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  Sociedad  Adrien Candiard: «Si queremos ser Dios, primero tenemos que ser humanos»
Sociedad

Adrien Candiard: «Si queremos ser Dios, primero tenemos que ser humanos»

8 de marzo de 2026
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Adrien Candiard (París, 1982) es el teólogo más reconocido y reconocible en Francia hoy en lo que a espiritualidad se refiere, además de ser licenciado en Ciencias Políticas e Historia. Desde hace diez años este fraile de la Orden de Predicadores es profesor e investigador del Instituto Dominicano de Estudios Orientales en El Cairo, convirtiéndose también en una referencia en la reflexión sobre el diálogo y las fronteras entre religiones y culturas, con el Islam de fondo. En estos días ha viajado a Madrid para presentar su libro «En la montaña. La aspereza y la gracia» (Encuentro), en el que plantea una relectura actual de las bienaventuranzas.. ¿Son una utopía que desalienta a quien intenta cumplirlas?. El sermón de la montaña de Jesús empieza con este famoso discurso de las bienaventuranzas, que es solo el inicio de un discurso sobre las exigencias de la vida cristiana. Y empieza quizá con lo más exigente. Pero Jesús nos dice al final que no vale nada si no lo practicamos. No lo podemos leer como un ideal lejos de nuestra vida. Si lo leemos así, no vale nada, según las palabras de Jesús. Tenemos que entender cómo hacer entrar estas exigencias en nuestra vida concreta. Y este pequeño libro trata de entender cómo tenemos que leer los mandamientos de Jesús: no como los mandamientos del Antiguo Testamento, sino como coordenadas a seguir y no como prescripciones que debemos obedecer. Lo importante es no olvidar que, en la vida cristiana, las exigencias del Evangelio, que son reales, no son condiciones para ser amados por Dios, sino el resultado de este amor de Dios, que es el inicio y el principio de nuestra vida cristiana.. ¿Qué bienaventuranza le recomendaría a Donald Trump para que se la aplicara?. No conozco personalmente a Donald Trump y no sé cómo le podría hablar. Pero me parece que «Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados» sería interesante en este mundo donde se tiene miedo de la vulnerabilidad. Como cristianos sabemos que la vulnerabilidad es el principio de la vida con Dios.. Ser discípulo de Jesús hoy y ayer exige un seguimiento radical. Sin embargo, el concepto de radical hay quien lo está confundiendo con fundamentalismo dentro de la Iglesia. ¿Cómo se cura ese virus?. La radicalidad es un concepto importante que significa hacer las cosas completamente, al cien por cien. Y es importante distinguirlo del fanatismo, que es muy distinto. Los fanáticos no son los que toman la religión seriamente, es lo contrario. Podemos ofrecer, sobre todo a los jóvenes que quieren una vida radical, una radicalidad más cristiana que la de la violencia o la del fanatismo religioso. Una radicalidad que es la de san Francisco de Asís. Él era claramente radical y no era violento. La radicalidad cristiana es una radicalidad espiritual, personal, mucho más profunda que la de los fanatismos.. Francia parece estar viviendo un resurgir del cristianismo con vuelta a la fe de adultos y de jóvenes. ¿De dónde viene esa oleada de espiritualidad?. Las peticiones de bautismo por parte de adultos y jóvenes aumentan mucho, pero la cifra de los bautismos de niños sigue decreciendo. Lo primero no compensa a lo segundo, es decir, la secularización sigue adelante. No sabemos mucho de esta oleada de fe. Lo llamativo es que no lo ha planeado nadie. No es el resultado de una voluntad de los obispos ni de un movimiento organizado, lo que puede hacer pensar que viene del Espíritu Santo. Ocurrió exactamente cuando los obispos de Francia pidieron perdón por los abusos sexuales, con una comisión independiente y un trabajo muy serio sobre la materia, en un momento en el cual la imagen mediática de la Iglesia estaba muy deteriorada.. ¿Cuál es el sentido místico de este movimiento?. Es muy temprano para decirlo. No sabemos si va a aumentar. Pero coincide –no en forma de rivalidad– con la presencia del islam en Europa y en Francia, que hace que muchas personas se planteen preguntas sobre su propia espiritualidad. Estamos ante un contexto nuevo que ayuda a pensar de otro modo, lejos de las viejas luchas entre laicismo y catolicismo, donde los jóvenes pueden hacerse preguntas con más libertad. La pregunta es cómo, desde la Iglesia, podemos acoger a esas personas, qué proponemos de Jesucristo, qué proponemos de Dios.. Francia también es la cuna de los lefebvrianos, que acaban de lanzar un órdago cismático al Papa. ¿Cree que se podrá frenar?. Soy especialista en este movimiento y creo que no debemos asustarnos. Son muy ruidosos. El cisma, en su historia, no es un accidente, sino algo que forma parte de la esencia de este grupo. Ya en 1988 tuvo lugar la excomunión por parte de Juan Pablo II al fundador y a los obispos que ordenó por su cuenta. Ahora plantean algo similar porque necesitan más obispos. El diálogo que han tenido con los Papas Benedicto XVI y Francisco, que incluso les concedió el reconocimiento de la validez del sacramento de la confesión, no ha creado una verdadera reconciliación, porque no quieren la unidad con la Iglesia. Se creen mejores que el Papa para definir qué es la Iglesia católica. Y no se puede discutir con gente que no reconoce que un concilio ecuménico como el Vaticano II forma parte de la tradición de la Iglesia. También es importante recordar que el argumento litúrgico de este movimiento es estratégico. En su momento, el fundador de este movimiento, Marcel Lefebvre, votó la constitución «Sacrosanctum Concilium» del Concilio Vaticano II sobre la liturgia. Utilizó la liturgia para atraer fieles. Su verdadero problema es con el diálogo ecuménico y con la libertad religiosa. Al final, han reunido seguidores de buena voluntad que a veces no han entendido bien el trasfondo de esta aventura cismática.. En su obra llama a descubrir lo esencial. ¿Cómo distinguir el valor de la tradición de la rigidez del tradicionalismo?. La tradición de la Iglesia es un cuerpo vivo. En ella hay evolución, no por el simple placer de cambiar, sino porque la vida es una evolución constante en el diálogo entre Dios y el mundo. La tradición de la Iglesia siempre ha seguido el movimiento del Espíritu Santo en la historia. No se puede identificar un momento concreto de la historia como el punto máximo de la Iglesia y afirmar que nada puede cambiar después: ni la Iglesia de Trento, ni la de los Padres de la Iglesia, ni la del Concilio Vaticano II. Si la Iglesia está viva y escucha al Espíritu, entonces la tradición significa evolución. No una oposición a la tradición, sino una evolución dentro de ella.. ¿Está sabiendo aprovechar la Iglesia dicha búsqueda del hombre y de la mujer de hoy o anda un poco despistada, entretenida en otras batallas?. ¿De qué hablamos cuando hablamos de la Iglesia? La Iglesia está formada por millones de creyentes, y espero que muchos de ellos estén haciendo este trabajo. Si el Vaticano como organización se ocupa siempre de las prioridades, no lo sé. Pero la mayor parte del trabajo de la Iglesia no se hace en las oficinas del Vaticano.. Tanto Francisco como León XIV han alertado de quedarse en una «montaña» pseudoespiritual que se traduce en una fe desencarnada, sin compromiso social.. ¿Cómo evitar ese misticismo deshumanizado?. Leyendo el Evangelio. El Evangelio no es un manual de mística, sino un manual de encarnación. Nos muestra que el camino de nuestra divinización es el camino de la humanización de Cristo. Si queremos ser Dios, como Jesús nos promete, primero tenemos que aprender a ser verdaderamente humanos.

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Este religioso francés cuarentañero de la Orden de Predicadores se ha convertido en «best seller» en materia de espirtualidad y diálogo interreligioso en la vieja Europa

  

Adrien Candiard (París, 1982) es el teólogo más reconocido y reconocible en Francia hoy en lo que a espiritualidad se refiere, además de ser licenciado en Ciencias Políticas e Historia. Desde hace diez años este fraile de la Orden de Predicadores es profesor e investigador del Instituto Dominicano de Estudios Orientales en El Cairo, convirtiéndose también en una referencia en la reflexión sobre el diálogo y las fronteras entre religiones y culturas, con el Islam de fondo. En estos días ha viajado a Madrid para presentar su libro «En la montaña. La aspereza y la gracia» (Encuentro), en el que plantea una relectura actual de las bienaventuranzas.. ¿Son una utopía que desalienta a quien intenta cumplirlas?. El sermón de la montaña de Jesús empieza con este famoso discurso de las bienaventuranzas, que es solo el inicio de un discurso sobre las exigencias de la vida cristiana. Y empieza quizá con lo más exigente. Pero Jesús nos dice al final que no vale nada si no lo practicamos. No lo podemos leer como un ideal lejos de nuestra vida. Si lo leemos así, no vale nada, según las palabras de Jesús. Tenemos que entender cómo hacer entrar estas exigencias en nuestra vida concreta. Y este pequeño libro trata de entender cómo tenemos que leer los mandamientos de Jesús: no como los mandamientos del Antiguo Testamento, sino como coordenadas a seguir y no como prescripciones que debemos obedecer. Lo importante es no olvidar que, en la vida cristiana, las exigencias del Evangelio, que son reales, no son condiciones para ser amados por Dios, sino el resultado de este amor de Dios, que es el inicio y el principio de nuestra vida cristiana.. ¿Qué bienaventuranza le recomendaría a Donald Trump para que se la aplicara?. No conozco personalmente a Donald Trump y no sé cómo le podría hablar. Pero me parece que «Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados» sería interesante en este mundo donde se tiene miedo de la vulnerabilidad. Como cristianos sabemos que la vulnerabilidad es el principio de la vida con Dios.. Ser discípulo de Jesús hoy y ayer exige un seguimiento radical. Sin embargo, el concepto de radical hay quien lo está confundiendo con fundamentalismo dentro de la Iglesia.¿Cómo se cura ese virus?. La radicalidad es un concepto importante que significa hacer las cosas completamente, al cien por cien. Y es importante distinguirlo del fanatismo, que es muy distinto. Los fanáticos no son los que toman la religión seriamente, es lo contrario. Podemos ofrecer, sobre todo a los jóvenes que quieren una vida radical, una radicalidad más cristiana que la de la violencia o la del fanatismo religioso. Una radicalidad que es la de san Francisco de Asís. Él era claramente radical y no era violento. La radicalidad cristiana es una radicalidad espiritual, personal, mucho más profunda que la de los fanatismos.. Francia parece estar viviendo un resurgir del cristianismo con vuelta a la fe de adultos y de jóvenes. ¿De dónde viene esa oleada de espiritualidad?. Las peticiones de bautismo por parte de adultos y jóvenes aumentan mucho, pero la cifra de los bautismos de niños sigue decreciendo. Lo primero no compensa a lo segundo, es decir, la secularización sigue adelante. No sabemos mucho de esta oleada de fe. Lo llamativo es que no lo ha planeado nadie. No es el resultado de una voluntad de los obispos ni de un movimiento organizado, lo que puede hacer pensar que viene del Espíritu Santo. Ocurrió exactamente cuando los obispos de Francia pidieron perdón por los abusos sexuales, con una comisión independiente y un trabajo muy serio sobre la materia, en un momento en el cual la imagen mediática de la Iglesia estaba muy deteriorada.. ¿Cuál es el sentido místico de este movimiento?. Es muy temprano para decirlo. No sabemos si va a aumentar. Pero coincide –no en forma de rivalidad– con la presencia del islam en Europa y en Francia, que hace que muchas personas se planteen preguntas sobre su propia espiritualidad. Estamos ante un contexto nuevo que ayuda a pensar de otro modo, lejos de las viejas luchas entre laicismo y catolicismo, donde los jóvenes pueden hacerse preguntas con más libertad. La pregunta es cómo, desde la Iglesia, podemos acoger a esas personas, qué proponemos de Jesucristo, qué proponemos de Dios.. Francia también es la cuna de los lefebvrianos, que acaban de lanzar un órdago cismático al Papa. ¿Cree que se podrá frenar?. Soy especialista en este movimiento y creo que no debemos asustarnos. Son muy ruidosos. El cisma, en su historia, no es un accidente, sino algo que forma parte de la esencia de este grupo. Ya en 1988 tuvo lugar la excomunión por parte de Juan Pablo II al fundador y a los obispos que ordenó por su cuenta. Ahora plantean algo similar porque necesitan más obispos. El diálogo que han tenido con los Papas Benedicto XVI y Francisco, que incluso les concedió el reconocimiento de la validez del sacramento de la confesión, no ha creado una verdadera reconciliación, porque no quieren la unidad con la Iglesia. Se creen mejores que el Papa para definir qué es la Iglesia católica. Y no se puede discutir con gente que no reconoce que un concilio ecuménico como el Vaticano II forma parte de la tradición de la Iglesia. También es importante recordar que el argumento litúrgico de este movimiento es estratégico. En su momento, el fundador de este movimiento, Marcel Lefebvre, votó la constitución «Sacrosanctum Concilium» del Concilio Vaticano II sobre la liturgia. Utilizó la liturgia para atraer fieles. Su verdadero problema es con el diálogo ecuménico y con la libertad religiosa. Al final, han reunido seguidores de buena voluntad que a veces no han entendido bien el trasfondo de esta aventura cismática.. En su obra llama a descubrir lo esencial. ¿Cómo distinguir el valor de la tradición de la rigidez del tradicionalismo?. La tradición de la Iglesia es un cuerpo vivo. En ella hay evolución, no por el simple placer de cambiar, sino porque la vida es una evolución constante en el diálogo entre Dios y el mundo. La tradición de la Iglesia siempre ha seguido el movimiento del Espíritu Santo en la historia. No se puede identificar un momento concreto de la historia como el punto máximo de la Iglesia y afirmar que nada puede cambiar después: ni la Iglesia de Trento, ni la de los Padres de la Iglesia, ni la del Concilio Vaticano II. Si la Iglesia está viva y escucha al Espíritu, entonces la tradición significa evolución. No una oposición a la tradición, sino una evolución dentro de ella.. ¿Está sabiendo aprovechar la Iglesia dicha búsqueda del hombre y de la mujer de hoy o anda un poco despistada, entretenida en otras batallas?. ¿De qué hablamos cuando hablamos de la Iglesia? La Iglesia está formada por millones de creyentes, y espero que muchos de ellos estén haciendo este trabajo. Si el Vaticano como organización se ocupa siempre de las prioridades, no lo sé. Pero la mayor parte del trabajo de la Iglesia no se hace en las oficinas del Vaticano.. Tanto Francisco como León XIV han alertado de quedarse en una «montaña» pseudoespiritual que se traduce en una fe desencarnada, sin compromiso social.. ¿Cómo evitar ese misticismo deshumanizado?. Leyendo el Evangelio. El Evangelio no es un manual de mística, sino un manual de encarnación. Nos muestra que el camino de nuestra divinización es el camino de la humanización de Cristo. Si queremos ser Dios, como Jesús nos promete, primero tenemos que aprender a ser verdaderamente humanos.

 

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