Para la mayoría de los seres humanos el acto de empezar los deberes es un desafío. Ya no hablamos solo de los más pequeños, que prefieren ver la tele o jugar antes que hacer su tarea de matemáticas, sino también de los adultos que posponen todo lo necesario para llegar a sus objetivos. Estudiar, limpiar, leer, hacer deporte, son cosas que pocos pueden conseguir sin antes pasarse una buena hora en redes sociales, por ejemplo.. Durante mucho tiempo se ha considerado un problema de motivación, o al menos así lo recoge El País, sin incentivos suficientes para completar una tarea, nuestro cerebro opta por lo que le produce placer. Sin embargo, la respuesta ahora podría estar en un área en concreto de nuestro sistema nervioso. Un grupo de científicos, liderados por Ken-Ichi Amemori, de la Universidad de Kioto, ha publicado un artículo en la revista Current Biology, sobre cómo funciona la procrastinación.. ¿Por qué procrastinamos?. Los investigadores trabajaron con monos, pues su sistema motivacional se parece al de los humanos. Estos animales fueron sometidos a una prueba de dos partes. En la primera, podían accionar dos palancas para recibir diferentes cantidades de agua, midiendo la implicación de cada palanca en su motivación. En la segunda parte debían elegir entre beber un pequeño sorbo o uno grande pero acompañado de un soplo de aire en la cara que les generaba incomodidad.. El experimento confirmó que los monos evaluaban las desventajas de recibir el soplo de aire para comprender si valía la pena tomar más cantidad de agua o conformarse con el trago pequeño. Así se identificó el circuito cerebral que frena la motivación, una conexión entre el estriado ventral (EV) y el pálido ventral (PV), que se encuentran en los ganglios basales, una parte profunda del cerebro donde ocurren el placer o la motivación, según recoge El País.. Los sistemas EV-PV (VS-VP por sus siglas en inglés) configuran dos procesos distintos en el cerebro. Uno se encarga de hacer cálculos: valorar si merece la pena hacer algo comparando la recompensa que podemos obtener con el esfuerzo o el malestar que supone. El otro decide si, aun sabiendo que merece la pena, nos ponemos en marcha o no. Estos dos mecanismos existen desde hace millones de años.. Cuando anticipamos que una tarea será incómoda, difícil o emocionalmente dura, se activa una zona del cerebro llamada estriado ventral. Esta área no piensa en el premio final, sino que funciona como una señal de alerta frente al esfuerzo o el malestar. En cambio, el pálido ventral actúa como un botón de encendido, es el que nos permite empezar a actuar y mantener esa acción en el tiempo.. Cómo resolver la procrastinación, según la ciencia. Normalmente, pensamos que, para activarnos, basta con prometernos una gran recompensa, recordarnos lo importante que es una tarea o meternos presión. Pero todo eso solo afecta a cuánto valor creemos que tiene lo que vamos a hacer. No elimina el «freno» mental que nos invita a procrastinar. Según Amemori, cuando el problema está en arrancar, suele ser más útil reducir aquello que nos bloquea que aumentar premios o incentivos.. En este contexto, estrategias como dividir una tarea grande en pasos pequeños, o minimizar la sensación de estar siendo evaluado, pueden ayudar a desaparecer el bloqueo. El investigador también advierte que un entorno lleno de estrés, interrupciones constantes, correos y notificaciones puede mantener activado de forma continua el circuito cerebral que detecta lo desagradable o amenazante.
Un grupo de investigadores japoneses encontró, en nuestro sistema nervioso, un circuito llamado VS-VP que podría estar causando que pospongamos las tareas.
Para la mayoría de los seres humanos el acto de empezar los deberes es un desafío. Ya no hablamos solo de los más pequeños, que prefieren ver la tele o jugar antes que hacer su tarea de matemáticas, sino también de los adultos que posponen todo lo necesario para llegar a sus objetivos. Estudiar, limpiar, leer, hacer deporte, son cosas que pocos pueden conseguir sin antes pasarse una buena hora en redes sociales, por ejemplo.. Durante mucho tiempo se ha considerado un problema de motivación, o al menos así lo recoge El País, sin incentivos suficientes para completar una tarea, nuestro cerebro opta por lo que le produce placer. Sin embargo, la respuesta ahora podría estar en un área en concreto de nuestro sistema nervioso. Un grupo de científicos, liderados por Ken-Ichi Amemori, de la Universidad de Kioto, ha publicado un artículo en la revista Current Biology, sobre cómo funciona la procrastinación.. ¿Por qué procrastinamos?. Los investigadores trabajaron con monos, pues su sistema motivacional se parece al de los humanos. Estos animales fueron sometidos a una prueba de dos partes. En la primera, podían accionar dos palancas para recibir diferentes cantidades de agua, midiendo la implicación de cada palanca en su motivación. En la segunda parte debían elegir entre beber un pequeño sorbo o uno grande pero acompañado de un soplo de aire en la cara que les generaba incomodidad.. El experimento confirmó que los monos evaluaban las desventajas de recibir el soplo de aire para comprender si valía la pena tomar más cantidad de agua o conformarse con el trago pequeño. Así se identificó el circuito cerebral que frena la motivación, una conexión entre el estriado ventral (EV) y el pálido ventral (PV), que se encuentran en los ganglios basales, una parte profunda del cerebro donde ocurren el placer o la motivación, según recoge El País.. Los sistemas EV-PV (VS-VP por sus siglas en inglés) configuran dos procesos distintos en el cerebro. Uno se encarga de hacer cálculos: valorar si merece la pena hacer algo comparando la recompensa que podemos obtener con el esfuerzo o el malestar que supone. El otro decide si, aun sabiendo que merece la pena, nos ponemos en marcha o no. Estos dos mecanismos existen desde hace millones de años.. Cuando anticipamos que una tarea será incómoda, difícil o emocionalmente dura, se activa una zona del cerebro llamada estriado ventral. Esta área no piensa en el premio final, sino que funciona como una señal de alerta frente al esfuerzo o el malestar. En cambio, el pálido ventral actúa como un botón de encendido, es el que nos permite empezar a actuar y mantener esa acción en el tiempo.. Cómo resolver la procrastinación, según la ciencia. Normalmente, pensamos que, para activarnos, basta con prometernos una gran recompensa, recordarnos lo importante que es una tarea o meternos presión. Pero todo eso solo afecta a cuánto valor creemos que tiene lo que vamos a hacer. No elimina el «freno» mental que nos invita a procrastinar. Según Amemori, cuando el problema está en arrancar, suele ser más útil reducir aquello que nos bloquea que aumentar premios o incentivos.. En este contexto, estrategias como dividir una tarea grande en pasos pequeños, o minimizar la sensación de estar siendo evaluado, pueden ayudar a desaparecer el bloqueo. El investigador también advierte que un entorno lleno de estrés, interrupciones constantes, correos y notificaciones puede mantener activado de forma continua el circuito cerebral que detecta lo desagradable o amenazante.
