A kilómetros por encima del nivel del mar, en las cumbres andinas de Perú, el hielo ya no es una presencia inmutable. El acelerado derretimiento de los glaciares, un síntoma visible del cambio climático, no solo altera los paisajes, sino que también pone en riesgo a comunidades enteras por avalanchas e inundaciones súbitas. Frente a esta realidad, una combinación de ciencia y tecnología está transformando la forma en que observamos y entendemos estas masas de hielo: los drones.. Tradicionalmente, monitorear glaciares implicaba expediciones costosas, peligrosas y esporádicas: los investigadores tenían que acceder básicamente a terrenos escarpados, geografía compleja y temperaturas extremas para medir el comportamiento del hielo. Esto limitaba la frecuencia de las observaciones y dejaba amplios períodos sin datos. Hoy, sin embargo, el uso de drones automatizados permite vuelos frecuentes, seguros y detallados desde la distancia.. Un equipo internacional de científicos de la Universidad Occidental de Noruega y el Instituto de Ecosistemas de Montaña y Glaciares de Perú han creado una red de alerta y estudio de glaciares en la laguna Palcacocha, a 4.500 metros de altura, rodeada por los glaciares Palcaraju y Pucaranra. La laguna ha crecido dramáticamente en los últimos años debido al derretimiento acelerado del hielo, lo que incrementa el riesgo de grandes avalanchas de tierra o de liberaciones súbitas de agua que podrían devastar zonas habitadas río abajo. Más de 120.000 personas viven en la cuenca inmediata, y la necesidad de datos confiables y continuos es crítica.. Ambas instituciones, junto al sistema Copernicus de la Agencia Espacial Europea y el sistema de drones DJI Dock 3, un sistema de drones “en una caja” (drone-in-a-box: se despliegan y regresan solos a la estación de carga) diseñado para operaciones remotas y automatizadas en entornos extremos. Este tipo de instalación combina un dron de la serie Matrice 4D con una base de operaciones que resiste temperaturas de 50 C y hasta −30 C, vientos de más de 40 km/h y se recarga automáticamente tras cada misión.. Los drones de esta serie están equipados con sensores ópticos y térmicos de alta resolución, capaces de capturar mapas detallados del terreno, variaciones de temperatura y patrones de flujo de agua de fusión alrededor de los glaciares y la laguna. Al volar programados regularmente, pueden generan modelos tridimensionales actualizados que permiten detectar cambios en la velocidad del hielo, la formación de fracturas o desplazamientos inesperados que pueden ser precursores de eventos peligrosos.. La verdadera potencia de este enfoque radica en la automatización y continuidad. Gracias al software de gestión en la nube DJI FlightHub 2, las misiones se planifican y ejecutan desde cualquier parte del mundo, y los datos se procesan y almacenan automáticamente, facilitando la comparación con registros anteriores y permitiendo ver tendencias con precisión. Tras cada vuelo, el dron regresa a su base para recargarse y estar listo para el siguiente, asegurando un monitoreo constante sin intervención humana en terreno peligroso.. Pero el valor de estos datos no es puramente científico: tiene una dimensión humana y social fundamental. Al obtener mediciones frecuentes y detalladas de los glaciares y de la laguna, las autoridades y las comunidades locales pueden anticipar riesgos, emitir advertencias tempranas y tomar decisiones preventivas antes de que ocurra una tragedia. La detección temprana de una grieta, un bloque de hielo inestable o un aumento rápido del nivel del agua puede servir para ganar un tiempo imprescindible para evacuar zonas vulnerables o reforzar infraestructuras.. Es, en cierto sentido, una evolución de la vigilancia: de inspecciones puntuales a monitorización continua y predictiva. Esa transformación es especialmente urgente en un mundo donde el retroceso glaciar no es una posibilidad futura, sino una realidad en marcha. Los glaciares alrededor del planeta (desde los Andes peruanos hasta los Alpes europeos y los Pirineos) sufren pérdidas de masa significativas debido a veranos más cálidos y precipitaciones cambiantes, con consecuencias directas para el suministro de agua, los ecosistemas y la estabilidad geológica.. El uso de drones en estas condiciones extremas representa también un avance tecnológico notable. Un sistema como el DJI Dock 3 no solo funciona en altitudes elevadas y frío intenso, sino que también opera con autonomía y robustez, aspectos cruciales cuando cada misión puede hacer la diferencia entre un desastre prevenido o una tragedia.. Además, el análisis de los datos capturados por drones no se detiene en la superficie. Con algoritmos y modelos tridimensionales, los científicos pueden estudiar la dinámica de los glaciares, entender cómo responden al clima y mejorar modelos predictivos que explican cómo evolucionará el paisaje helado bajo diferentes escenarios de cambio climático. Esa información no solo ayuda a proteger poblaciones humanas, sino que también enriquece el conocimiento global sobre glaciología, hidrología y cambio climático.. Así, la monitorización de glaciares con drones no es solo una herramienta nueva, sino un puente entre el conocimiento científico, la gestión del riesgo y la protección de vidas humanas. Y puede que, con estos sistemas en el aire, estemos un poco más preparados para enfrentar los desafíos de un clima en transformación.
Los modelos más avanzados, resistentes a temperaturas extremas, capaces de ser controlados de modo remoto y con carga automática, vigilan ecosistemas de alto riesgo.
A kilómetros por encima del nivel del mar, en las cumbres andinas de Perú, el hielo ya no es una presencia inmutable. El acelerado derretimiento de los glaciares, un síntoma visible del cambio climático, no solo altera los paisajes, sino que también pone en riesgo a comunidades enteras por avalanchas e inundaciones súbitas. Frente a esta realidad, una combinación de ciencia y tecnología está transformando la forma en que observamos y entendemos estas masas de hielo: los drones.. Tradicionalmente, monitorear glaciares implicaba expediciones costosas, peligrosas y esporádicas: los investigadores tenían que acceder básicamente a terrenos escarpados, geografía compleja y temperaturas extremas para medir el comportamiento del hielo. Esto limitaba la frecuencia de las observaciones y dejaba amplios períodos sin datos. Hoy, sin embargo, el uso de drones automatizados permite vuelos frecuentes, seguros y detallados desde la distancia.. Un equipo internacional de científicos de la Universidad Occidental de Noruega y el Instituto de Ecosistemas de Montaña y Glaciares de Perú han creado una red de alerta y estudio de glaciares en la laguna Palcacocha, a 4.500 metros de altura, rodeada por los glaciares Palcaraju y Pucaranra. La laguna ha crecido dramáticamente en los últimos años debido al derretimiento acelerado del hielo, lo que incrementa el riesgo de grandes avalanchas de tierra o de liberaciones súbitas de agua que podrían devastar zonas habitadas río abajo. Más de 120.000 personas viven en la cuenca inmediata, y la necesidad de datos confiables y continuos es crítica.. Ambas instituciones, junto al sistema Copernicus de la Agencia Espacial Europea y el sistema de drones DJI Dock 3, un sistema de drones “en una caja” (drone-in-a-box: se despliegan y regresan solos a la estación de carga) diseñado para operaciones remotas y automatizadas en entornos extremos. Este tipo de instalación combina un dron de la serie Matrice 4D con una base de operaciones que resiste temperaturas de 50 °C y hasta −30 °C, vientos de más de 40 km/h y se recarga automáticamente tras cada misión.. Los drones de esta serie están equipados con sensores ópticos y térmicos de alta resolución, capaces de capturar mapas detallados del terreno, variaciones de temperatura y patrones de flujo de agua de fusión alrededor de los glaciares y la laguna. Al volar programados regularmente, pueden generan modelos tridimensionales actualizados que permiten detectar cambios en la velocidad del hielo, la formación de fracturas o desplazamientos inesperados que pueden ser precursores de eventos peligrosos.. La verdadera potencia de este enfoque radica en la automatización y continuidad. Gracias al software de gestión en la nube DJI FlightHub 2, las misiones se planifican y ejecutan desde cualquier parte del mundo, y los datos se procesan y almacenan automáticamente, facilitando la comparación con registros anteriores y permitiendo ver tendencias con precisión. Tras cada vuelo, el dron regresa a su base para recargarse y estar listo para el siguiente, asegurando un monitoreo constante sin intervención humana en terreno peligroso.. Pero el valor de estos datos no es puramente científico: tiene una dimensión humana y social fundamental. Al obtener mediciones frecuentes y detalladas de los glaciares y de la laguna, las autoridades y las comunidades locales pueden anticipar riesgos, emitir advertencias tempranas y tomar decisiones preventivas antes de que ocurra una tragedia. La detección temprana de una grieta, un bloque de hielo inestable o un aumento rápido del nivel del agua puede servir para ganar un tiempo imprescindible para evacuar zonas vulnerables o reforzar infraestructuras.. Es, en cierto sentido, una evolución de la vigilancia: de inspecciones puntuales a monitorización continua y predictiva. Esa transformación es especialmente urgente en un mundo donde el retroceso glaciar no es una posibilidad futura, sino una realidad en marcha. Los glaciares alrededor del planeta (desde los Andes peruanos hasta los Alpes europeos y los Pirineos) sufren pérdidas de masa significativas debido a veranos más cálidos y precipitaciones cambiantes, con consecuencias directas para el suministro de agua, los ecosistemas y la estabilidad geológica.. El uso de drones en estas condiciones extremas representa también un avance tecnológico notable. Un sistema como el DJI Dock 3 no solo funciona en altitudes elevadas y frío intenso, sino que también opera con autonomía y robustez, aspectos cruciales cuando cada misión puede hacer la diferencia entre un desastre prevenido o una tragedia.. Además, el análisis de los datos capturados por drones no se detiene en la superficie. Con algoritmos y modelos tridimensionales, los científicos pueden estudiar la dinámica de los glaciares, entender cómo responden al clima y mejorar modelos predictivos que explican cómo evolucionará el paisaje helado bajo diferentes escenarios de cambio climático. Esa información no solo ayuda a proteger poblaciones humanas, sino que también enriquece el conocimiento global sobre glaciología, hidrología y cambio climático.. Así, la monitorización de glaciares con drones no es solo una herramienta nueva, sino un puente entre el conocimiento científico, la gestión del riesgo y la protección de vidas humanas. Y puede que, con estos sistemas en el aire, estemosun poco más preparados para enfrentar los desafíos de un clima en transformación.
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