Seguramente lo habrás probado alguna vez. Se trata de uno de los productos más típicos de Valladolid, lo sabrán los más golosos, pero lo que seguramente desconocen es que se viene elaborando desde hace más de 500 años. Y ahí sigue, más vigente que nunca. Una auténtica delicia.. Nos estamos refiriendo a los famosos mantecados de Portillo, también conocidos zomo zapatillas, y que son originarios y se siguen realizando en los obradores de esta localidad vallisoletana, ubicada en un cerro desde donde otea un flamante castillo. Se trata de dulces realizados de forma elíptica, con una generosa capa de azúcar que es lo que le da su color blanco característico, con un glaseado único.. Y es que la diferencia de otras recetas, que solo los espolvorean con azúcar, aquí se distinguen por un baño blanco que los hace único desde muchas generaciones. Un lugar mítico en la capital vallisoletana donde se degustaba esta delicia, acompañado por un buen vaso de vino era «El Penicilino», que echó el cierre hace unos años.. Existen varios documentos históricos que ya hacen referencia a estos mantecados encargados por las cofradías de las iglesias de la capital allá por el año 1499. Dicen que por aquellas época era un dulce para «cristianos», debido a que la materia prima con la que se elabora es manteca de cero, alimento prohibido por la cultura musulmana. Desde entonces, y en especial en el siglo XIX, estas pastas se han convertido en indispensables en las fiestas populares de la provincia.. Pero aparte del olor característico, la localidad cuenta con un castillo impresionante, que mezcla sobriedad y misterio. El edificio es el resultado final de la restauración requerida por el rey Enrique IV de Castilla en 1465 sobre una fábrica anterior del siglo XIV. Más tarde Alonso Pimentel, conde de Benavente levantó el adarve, abrió un foso y cavó un pozo. En la historia del castillo figura como tema importante y recurrente el arresto y prisión de Álvaro de Luna que pasó un tiempo recluido entre estas paredes antes de ser trasladado a Valladolid para su ejecución.. En el centro de este patio existe un famoso pozo que alumbra agua a una profundidad de 30 metros, al fondo del cual se llega mediante una escalera circular de 123 peldaños, original y única en su género, que se desarrolla alrededor del perímetro del pozo y desembocando. Un pozo sin fondo, como ha destacado la revista National Geoghapic.. Pero además, cuenta con varios monumentos que son dignos de interés como la Iglesia de Santa María la Mayor, construida en piedra en el siglo XVI o la de San Esteban, construida en la época medieval y reconstruida en el siglo XVIII.. Cuenta también con otras dos como la Iglesia de San Juan Bautista y la de de San Juan Evangelista de Arrabal, además de un par de ermitas del siglo XVI y XVII.. También llama la atención en la localidad otras construcciones como el Arco Grande, el Arco Pequeño, Los Aljibes, la Fuente Vieja o la Cruz del Pelicano. Una localidad, que no te dejará indiferente por la historia que rezuma y por la gastronomía que ofrece.
Se continúa elaborando en una localidad vallisoletana con la particularidad de su glaseado característico
Seguramente lo habrás probado alguna vez. Se trata de uno de los productos más típicos de Valladolid, lo sabrán los más golosos, pero lo que seguramente desconocen es que se viene elaborando desde hace más de 500 años. Y ahí sigue, más vigente que nunca. Una auténtica delicia.. Nos estamos refiriendo a los famosos mantecados de Portillo, también conocidos zomo zapatillas, y que son originarios y se siguen realizando en los obradores de esta localidad vallisoletana, ubicada en un cerro desde donde otea un flamante castillo. Se trata de dulces realizados de forma elíptica, con una generosa capa de azúcar que es lo que le da su color blanco característico, con un glaseado único.. Y es que la diferencia de otras recetas, que solo los espolvorean con azúcar, aquí se distinguen por un baño blanco que los hace único desde muchas generaciones. Un lugar mítico en la capital vallisoletana donde se degustaba esta delicia, acompañado por un buen vaso de vino era «El Penicilino», que echó el cierre hace unos años.. Existen varios documentos históricos que ya hacen referencia a estos mantecados encargados por las cofradías de las iglesias de la capital allá por el año 1499. Dicen que por aquellas época era un dulce para «cristianos», debido a que la materia prima con la que se elabora es manteca de cero, alimento prohibido por la cultura musulmana. Desde entonces, y en especial en el siglo XIX, estas pastas se han convertido en indispensables en las fiestas populares de la provincia.. Pero aparte del olor característico, la localidad cuenta con un castillo impresionante, que mezcla sobriedad y misterio. El edificio es el resultado final de la restauración requerida por el rey Enrique IV de Castilla en 1465 sobre una fábrica anterior del siglo XIV. Más tarde Alonso Pimentel, conde de Benavente levantó el adarve, abrió un foso y cavó un pozo. En la historia del castillo figura como tema importante y recurrente el arresto y prisión de Álvaro de Luna que pasó un tiempo recluido entre estas paredes antes de ser trasladado a Valladolid para su ejecución.. En el centro de este patio existe un famoso pozo que alumbra agua a una profundidad de 30 metros, al fondo del cual se llega mediante una escalera circular de 123 peldaños, original y única en su género, que se desarrolla alrededor del perímetro del pozo y desembocando. Un pozo sin fondo, como ha destacado la revista National Geoghapic.. Pero además, cuenta con varios monumentos que son dignos de interés como la Iglesia de Santa María la Mayor, construida en piedra en el siglo XVI o la de San Esteban, construida en la época medieval y reconstruida en el siglo XVIII.. Cuenta también con otras dos como la Iglesia de San Juan Bautista y la de de San Juan Evangelista de Arrabal, además de un par de ermitas del siglo XVI y XVII.. También llama la atención en la localidad otras construcciones como el Arco Grande, el Arco Pequeño, Los Aljibes, la Fuente Vieja o la Cruz del Pelicano. Una localidad, que no te dejará indiferente por la historia que rezuma y por la gastronomía que ofrece.
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