El Museo Thyssen dedica la primera retrospectiva al artista danés. Una sorprendente muestra que ha reunido noventa óleos y dibujos que muestran el talento de este artista conocido como el pintor del silencio
El Museo Thyssen dedica la primera retrospectiva al artista danés. Una sorprendente muestra que ha reunido noventa óleos y dibujos que muestran el talento de este artista conocido como el pintor del silencio
El éxito de su pintura se desvaneció en los albores de los años treinta del siglo XX y su nombre, ignorado por los hitos y corrientes que traían consigo las nuevas vanguardias, quedó relegado a las orillas más marginales y olvidado durante décadas. A partir de los años ochenta, con la perspectiva que procura el tiempo, se reveló con toda su plenitud la vigencia de Vilhelm Hammershøi, un artista de sofisticada sencillez que logró tomar la temperatura a la luz y se convirtió en un maestro indiscutible de ambientes y atmósferas.. Falleció temprano, a una edad que no le correspondía, cuando frisaba los 51 años, como consecuencia de un cáncer de garganta, pero dejó tras de sí más de 400 piezas que recogían su particular universo pictórico y que suponen una radiografía exacta de las inquietudes que movían su ánimo. Sobresalió pronto por el virtuosismo que desplegaba, por su decisión de seguir aferrado a la figuración en una época que comenzaba a abrirse a las distintas abstracciones y a otros senderos de mayor contemporaneidad y, por supuesto, por su evidente carácter introspectivo. Unos vértices de clara singularidad que sobresalieron ya durante su periodo de formación y que empujaron a más de un maestro a recalcar la extrañeza que le provocaba su apuesta pictórica.. La exposición que inaugura el Museo Thyssen, comisariada por Clara Marcellán, supone un recorrido por una trayectoria muy particular, que transitó por todos los géneros y que, al final, quedó marcada por sus cuadros de hogares domésticos y habitaciones vacías, un tema al que volvió con insistencia y que resultó muy apreciado por sus coetáneos y que le ha procurado fervorosos y entusiastas devotos, como Michael Palin, ex Monty Python, quien le dedicó un documental en la BBC. Aunque abordó el paisaje y la escena urbana con mucho éxito, con unas idiosincrasias muy propias y un enorme sentido del ritmo, como demuestran los cuadros de esta temática que se exhiben, estos interiores fueron muy reclamados por los coleccionistas y empujaron a muchos críticos a rebautizarlo como el «artista del silencio» o, como reza el lema de esta muestra, «el ojo que escucha».. Hammershøi, que siempre deseó conocer a Whistler y que viajó a Londres para dar a conocer su obra, arrastraba consigo la influencia de los maestros del siglo XVII holandés. Su admiración por esta pintura dejó una huella indeleble en su mirada y en su forma de afrontar el realismo. Con una paleta muy reducida en apariencia, hecha de blanco, negro y ocres —aunque con sutileza puede captarse la huella que dejaron en él el verde, el amarillo o el azul, más imperceptibles, pero también presentes—, Hammershøi supo actualizar esa pintura a los cánones predominantes de finales del siglo XIX y los inicios del XX.. En sus lienzos podemos reconocer con facilidad el legado de Vermeer, con esas luces blancas de intensidad reducida que entran por una ventana lateral y que tamizan el ambiente de los cuartos. Él, sin embargo, escapó de la imitación o la simple adaptación y logró imprimir a sus obras un acento simbólico, misterioso, donde parece escucharse el silencio, algo paradójico en un hombre que apreciaba la música y trató de aprender a tocar el violonchelo.. En sus obras vemos con frecuencia una figura -Ida, su mujer, su musa, a la que inmortalizó a todas las edades, vestida, desnuda o de espaldas, y que padeció depresión a lo largo de su vida, enfermedad, por otro lado, que el artista no eludió en sus óleos- que subraya la soledad de esas habitaciones (son siempre las de su casa), el aislamiento, la intimidad, donde las puertas añaden un apropiado sentido rítmico a la escena. Unos aspectos contribuyen a aumentar ese aire secreto que encierra su pintura y también a envolver en una capa brumosa la propia figura del creador.
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