Que el sector del azulejo en Castellón es un motor económico bien lo saben en la provincia, pero los jóvenes castellonenses no se sienten atraídos por una industria que genera más de 14.000 empleos directos y representa el 30% del PIB en Castellón. «Son casi 7.000 millones de facturación, no estamos hablando de un huerto que lo vamos a dejar perder, es el pan decasi un tercio de las familias de la provincia», asegura Isaac Nebot, director de la Escuela Superior de Cerámica de l’Alcora (Escal).. Una jornada organizada por Escal con la Asociación Española de Técnicos Cerámicos (ATC) y el Ayuntamiento de L’Alcora con alumnos de Bachillerato puso números a una realidad latente en el sector: cada vez hay menos jóvenes. Tan solo el 3,7% de los encuestados dijo tener interés en trabajar en el sector, con un 5,8% que dijo que tal vez lo haría. Mientras, el 90,5% lo descarta. «Tenemos una gran preocupación», afirma Nebot, que dirige la única escuela con título universitario homologado de la industria cerámica en Europa.. «Es un tema candente desde hace ya tiempo y que nos preocupa», comparte Germán Belbis, responsable del Área Laboral de la Asociación Española de Fabricantes de Azulejos y Pavimentos Cerámicos (Ascer). La edad media de los empleados es de 46 años y Belbis admite que «las plantillas están envejecidas y envejeciendo», un problema que puede ser para el futuro.. El responsable de la patronal afirma que aunque a día de hoy cuando hay una baja se cubre, esta suele ser con personas de edad avanzada. «Las empresas no tienen más remedio que contratar personas maduras porque son las que verdaderamente están dispuestas», afirma a LA RAZÓN.. Un problema que afecta especialmente a «la línea de producción a todos los niveles» y que aunque señala que «antes puede ocurrir la desaparición de la industria por las regulaciones que por la falta de personas», sí ha encendido las alarmas en puestos concretos como los electromecánicos. «Es uno de los puestos con más dificultad porque es muy cualificado y por su dedicación necesaria de mantenimiento para que las instalaciones funcionen así como la disponibilidad para las reparaciones necesarias ante una emergencia», dice Belbis.. Falta de atractivo. Si uno mira a los datos de empleo, debería ser una industria con gente peleándose por entrar. «Nuestro problema es poder mantener el alumnado y que acabe porque siempre tienen trabajo antes», afirma Nebot. A los 18 años, sus estudiantes ya trabajan los fines de semana y antes de acabar la carrera tienen un contrato firmado. «La contratación es en un 99% definida y no es al 100% por incidencias de todo tipo», asegura el responsable de la patronal. «Los salarios también han sido los más altos, salvo las profesiones muy cualificadas y sectores como la banca, consultoría, seguros, pero en el ámbito de la industria han estado por encima». Nebot pone cifras: «Hay gente en el sector cerámico que sus 2.800-3.000 euros mensuales se saca y si viajas ya un poco hay un buen pellizco».. Sin embargo, todos esas ventajas no atraen a la Generación Z. «Los chavales de 20 años lo de ‘casarse’ con un trabajo en cuanto a pasar el resto de su vida ahí o ir un sábado para arreglar algo ni se lo plantean», dice Nebot, y coincide Belbis. «Las nuevas generaciones tienen una orientación distinta, no valoran como antes un puesto de trabajo indefinido, que se pueda o no acceder la propiedad, tanto a la vivienda como incluso los vehículos. Hay jóvenes que ni siquiera optan al carné de conducir».. La flexibilidad de horarios y el teletrabajo priman en una generación que además, afirman que ya entra con expectativas y exigencias altas de salario y beneficios, lo que genera «insatisfacción y frustración desde el principio».. «Influye en el atractivo de la industria la visión de tiempo libre y vida propia. Nuestra industria requieren fines de semana y turnos nocturnos por turnos, como los policías, bomberos o sanitarios. Eso es un hándicap que antes no lo era. Ahora ni siquiera con una mejor retribución se convence», afirma Belbis, que además añade que «en el caso de los jóvenes es muy habitual el marcharse. A pesar de tener un empleo, a los 15 días, mes o dos meses dicen ‘oye esto no me gusta, me voy’, y se van», lo que genera una gran rotación que hace acabar tirando de personal de mayor edad.. A eso se añade lo que ambos consideran como una falta de cultura del esfuerzo y una reorientación de las prioridades que ha afectado a la industria en general más allá de la azulejera.. Autocrítica. Ahora, otro de los grandes problemas que admiten es la falta de saber vender un sector donde la tecnología punta manda. «Uno puede pensar en la industria azulejera como tierra, barro y calor y nada puede estar más lejos de nuestros días», afirma Belbis.. «La visión que se le da a la sociedad sector cerámico es que es arcaico y desfasado, en el cual lo máximo que vas a hacer es apretar un botón para una línea en marcha, pero es un sector con muchísimo futuro, con un alto nivel tecnológico y de innovación», reivindica Nebot.. Sin embargo, el director de Escal critica que las noticias del sector cerámico son todas muy negativas siempre y acaban afectando a la visión que la gente tiene de él. «Siempre hay problemas de energía, o ahora el acuerdo con India u otros», asegura. Esta misma semana Ascer mostró su preocupación por la «volatilidad» del sector tras bajar EE.UU. los aranceles a India del 50% al 18%. «Lo que llega a la prensa es esa visión negativa y la gente pues dice: ¿yo me voy a meter en ese berenjenal?».. Asimismo, Nebot critica que las empresas «no se esfuerzan en buscar a gente bien formada» y prefieren contratar y si eso luego formarles ellos mismos.. El director de Escal lamenta que en Castellón «nos estamos cerrando todos en el azulejo, el problema de fuera, el coste energético, pero podemos hacer muchísimas más cosas con la cerámica», y asegura que se pueden hacer muchas más cosas con la cerámica como «baterías sólidas para coches, prótesis con máquinas 3D, condensadores o chips».
Solo el 3,7% de los jóvenes castellonenses se plantea trabajar en la industria cerámica y peligra la sostenibilidad
Que el sector del azulejo en Castellón es un motor económico bien lo saben en la provincia, pero los jóvenes castellonenses no se sienten atraídos por una industria que genera más de 14.000 empleos directos y representa el 30% del PIB en Castellón. «Son casi 7.000 millones de facturación, no estamos hablando de un huerto que lo vamos a dejar perder, es el pan decasi un tercio de las familias de la provincia», asegura Isaac Nebot, director de la Escuela Superior de Cerámica de l’Alcora (Escal).. Una jornada organizada por Escal con la Asociación Española de Técnicos Cerámicos (ATC) y el Ayuntamiento de L’Alcora con alumnos de Bachillerato puso números a una realidad latente en el sector: cada vez hay menos jóvenes. Tan solo el 3,7% de los encuestados dijo tener interés en trabajar en el sector, con un 5,8% que dijo que tal vez lo haría. Mientras, el 90,5% lo descarta. «Tenemos una gran preocupación», afirma Nebot, que dirige la única escuela con título universitario homologado de la industria cerámica en Europa.. «Es un tema candente desde hace ya tiempo y que nos preocupa», comparte Germán Belbis, responsable del Área Laboral de la Asociación Española de Fabricantes de Azulejos y Pavimentos Cerámicos (Ascer). La edad media de los empleados es de 46 años y Belbis admite que «las plantillas están envejecidas y envejeciendo», un problema que puede ser para el futuro.. El responsable de la patronal afirma que aunque a día de hoy cuando hay una baja se cubre, esta suele ser con personas de edad avanzada. «Las empresas no tienen más remedio que contratar personas maduras porque son las que verdaderamente están dispuestas», afirma a LA RAZÓN.. Un problema que afecta especialmente a «la línea de producción a todos los niveles» y que aunque señala que «antes puede ocurrir la desaparición de la industria por las regulaciones que por la falta de personas», sí ha encendido las alarmas en puestos concretos como los electromecánicos. «Es uno de los puestos con más dificultad porque es muy cualificado y por su dedicación necesaria de mantenimiento para que las instalaciones funcionen así como la disponibilidad para las reparaciones necesarias ante una emergencia», dice Belbis.. Falta de atractivo. Si uno mira a los datos de empleo, debería ser una industria con gente peleándose por entrar. «Nuestro problema es poder mantener el alumnado y que acabe porque siempre tienen trabajo antes», afirma Nebot. A los 18 años, sus estudiantes ya trabajan los fines de semana y antes de acabar la carrera tienen un contrato firmado. «La contratación es en un 99% definida y no es al 100% por incidencias de todo tipo», asegura el responsable de la patronal. «Los salarios también han sido los más altos, salvo las profesiones muy cualificadas y sectores como la banca, consultoría, seguros, pero en el ámbito de la industria han estado por encima». Nebot pone cifras: «Hay gente en el sector cerámico que sus 2.800-3.000 euros mensuales se saca y si viajas ya un poco hay un buen pellizco».. Sin embargo, todos esas ventajas no atraen a la Generación Z. «Los chavales de 20 años lo de ‘casarse’ con un trabajo en cuanto a pasar el resto de su vida ahí o ir un sábado para arreglar algo ni se lo plantean», dice Nebot, y coincide Belbis. «Las nuevas generaciones tienen una orientación distinta, no valoran como antes un puesto de trabajo indefinido, que se pueda o no acceder la propiedad, tanto a la vivienda como incluso los vehículos. Hay jóvenes que ni siquiera optan al carné de conducir».. La flexibilidad de horarios y el teletrabajo priman en una generación que además, afirman que ya entra con expectativas y exigencias altas de salario y beneficios, lo que genera «insatisfacción y frustración desde el principio».. «Influye en el atractivo de la industria la visión de tiempo libre y vida propia. Nuestra industria requieren fines de semana y turnos nocturnos por turnos, como los policías, bomberos o sanitarios. Eso es un hándicap que antes no lo era. Ahora ni siquiera con una mejor retribución se convence», afirma Belbis, que además añade que «en el caso de los jóvenes es muy habitual el marcharse. A pesar de tener un empleo, a los 15 días, mes o dos meses dicen ‘oye esto no me gusta, me voy’, y se van», lo que genera una gran rotación que hace acabar tirando de personal de mayor edad.. A eso se añade lo que ambos consideran como una falta de cultura del esfuerzo y una reorientación de las prioridades que ha afectado a la industria en general más allá de la azulejera.. Autocrítica. Ahora, otro de los grandes problemas que admiten es la falta de saber vender un sector donde la tecnología punta manda. «Uno puede pensar en la industria azulejera como tierra, barro y calor y nada puede estar más lejos de nuestros días», afirma Belbis.. «La visión que se le da a la sociedad sector cerámico es que es arcaico y desfasado, en el cual lo máximo que vas a hacer es apretar un botón para una línea en marcha, pero es un sector con muchísimo futuro, con un alto nivel tecnológico y de innovación», reivindica Nebot.. Sin embargo, el director de Escal critica que las noticias del sector cerámico son todas muy negativas siempre y acaban afectando a la visión que la gente tiene de él. «Siempre hay problemas de energía, o ahora el acuerdo con India u otros», asegura. Esta misma semana Ascer mostró su preocupación por la «volatilidad» del sector tras bajar EE.UU. los aranceles a India del 50% al 18%. «Lo que llega a la prensa es esa visión negativa y la gente pues dice: ¿yo me voy a meter en ese berenjenal?».. Asimismo, Nebot critica que las empresas «no se esfuerzan en buscar a gente bien formada» y prefieren contratar y si eso luego formarles ellos mismos.. El director de Escal lamenta que en Castellón «nos estamos cerrando todos en el azulejo, el problema de fuera, el coste energético, pero podemos hacer muchísimas más cosas con la cerámica», y asegura que se pueden hacer muchas más cosas con la cerámica como «baterías sólidas para coches, prótesis con máquinas 3D, condensadores o chips».
Noticias de la Comunidad Valenciana en La Razón
