Junts se mueve para no quedar al margen de uno de los grandes debates de la legislatura: la reforma del modelo de financiación autonómica y la llamada financiación singular para Cataluña. Consciente de que este será un eje central del mandato y temerosa de que ERC capitalice políticamente el acuerdo alcanzado con el Gobierno, la formación de Carles Puigdemont insta a los republicanos a rechazar el actual pacto y a sumar fuerzas para negociar un auténtico concierto económico.. Desde que ERC y el Ejecutivo de Pedro Sánchez presentaron el nuevo modelo, Junts ha cargado duramente contra su contenido. Considera que está muy lejos de lo que los republicanos habían prometido —un concierto equiparable al vasco— y ha advertido de que, cuando la reforma llegue al Congreso, no apoyará ningún texto que no se asemeje a un sistema de cupo como el que rige en Euskadi. En este contexto, Junts ha acusado a ERC de haber rebajado sus exigencias, de actuar con una mentalidad autonomista y de haber vendido a su militancia un acuerdo sobredimensionado a cambio de la investidura de Salvador Illa.. Pese a la contundencia del discurso oficial, dentro del entorno de Junts han emergido voces que apuestan por una estrategia más pragmática. Dirigentes como Jaume Giró, Xavier Trias o el expresidente Artur Mas han defendido públicamente que, aunque el nuevo modelo es claramente insuficiente, supone un avance relevante: cerca de 5.000 millones de euros adicionales para Cataluña. Una mejora que, sostienen, tendría un impacto directo en los servicios públicos y que haría muy difícil de explicar un voto en contra por parte del independentismo.. Esta dualidad sitúa a Junts en una encrucijada política. Si apoya el acuerdo actual, avala un logro impulsado por ERC y refuerza el relato de que una de las reivindicaciones históricas del independentismo —más recursos para Cataluña— ha llegado de la mano de los republicanos. Si lo rechaza, evita que ERC capitalice el éxito, pero a costa de bloquear una mejora sustancial de la financiación catalana, una decisión políticamente compleja de justificar ante su parroquia.. Ante este dilema, Junts ha optado por una tercera vía: presionar a ERC para que dé un paso atrás y se sume a una negociación conjunta por el concierto económico. La tesis es clara: unir fuerzas en Madrid para maximizar la capacidad de presión del independentismo aprovechando la debilidad parlamentaria del Gobierno.. El secretario general de Junts, Jordi Turull, insistió este jueves en esta estrategia y reclamó a ERC un frente común para lograr el concierto económico. Según defendió, su partido está dispuesto a hablar con quien haga falta y sin condiciones previas, siempre que el objetivo compartido sea alcanzar un sistema de financiación propio. A su juicio, la coyuntura parlamentaria y el trámite de la reforma ofrecen una oportunidad que no debería desaprovecharse.. Turull apeló a no negociar desde la resignación y subrayó que actuar de forma coordinada permitiría sumar fuerzas en el Congreso: catorce diputados en lugar de dos bloques de siete actuando por separado. En esa línea, sostuvo que la supervivencia del Gobierno no puede anteponerse a los intereses de Cataluña y pidió abordar el debate con una perspectiva a largo plazo. Así, mientras el acuerdo de financiación avanza, Junts intenta reconfigurar el tablero para no quedar relegado de la gran carpeta de la legislatura y para forzar una negociación que le permita mantener la bandera del concierto económico como horizonte irrenunciable del independentismo.
El partido de Puigdemont teme quedar al margen del gran debate de la legislatura y reclama un frente común independentista
Junts se mueve para no quedar al margen de uno de los grandes debates de la legislatura: la reforma del modelo de financiación autonómica y la llamada financiación singular para Cataluña. Consciente de que este será un eje central del mandato y temerosa de que ERC capitalice políticamente el acuerdo alcanzado con el Gobierno, la formación de Carles Puigdemont insta a los republicanos a rechazar el actual pacto y a sumar fuerzas para negociar un auténtico concierto económico.. Desde que ERC y el Ejecutivo de Pedro Sánchez presentaron el nuevo modelo, Junts ha cargado duramente contra su contenido. Considera que está muy lejos de lo que los republicanos habían prometido —un concierto equiparable al vasco— y ha advertido de que, cuando la reforma llegue al Congreso, no apoyará ningún texto que no se asemeje a un sistema de cupo como el que rige en Euskadi. En este contexto, Junts ha acusado a ERC de haber rebajado sus exigencias, de actuar con una mentalidad autonomista y de haber vendido a su militancia un acuerdo sobredimensionado a cambio de la investidura de Salvador Illa.. Pese a la contundencia del discurso oficial, dentro del entorno de Junts han emergido voces que apuestan por una estrategia más pragmática. Dirigentes como Jaume Giró, Xavier Trias o el expresidente Artur Mas han defendido públicamente que, aunque el nuevo modelo es claramente insuficiente, supone un avance relevante: cerca de 5.000 millones de euros adicionales para Cataluña. Una mejora que, sostienen, tendría un impacto directo en los servicios públicos y que haría muy difícil de explicar un voto en contra por parte del independentismo.. Esta dualidad sitúa a Junts en una encrucijada política. Si apoya el acuerdo actual, avala un logro impulsado por ERC y refuerza el relato de que una de las reivindicaciones históricas del independentismo —más recursos para Cataluña— ha llegado de la mano de los republicanos. Si lo rechaza, evita que ERC capitalice el éxito, pero a costa de bloquear una mejora sustancial de la financiación catalana, una decisión políticamente compleja de justificar ante su parroquia.. Ante este dilema, Junts ha optado por una tercera vía: presionar a ERC para que dé un paso atrás y se sume a una negociación conjunta por el concierto económico. La tesis es clara: unir fuerzas en Madrid para maximizar la capacidad de presión del independentismo aprovechando la debilidad parlamentaria del Gobierno.. El secretario general de Junts, Jordi Turull, insistió este jueves en esta estrategia y reclamó a ERC un frente común para lograr el concierto económico. Según defendió, su partido está dispuesto a hablar con quien haga falta y sin condiciones previas, siempre que el objetivo compartido sea alcanzar un sistema de financiación propio. A su juicio, la coyuntura parlamentaria y el trámite de la reforma ofrecen una oportunidad que no debería desaprovecharse.. Turull apeló a no negociar desde la resignación y subrayó que actuar de forma coordinada permitiría sumar fuerzas en el Congreso: catorce diputados en lugar de dos bloques de siete actuando por separado. En esa línea, sostuvo que la supervivencia del Gobierno no puede anteponerse a los intereses de Cataluña y pidió abordar el debate con una perspectiva a largo plazo. Así, mientras el acuerdo de financiación avanza, Junts intenta reconfigurar el tablero para no quedar relegado de la gran carpeta de la legislatura y para forzar una negociación que le permita mantener la bandera del concierto económico como horizonte irrenunciable del independentismo.
Noticias de Cataluña en La Razón
