Sentirse capaz de usar tecnologías en el aula es el factor que más influye a la hora de emplear las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) para enseñar a escribir, por encima de la disponibilidad de recursos o la formación técnica.. Esta es una de las principales conclusiones de un estudio liderado por investigadoras de la Universidad de León (ULe), que analiza cómo el profesorado utiliza las tecnologías en la enseñanza de la escritura en Primaria y Secundaria.. La investigación, que acaba de ser publicada en la revista científica internacional ‘Education Sciences’, se ha desarrollado desde el Departamento de Psicología, Sociología y Filosofía de la ULe, en colaboración con Llas universidades de Talca (Chile), Oporto (Portugal) y Oviedo.. El trabajo se basa en las respuestas de 360 docentes de Lengua y Literatura de centros educativos españoles y se centra en el uso real de las TIC para enseñar a escribir.. El estudio revela que, aunque las tecnologías están cada vez más presentes en los centros educativos, su uso en la enseñanza de la escritura sigue siendo limitado y poco transformador.. En las primeras etapas educativas, el profesorado recurre sobre todo a las tecnologías para trabajar aspectos básicos como la ortografía, la gramática o la presentación de contenidos, mientras que en Secundaria aumenta el uso de tecnologías para actividades más complejas, como la planificación de textos, la revisión o el análisis de géneros textuales.. Aun así, los investigadores advierten de que incluso en los cursos más avanzados el empleo de tecnologías para apoyar procesos clave de la escritura sigue siendo reducido.. Herramientas con un alto potencial educativo —como los espacios digitales de escritura, la retroalimentación en línea o la publicación de textos del alumnado— se utilizan de manera esporádica, especialmente en Primaria.. Uno de los aspectos más destacados del trabajo es la identificación de los factores que explican por qué algunos docentes integran más las tecnologías en su práctica que otros.. El análisis muestra que ni la disponibilidad de recursos tecnológicos ni el apoyo institucional resultan decisivos por sí solos. «La variable que realmente marca la diferencia es la autoeficacia docente», señala el estudio, entendida como la confianza del profesor en su propia capacidad para enseñar a escribir con apoyo de tecnologías.. En este sentido, los autores subrayan que muchos docentes cuentan con un nivel medio de competencia digital y trabajan en centros bien dotados desde el punto de vista tecnológico, pero no se sienten suficientemente preparados para aplicar esas tecnologías a una tarea tan compleja como la enseñanza de la escritura. Esta inseguridad limita el uso pedagógico de las TIC y favorece un empleo básicamente instrumental de las tecnologías.. La investigación también pone de relieve carencias en la formación específica del profesorado. Cerca del 70% de los docentes encuestados afirma no haber recibido ofertas de formación en tecnologías, y la formación existente se centra sobre todo en aspectos técnicos o metodológicos generales, dejando en segundo plano cómo utilizar las tecnologías para enseñar a planificar, revisar o mejorar textos escritos.. Según el equipo investigador, estos resultados apuntan a la necesidad de replantear las políticas de formación docente. Frente a los modelos centrados únicamente en dotación de recursos o certificación digital, el estudio aboga por programas formativos que refuercen la confianza profesional del profesorado y su capacidad para aplicar las tecnologías con un enfoque pedagógico en la enseñanza de la escritura.. «El reto no es solo incorporar tecnologías al aula, sino ayudar al profesorado a sentirse capaz de utilizarlas con sentido educativo» concluye el trabajo sobre uno de los principales desafíos del sistema educativo actual
Esta es una de las principales conclusiones de un estudio liderado por investigadoras de la Universidad de León (ULe) que revela que aunque las tecnologías están cada vez más presentes en los centros educativos, su uso en la enseñanza de la escritura sigue siendo limitado y poco transformador
Sentirse capaz de usar tecnologías en el aula es el factor que más influye a la hora de emplear las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) para enseñar a escribir, por encima de la disponibilidad de recursos o la formación técnica.. Esta es una de las principales conclusiones de un estudio liderado por investigadoras de la Universidad de León (ULe), que analiza cómo el profesorado utiliza las tecnologías en la enseñanza de la escritura en Primaria y Secundaria.. La investigación, que acaba de ser publicada en la revista científica internacional ‘Education Sciences’, se ha desarrollado desde el Departamento de Psicología, Sociología y Filosofía de la ULe, en colaboración con Llas universidades de Talca (Chile), Oporto (Portugal) y Oviedo.. El trabajo se basa en las respuestas de 360 docentes de Lengua y Literatura de centros educativos españoles y se centra en el uso real de las TIC para enseñar a escribir.. El estudio revela que, aunque las tecnologías están cada vez más presentes en los centros educativos, su uso en la enseñanza de la escritura sigue siendo limitado y poco transformador.. En las primeras etapas educativas, el profesorado recurre sobre todo a las tecnologías para trabajar aspectos básicos como la ortografía, la gramática o la presentación de contenidos, mientras que en Secundaria aumenta el uso de tecnologías para actividades más complejas, como la planificación de textos, la revisión o el análisis de géneros textuales.. Aun así, los investigadores advierten de que incluso en los cursos más avanzados el empleo de tecnologías para apoyar procesos clave de la escritura sigue siendo reducido.. Herramientas con un alto potencial educativo —como los espacios digitales de escritura, la retroalimentación en línea o la publicación de textos del alumnado— se utilizan de manera esporádica, especialmente en Primaria.. Uno de los aspectos más destacados del trabajo es la identificación de los factores que explican por qué algunos docentes integran más las tecnologías en su práctica que otros.. El análisis muestra que ni la disponibilidad de recursos tecnológicos ni el apoyo institucional resultan decisivos por sí solos. «La variable que realmente marca la diferencia es la autoeficacia docente», señala el estudio, entendida como la confianza del profesor en su propia capacidad para enseñar a escribir con apoyo de tecnologías.. En este sentido, los autores subrayan que muchos docentes cuentan con un nivel medio de competencia digital y trabajan en centros bien dotados desde el punto de vista tecnológico, pero no se sienten suficientemente preparados para aplicar esas tecnologías a una tarea tan compleja como la enseñanza de la escritura. Esta inseguridad limita el uso pedagógico de las TIC y favorece un empleo básicamente instrumental de las tecnologías.. La investigación también pone de relieve carencias en la formación específica del profesorado. Cerca del 70% de los docentes encuestados afirma no haber recibido ofertas de formación en tecnologías, y la formación existente se centra sobre todo en aspectos técnicos o metodológicos generales, dejando en segundo plano cómo utilizar las tecnologías para enseñar a planificar, revisar o mejorar textos escritos.. Según el equipo investigador, estos resultados apuntan a la necesidad de replantear las políticas de formación docente. Frente a los modelos centrados únicamente en dotación de recursos o certificación digital, el estudio aboga por programas formativos que refuercen la confianza profesional del profesorado y su capacidad para aplicar las tecnologías con un enfoque pedagógico en la enseñanza de la escritura.. «El reto no es solo incorporar tecnologías al aula, sino ayudar al profesorado a sentirse capaz de utilizarlas con sentido educativo» concluye el trabajo sobre uno de los principales desafíos del sistema educativo actual
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