El colapso de Rodalies ha vuelto a situar a miles de ciudadanos ante una realidad marcada por retrasos, cancelaciones, transbordos improvisados y trayectos interminables. Una semana de caos ha sido suficiente para que el malestar acumulado durante años estallara en forma de movilización social. Pero lo que podía haber sido una protesta unitaria, transversal y centrada en la mejora de un servicio esencial ha acabado derivando en una jornada partida, con dos manifestaciones y un debate que ha ido más allá de los trenes.. El sábado 7 de febrero Barcelona vivirá una doble convocatoria. Por la tarde, una manifestación impulsada por plataformas de usuarios de Rodalies y del transporte público, con el respaldo de grandes sindicatos y entidades sociales. Por la mañana, otra marcha promovida por la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y el Consell de la República, con un lema inequívoco: «Prou! Única via: independència». Dos lecturas del problema y una misma crisis que ha terminado revelando algo más que el deterioro del servicio ferroviario: la dificultad del independentismo para convivir con una protesta ciudadana que no quiere someterse a su marco ideológico.. Las plataformas de usuarios convocaron la manifestación como una protesta cívica, centrada en denunciar el deterioro del servicio, la falta de inversiones acumuladas y la necesidad de soluciones urgentes. A esta convocatoria se han sumado sindicatos como CCOO, UGT, la Intersindical-CSC o Unió de Pagesos, así como entidades de peso como Òmnium Cultural, Greenpeace, el Sindicat de Llogateres, la Confederació d’Associacions Veïnals de Catalunya o el Consell Nacional de la Joventut de Catalunya. Un apoyo amplio que refuerza el carácter transversal de la protesta y su vocación de interpelar a las administraciones responsables sin adscribirse a una causa ideológica concreta. Incluso el PP anunció que acudirá a la concentración.. Los convocantes han insistido en que la crisis de Rodalies no es coyuntural, sino la consecuencia de una desinversión sistemática, pero también han dejado claro que la manifestación no pretende convertirse en un acto partidista ni identitario, y que su objetivo es visibilizar un problema real que afecta a miles de trabajadores, estudiantes y familias, con independencia de sus ideas políticas.. Ese planteamiento ha chocado frontalmente con la estrategia de la ANC y el Consell de la República. Ambas entidades habían convocado su propia manifestación el mismo día vinculando directamente el caos de Rodalies con la reivindicación independentista. Para ellas, el colapso ferroviario no es solo una mala gestión o una falta de inversión, sino la prueba de una dependencia política a España que solo puede resolverse con la independencia. Desde esta lógica, la protesta ciudadana deja de ser un fin en sí mismo para convertirse en una oportunidad política. El malestar real de los usuarios pasa a ser el combustible de una causa más amplia, en la que la independencia se presenta no como una opción ideológica, sino como la única salida viable.. La ANC y el Consell de la República han interpretado la coincidencia de dos manifestaciones el mismo día como una «contraprogramación» y han reprochado a las plataformas de usuarios no haber cambiado la fecha, defendiendo que su convocatoria fue anterior. Pero el conflicto va más allá del calendario: para las entidades independentistas, el verdadero problema es que la protesta ciudadana evite explícitamente la reivindicación soberanista y no señale lo que consideran la «raíz política» del colapso de Rodalies, lo que, a su juicio, la convierte en una movilización incompleta y funcional al marco autonómico.. Esta lectura ha llevado a la ANC y al Consell a mantener su manifestación como un acto estrictamente político y a negarse a desconvocarla, incluso a costa de dividir la protesta. Han dejado claro que su prioridad no es sumar bajo un mínimo común denominador, sino preservar intacto el mensaje independentista, asumiendo el riesgo de fragmentar una movilización nacida del malestar ciudadano. Paradójicamente, esta estrategia ha evidenciado tensiones dentro del propio independentismo. Òmnium Cultural y ERC han optado por priorizar la manifestación de la tarde impulsada por los usuarios y han animado a participar en ella con más énfasis que en la convocatoria independentista. Así, el sábado 7 Barcelona se verá partida por dos concentraciones: una, social, que pide mejoras, y otra, ideológica, identitaria y política.
La ANC y el Consell de la República vinculan el caos ferroviario a la independencia y chocan con una protesta transversal
El colapso de Rodalies ha vuelto a situar a miles de ciudadanos ante una realidad marcada por retrasos, cancelaciones, transbordos improvisados y trayectos interminables. Una semana de caos ha sido suficiente para que el malestar acumulado durante años estallara en forma de movilización social. Pero lo que podía haber sido una protesta unitaria, transversal y centrada en la mejora de un servicio esencial ha acabado derivando en una jornada partida, con dos manifestaciones y un debate que ha ido más allá de los trenes.. El sábado 7 de febrero Barcelona vivirá una doble convocatoria. Por la tarde, una manifestación impulsada por plataformas de usuarios de Rodalies y del transporte público, con el respaldo de grandes sindicatos y entidades sociales. Por la mañana, otra marcha promovida por la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y el Consell de la República, con un lema inequívoco: «Prou! Única via: independència». Dos lecturas del problema y una misma crisis que ha terminado revelando algo más que el deterioro del servicio ferroviario: la dificultad del independentismo para convivir con una protesta ciudadana que no quiere someterse a su marco ideológico.. Las plataformas de usuarios convocaron la manifestación como una protesta cívica, centrada en denunciar el deterioro del servicio, la falta de inversiones acumuladas y la necesidad de soluciones urgentes. A esta convocatoria se han sumado sindicatos como CCOO, UGT, la Intersindical-CSC o Unió de Pagesos, así como entidades de peso como Òmnium Cultural, Greenpeace, el Sindicat de Llogateres, la Confederació d’Associacions Veïnals de Catalunya o el Consell Nacional de la Joventut de Catalunya. Un apoyo amplio que refuerza el carácter transversal de la protesta y su vocación de interpelar a las administraciones responsables sin adscribirse a una causa ideológica concreta. Incluso el PP anunció que acudirá a la concentración.. Los convocantes han insistido en que la crisis de Rodalies no es coyuntural, sino la consecuencia de una desinversión sistemática, pero también han dejado claro que la manifestación no pretende convertirse en un acto partidista ni identitario, y que su objetivo es visibilizar un problema real que afecta a miles de trabajadores, estudiantes y familias, con independencia de sus ideas políticas.. Ese planteamiento ha chocado frontalmente con la estrategia de la ANC y el Consell de la República. Ambas entidades habían convocado su propia manifestación el mismo día vinculando directamente el caos de Rodalies con la reivindicación independentista. Para ellas, el colapso ferroviario no es solo una mala gestión o una falta de inversión, sino la prueba de una dependencia política a España que solo puede resolverse con la independencia. Desde esta lógica, la protesta ciudadana deja de ser un fin en sí mismo para convertirse en una oportunidad política. El malestar real de los usuarios pasa a ser el combustible de una causa más amplia, en la que la independencia se presenta no como una opción ideológica, sino como la única salida viable.. La ANC y el Consell de la República han interpretado la coincidencia de dos manifestaciones el mismo día como una «contraprogramación» y han reprochado a las plataformas de usuarios no haber cambiado la fecha, defendiendo que su convocatoria fue anterior. Pero el conflicto va más allá del calendario: para las entidades independentistas, el verdadero problema es que la protesta ciudadana evite explícitamente la reivindicación soberanista y no señale lo que consideran la «raíz política» del colapso de Rodalies, lo que, a su juicio, la convierte en una movilización incompleta y funcional al marco autonómico.. Esta lectura ha llevado a la ANC y al Consell a mantener su manifestación como un acto estrictamente político y a negarse a desconvocarla, incluso a costa de dividir la protesta. Han dejado claro que su prioridad no es sumar bajo un mínimo común denominador, sino preservar intacto el mensaje independentista, asumiendo el riesgo de fragmentar una movilización nacida del malestar ciudadano. Paradójicamente, esta estrategia ha evidenciado tensiones dentro del propio independentismo. Òmnium Cultural y ERC han optado por priorizar la manifestación de la tarde impulsada por los usuarios y han animado a participar en ella con más énfasis que en la convocatoria independentista. Así, el sábado 7 Barcelona se verá partida por dos concentraciones: una, social, que pide mejoras, y otra, ideológica, identitaria y política.
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