La impresión 3D ha transformado el mundo de la fabricación, permitiendo crear objetos complejos directamente a partir de un diseño digital sin herramientas intermedias. Tanto es así que se ha llevado a la Estación Espacial Internacional para producir herramientas o partes en caso de fallos.. Sin embargo, durante décadas ha existido una limitación fundamental: el tiempo. Aunque es posible obtener geometrías muy complejas, la mayoría de las impresoras 3D tardan horas o incluso días en completar una sola pieza dependiendo del tamaño. Esto se debe a que la impresión habitual construye los objetos capa por capa, un proceso que intrínsecamente lleva tiempo.. Sin embargo, ese obstáculo podría estar a punto de salvarse. Un equipo de científicos de la Universidad Tsinghua en China, ha desarrollado una tecnología que permite imprimir estructuras tridimensionales complejas a escala milimétrica en un tiempo récord: tan solo 0,6 segundos. Por primera vez, la fabricación aditiva de objetos no solo es rápida en comparación con métodos tradicionales, sino que se acerca a la velocidad de procesos industriales continuos, y lo hace sin sacrificar resolución o complejidad de diseño.. La clave de esta revolución no está en acelerar motores o mejorar extrusores, como ocurre con muchas impresoras convencionales, sino en una tecnología óptica avanzada que emplea campos holográficos de luz de alta dimensión. El sistema, descrito por los investigadores como DISH (siglas de Síntesis digital incoherente de campos de luz holográficos), manipula patrones de luz para solidificar de forma casi instantánea múltiples puntos del objeto tridimensional al mismo tiempo. En lugar de «dibujar» una pieza poco a poco, como hace una impresora tradicional, el nuevo método proyecta toda la estructura compleja simultáneamente dentro de un volumen de material fotosensible.. Mientras que las tecnologías convencionales dependen del movimiento mecánico de cabezales o plataformas para construir cada capa, esta técnica utiliza patrones de luz generados por algoritmos capaces de solidificar toda la geometría en un volumen de material sin necesidad de movimiento físico. Eso elimina el cuello de botella del desplazamiento mecánico, la frontera más importante en cuanto al límite de velocidad.. A esto hay que sumarle que la velocidad va acompañada de precisión: las estructuras pueden tener detalles de hasta 12 micrómetros. Los responsables del avance, publicado en Nature y liderados por Wu Jiamin, señalan que “logramos la producción en masa de estructuras 3D complejas y diversas dentro de materiales de baja viscosidad, demostrando su potencial para amplias aplicaciones en diversos campos”.. La posibilidad de fabricar piezas ultrarrápido podría transformar sectores como la microfabricación, la electrónica avanzada, la medicina (especialmente en la producción de modelos biológicos o estructuras de laboratorio a medida) y hasta la producción masiva de componentes personalizados.. En conjunto, este avance plantea una pregunta interesante: ¿estamos ante el inicio de una nueva era donde la impresión 3D se convierta realmente en un proceso de fabricación continuo, no solo aditivo? Si tecnologías como esta se desarrollan y adaptan a escalas mayores, podrían reducir drásticamente los tiempos de producción de piezas industriales, lo que tendría implicaciones directas en la economía, el diseño de productos y la personalización de artículos manufacturados. Lo único que queda por saber es el precio de esta nueva tecnología.
No solo se trata de velocidad, también de precisión: puede tener detalles en el objeto de hasta 12 micrómetros.
La impresión 3D ha transformado el mundo de la fabricación, permitiendo crear objetos complejos directamente a partir de un diseño digital sin herramientas intermedias. Tanto es así que se ha llevado a la Estación Espacial Internacional para producir herramientas o partes en caso de fallos.. Sin embargo, durante décadas ha existido una limitación fundamental: el tiempo. Aunque es posible obtener geometrías muy complejas, la mayoría de las impresoras 3D tardan horas o incluso días en completar una sola pieza dependiendo del tamaño. Esto se debe a que la impresión habitual construye los objetos capa por capa, un proceso que intrínsecamente lleva tiempo.. Sin embargo, ese obstáculo podría estar a punto de salvarse. Un equipo de científicos de la Universidad Tsinghua en China, ha desarrollado una tecnología que permite imprimir estructuras tridimensionales complejas a escala milimétrica en un tiempo récord: tan solo 0,6 segundos. Por primera vez, la fabricación aditiva de objetos no solo es rápida en comparación con métodos tradicionales, sino que se acerca a la velocidad de procesos industriales continuos, y lo hace sin sacrificar resolución o complejidad de diseño.. La clave de esta revolución no está en acelerar motores o mejorar extrusores, como ocurre con muchas impresoras convencionales, sino en una tecnología óptica avanzada que emplea campos holográficos de luz de alta dimensión. El sistema, descrito por los investigadores como DISH (siglas de Síntesis digital incoherente de campos de luz holográficos), manipula patrones de luz para solidificar de forma casi instantánea múltiples puntos del objeto tridimensional al mismo tiempo. En lugar de «dibujar» una pieza poco a poco, como hace una impresora tradicional, el nuevo método proyecta toda la estructura compleja simultáneamente dentro de un volumen de material fotosensible.. Mientras que las tecnologías convencionales dependen del movimiento mecánico de cabezales o plataformas para construir cada capa, esta técnica utiliza patrones de luz generados por algoritmos capaces de solidificar toda la geometría en un volumen de material sin necesidad de movimiento físico. Eso elimina el cuello de botella del desplazamiento mecánico, la frontera más importante en cuanto al límite de velocidad.. A esto hay que sumarle que la velocidad va acompañada de precisión: las estructuras pueden tener detalles de hasta 12 micrómetros. Los responsables del avance, publicado en Nature y liderados por Wu Jiamin, señalan que “logramos la producción en masa de estructuras 3D complejas y diversas dentro de materiales de baja viscosidad, demostrando su potencial para amplias aplicaciones en diversos campos”.. La posibilidad de fabricar piezas ultrarrápido podría transformar sectores como la microfabricación, la electrónica avanzada, la medicina (especialmente en la producción de modelos biológicos o estructuras de laboratorio a medida) y hasta la producción masiva de componentes personalizados.. En conjunto, este avance plantea una pregunta interesante: ¿estamos ante el inicio de una nueva era dondela impresión 3D se convierta realmente en un proceso de fabricación continuo, no solo aditivo? Si tecnologías como esta se desarrollan y adaptan a escalas mayores, podrían reducir drásticamente los tiempos de producción de piezas industriales, lo que tendría implicaciones directas en la economía, el diseño de productos y la personalización de artículos manufacturados. Lo único que queda por saber es el precio de esta nueva tecnología.
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