Hay lugares que no hacen ruido, pero dejan huella. Espacios que no necesitan grandes titulares para ir construyendo, día a día, una historia silenciosa de encuentros entre personas y arte. El Centro de Arte Rafael Botí, en Córdoba, es uno de esos sitios. Y 2025 ha sido, para él, un año que marca un antes y un después: 37.480 visitantes cruzaron sus puertas a lo largo de doce meses, un 77% más que el año anterior y la cifra más alta desde que existen registros.. No es solo un dato estadístico. Es la fotografía de cientos de paseos lentos por salas blancas, de miradas detenidas ante cuadros, esculturas o fotografías, de conversaciones en voz baja, de estudiantes, turistas, vecinos y curiosos que encontraron en la Fundación Botí un lugar donde quedarse un rato más. Más de cien personas al día, de media, se acercaron a sus exposiciones. Para un centro de arte, eso significa vida.. El responsable de Cultura de la Diputación de Córdoba y presidente de la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí, Gabriel Duque, lo resumió así durante la presentación del balance: el programa expositivo diseñado para conmemorar el décimo aniversario del centro y el 125 aniversario del nacimiento de Rafael Botí ha conectado con la gente. No por casualidad, sino por una apuesta clara por la diversidad, la calidad y la cercanía.. Porque el Centro de Arte Rafael Botí se ha ido transformando en algo más que un espacio donde colgar cuadros. Es, cada vez más, un lugar abierto y dinámico, un punto de encuentro entre el arte contemporáneo y la ciudad, entre artistas consagrados y jóvenes que empiezan, entre lo local y lo universal. Un sitio donde el arte no se mira desde lejos, sino que se comparte.. A lo largo de 2025 se celebraron nueve exposiciones temporales, cada una con su propio lenguaje y su propio público. El año comenzó con «Bestiario», del escultor José Manuel Belmonte, una muestra donde las formas animales se convertían en metáforas, en gestos cargados de simbolismo. Después llegó «Genealogía flamenca», de Julia Hidalgo, que tendía puentes entre la fotografía, la memoria y la identidad cultural andaluza.. Hubo también espacio para mirar al mundo desde la dureza de los conflictos: una exposición reunió el trabajo de 40 fotoperiodistas que han documentado zonas de guerra y crisis humanitarias. Imágenes que no dejan indiferente, que obligan a detenerse y a pensar, que rompen la comodidad del espectador.. El Botí abrió igualmente sus salas a los más jóvenes. Los alumnos de las Escuelas de Artes y Oficios Mateo Inurria y Dionisio Ortiz mostraron su talento en una exposición colectiva que fue, para muchos de ellos, la primera experiencia real ante el público. Y Verónica Ruth Frías presentó su primera muestra individual, un paso importante en una carrera que empieza a tomar forma.. La programación continuó con una exposición de pintura y escultura de Salvador Morera, y con una retrospectiva dedicada a los pintores del Grupo Realista de Córdoba, coincidiendo con un aniversario que invitaba a mirar atrás sin nostalgia, pero con respeto por una tradición artística que sigue influyendo. También hubo una exposición temática sobre la Córdoba de Rafael de la Hoz, en el contexto del centenario de su nacimiento, que conectaba arquitectura, ciudad y memoria.. El año se cerró con una muestra que se ha convertido en la más exitosa de la historia del centro: «Arde el día. Pintura y paisaje desde Rafael Botí hasta la actualidad». Setenta artistas de varias generaciones dialogan en esta exposición colectiva que estará abierta hasta el 1 de marzo. Es una propuesta ambiciosa, diversa, rica en miradas. Para Gabriel Duque, su éxito se explica por la calidad de las obras y por la variedad de estilos, que hace que cada visitante encuentre algo que le hable directamente.. Si algo define la programación de 2025 es la mezcla. En las salas del Botí se han podido ver relieves, pintura, fotografía, escultura, cerámica, grabados, audiovisuales, cómic, performance. Figuración y abstracción, realismo y conceptual, tradición y experimentación. No hay una sola manera de entender el arte, y el centro ha querido que todas tengan cabida.. A eso se suma la exposición permanente dedicada a Rafael Botí, que se ha renovado hasta en tres ocasiones para ofrecer nuevas lecturas de su obra. Y el Patio de la Botí, que se ha convertido en un pequeño escenario cultural donde han tenido lugar presentaciones, encuentros y actuaciones musicales, desde conciertos del grupo Lumbre hasta propuestas flamencas que han llenado el espacio de compás y emoción.. Pero el Botí no se ha quedado quieto en la capital. El programa «Botí Itinerante» ha llevado exposiciones de la Fundación a los municipios de la provincia. En 2025 se organizaron 33 muestras en 22 localidades, con un aumento del 267% en visitas respecto al año anterior. En total, más de 207.000 personas pudieron disfrutar de estas propuestas sin necesidad de desplazarse a la ciudad. El arte salió al encuentro de la gente, y la gente respondió.. Hay algo especialmente valioso en esta idea: que el arte no sea un lujo ni un privilegio, sino un derecho cultural. Que llegue a pueblos pequeños, a salas modestas, a públicos que quizá no suelen visitar museos, pero que descubren, al hacerlo, que también hay un lugar para ellos en ese diálogo silencioso que es el arte.. Los números son importantes, pero no lo son todo. Detrás de cada cifra hay una experiencia. Un niño que entra por primera vez a una sala de exposiciones. Una pareja que pasea sin prisa un domingo por la mañana. Un estudiante que se reconoce en la obra de alguien que tiene casi su misma edad. Un vecino que vuelve varias veces a ver la misma exposición porque cada visita le dice algo distinto.. Por eso, cuando Gabriel Duque habla de futuro, no lo hace solo en términos de crecimiento. Habla de seguir ampliando la oferta, de apoyar a los jóvenes creadores, a los artistas de escuelas e institutos, de colaborar con los municipios que quieran llevar el arte a sus salas. Habla, en el fondo, de seguir construyendo comunidad a través de la cultura.. El Centro de Arte Rafael Botí ha demostrado en 2025 que no es un edificio más en el mapa cultural de Córdoba. Es un lugar donde pasan cosas, donde el arte se mueve, se discute, se comparte. Un sitio que invita a entrar sin prisas, a mirar despacio, a dejarse sorprender. Quizá esa sea la clave de su éxito: no prometer grandes revelaciones, sino ofrecer algo mucho más sencillo y mucho más difícil de conseguir en estos tiempos: un espacio para detenerse y sentir.
Cerró 2025 con récord absoluto de visitantes y una programación que llevó la pintura, la fotografía, la escultura y la memoria a miles de personas dentro y fuera de la capital
Hay lugares que no hacen ruido, pero dejan huella. Espacios que no necesitan grandes titulares para ir construyendo, día a día, una historia silenciosa de encuentros entre personas y arte. El Centro de Arte Rafael Botí, en Córdoba, es uno de esos sitios. Y 2025 ha sido, para él, un año que marca un antes y un después: 37.480 visitantes cruzaron sus puertas a lo largo de doce meses, un 77% más que el año anterior y la cifra más alta desde que existen registros.. No es solo un dato estadístico. Es la fotografía de cientos de paseos lentos por salas blancas, de miradas detenidas ante cuadros, esculturas o fotografías, de conversaciones en voz baja, de estudiantes, turistas, vecinos y curiosos que encontraron en la Fundación Botí un lugar donde quedarse un rato más. Más de cien personas al día, de media, se acercaron a sus exposiciones. Para un centro de arte, eso significa vida.. El responsable de Cultura de la Diputación de Córdoba y presidente de la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí, Gabriel Duque, lo resumió así durante la presentación del balance: el programa expositivo diseñado para conmemorar el décimo aniversario del centro y el 125 aniversario del nacimiento de Rafael Botí ha conectado con la gente. No por casualidad, sino por una apuesta clara por la diversidad, la calidad y la cercanía.. Porque el Centro de Arte Rafael Botí se ha ido transformando en algo más que un espacio donde colgar cuadros. Es, cada vez más, un lugar abierto y dinámico, un punto de encuentro entre el arte contemporáneo y la ciudad, entre artistas consagrados y jóvenes que empiezan, entre lo local y lo universal. Un sitio donde el arte no se mira desde lejos, sino que se comparte.. A lo largo de 2025 se celebraron nueve exposiciones temporales, cada una con su propio lenguaje y su propio público. El año comenzó con «Bestiario», del escultor José Manuel Belmonte, una muestra donde las formas animales se convertían en metáforas, en gestos cargados de simbolismo. Después llegó «Genealogía flamenca», de Julia Hidalgo, que tendía puentes entre la fotografía, la memoria y la identidad cultural andaluza.. Hubo también espacio para mirar al mundo desde la dureza de los conflictos: una exposición reunió el trabajo de 40 fotoperiodistas que han documentado zonas de guerra y crisis humanitarias. Imágenes que no dejan indiferente, que obligan a detenerse y a pensar, que rompen la comodidad del espectador.. El Botí abrió igualmente sus salas a los más jóvenes. Los alumnos de las Escuelas de Artes y Oficios Mateo Inurria y Dionisio Ortiz mostraron su talento en una exposición colectiva que fue, para muchos de ellos, la primera experiencia real ante el público. Y Verónica Ruth Frías presentó su primera muestra individual, un paso importante en una carrera que empieza a tomar forma.. La programación continuó con una exposición de pintura y escultura de Salvador Morera, y con una retrospectiva dedicada a los pintores del Grupo Realista de Córdoba, coincidiendo con un aniversario que invitaba a mirar atrás sin nostalgia, pero con respeto por una tradición artística que sigue influyendo. También hubo una exposición temática sobre la Córdoba de Rafael de la Hoz, en el contexto del centenario de su nacimiento, que conectaba arquitectura, ciudad y memoria.. El año se cerró con una muestra que se ha convertido en la más exitosa de la historia del centro: «Arde el día. Pintura y paisaje desde Rafael Botí hasta la actualidad». Setenta artistas de varias generaciones dialogan en esta exposición colectiva que estará abierta hasta el 1 de marzo. Es una propuesta ambiciosa, diversa, rica en miradas. Para Gabriel Duque, su éxito se explica por la calidad de las obras y por la variedad de estilos, que hace que cada visitante encuentre algo que le hable directamente.. Si algo define la programación de 2025 es la mezcla. En las salas del Botí se han podido ver relieves, pintura, fotografía, escultura, cerámica, grabados, audiovisuales, cómic, performance. Figuración y abstracción, realismo y conceptual, tradición y experimentación. No hay una sola manera de entender el arte, y el centro ha querido que todas tengan cabida.. A eso se suma la exposición permanente dedicada a Rafael Botí, que se ha renovado hasta en tres ocasiones para ofrecer nuevas lecturas de su obra. Y el Patio de la Botí, que se ha convertido en un pequeño escenario cultural donde han tenido lugar presentaciones, encuentros y actuaciones musicales, desde conciertos del grupo Lumbre hasta propuestas flamencas que han llenado el espacio de compás y emoción.. Pero el Botí no se ha quedado quieto en la capital. El programa «Botí Itinerante» ha llevado exposiciones de la Fundación a los municipios de la provincia. En 2025 se organizaron 33 muestras en 22 localidades, con un aumento del 267% en visitas respecto al año anterior. En total, más de 207.000 personas pudieron disfrutar de estas propuestas sin necesidad de desplazarse a la ciudad. El arte salió al encuentro de la gente, y la gente respondió.. Hay algo especialmente valioso en esta idea: que el arte no sea un lujo ni un privilegio, sino un derecho cultural. Que llegue a pueblos pequeños, a salas modestas, a públicos que quizá no suelen visitar museos, pero que descubren, al hacerlo, que también hay un lugar para ellos en ese diálogo silencioso que es el arte.. Los números son importantes, pero no lo son todo. Detrás de cada cifra hay una experiencia. Un niño que entra por primera vez a una sala de exposiciones. Una pareja que pasea sin prisa un domingo por la mañana. Un estudiante que se reconoce en la obra de alguien que tiene casi su misma edad. Un vecino que vuelve varias veces a ver la misma exposición porque cada visita le dice algo distinto.. Por eso, cuando Gabriel Duque habla de futuro, no lo hace solo en términos de crecimiento. Habla de seguir ampliando la oferta, de apoyar a los jóvenes creadores, a los artistas de escuelas e institutos, de colaborar con los municipios que quieran llevar el arte a sus salas. Habla, en el fondo, de seguir construyendo comunidad a través de la cultura.. El Centro de Arte Rafael Botí ha demostrado en 2025 que no es un edificio más en el mapa cultural de Córdoba. Es un lugar donde pasan cosas, donde el arte se mueve, se discute, se comparte. Un sitio que invita a entrar sin prisas, a mirar despacio, a dejarse sorprender. Quizá esa sea la clave de su éxito: no prometer grandes revelaciones, sino ofrecer algo mucho más sencillo y mucho más difícil de conseguir en estos tiempos: un espacio para detenerse y sentir.
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