importancia a determinados conflictos, ahora pone el foco en el impacto de ciertos fenómenos urbanos sobre la vida cotidiana. Entre ellos, la proliferación de determinados tipos de comercios y su influencia en el tejido social de los barrios.. En este giro se enmarca la propuesta de Elisenda Alamany, número dos de Oriol Junqueras y candidata en Barcelona. En un vídeo difundido durante la precampaña, Alamany plantea como primera medida la prohibición de nuevas licencias para tiendas abiertas las 24 horasy establecimientos orientados al turismo, como los negocios de souvenirs. Según su planteamiento, este tipo de locales no responden a las necesidades de los vecinos y contribuyen a la desaparición del comercio de proximidad.. La dirigente republicana enmarca su propuesta en la idea de frenar lo que denomina un “reemplazo comercial”, es decir, la sustitución progresiva del comercio tradicional por negocios de otro perfil. Una expresión que, sin embargo, ha sido el detonante de la controversia. Más allá de la polémica política, el debate conecta con una preocupación creciente en Barcelona: la transformación de su modelo comercial. La ciudad, históricamente reconocida por su vida de barrio, su comercio de proximidad y su tejido artesanal, vive desde hace años una mutación acelerada. En muchas zonas, los negocios tradicionales —tiendas familiares, bares de tapas, pequeños talleres o comercios manufactureros— han ido dejando paso a establecimientos orientados al turismo o a nuevas formas de consumo.. En este contexto, se multiplican los supermercados abiertos 24 horas, las tiendas de souvenirs o los locales de comida rápida y de influencia internacional, en ocasiones regentados por comunidades inmigrantes. Para algunos sectores, esta evolución responde a la lógica económica de una ciudad global y turística; para otros, supone una pérdida progresiva de identidad y de vida vecinal.. Las críticas no se hicieron esperar. Desde dentro de ERC, el exdiputado Rubén Wagensberg ha acusado a Alamany de emplear un lenguaje propio de la extrema derecha, al considerar que ese término recuerda a teorías como la del “gran reemplazo”. En su opinión, este tipo de discursos alimentan marcos ideológicos ajenos a la tradición del partido y pueden tener consecuencias negativas en la convivencia.. Wagensberg también ha cuestionado las formas utilizadas en el vídeo, reprochando a su excompañera que señalara directamente a determinados comercios cámara en mano, algo que, a su juicio, podría generar estigmatización o incluso comportamientos incívicos contra estos negocios. En ese sentido, ha sugerido que, si se quiere denunciar el impacto económico sobre la ciudad, se ponga el foco en grandes actores como Amazon o Inditex.. A las críticas internas se han sumado voces externas, como la diputada de la CUP Laure Vega, que ha pedido la retirada del vídeo y ha advertido del peligro de utilizar conceptos asociados a discursos xenófobos. Según estas posiciones, la propuesta no solo es desacertada, sino que puede contribuir a señalar a colectivos concretos.
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