Han terminado las vacaciones navideñas y los miembros de la familia real británica han vuelto al trabajo. En el caso de Carlos III de Inglatrerra, con el mismo objetivo en mente que cuando se convirtió en rey, hace alrededor de tres años y medio. En aquel momento, multitud de fuentes internas dejaban claro cuál era la gran labor que el monarca se había autoimpuesto y por la que quería ser recordado durante su tiempo en el trono: el de unas cuentas saneadas y la consecución de nuevos ingresos que no supusieran ninguna polémica para la familia real británica.. A pesar de que le ha tocado vivir unos tiempos convulsos en lo que se refiere a la popularidad de los miembros de La Firma, en especial a cuenta de su hermano, Andrés Mountbatten-Windsor, y su exesposa, Sarah Ferguson, y, en menor medida, de su hijo pequeño, el príncipe Harry, así como de salud, debido a sendos cánceres que han padecido tanto él mismo como su nuera, Kate Middleton, sigue empeñado en que se actualicen a los nuevos tiempos las ganancias y los números que manejan desde Buckingham Palace.. De ahí que después de haber abierto al público varios de los palacios reales que posee la casa real, así como la posibilidad de alquilar algunos de los bungalós y cabañas de Balmoral para uso turístico, su siguiente paso ha sido el de actualizar cómo percibe el dinero su propia organización, The King’s Foundation, que constituyó en 1990. Y para ello sus ojos se han centrado en Escocia. En concreto, en Dumfries House.. Se trata, como explican desde Vanity Fair, de una finca del siglo XVIII al este de la ciudad de Ayr que el entonces príncipe de Gales adquirió en 2007 tras el pago de 45 millones de libras —que hoy serían unos 52 millones de euros— para que su valiosa colección interna, especialmente el mobiliario, no se perdiese. Los esfuerzos de Carlos III desde entonces han estado destinados no solo a su preservación, sino a que la propiedad sea autosuficiente. Y, con ello en mente, ha ideado una nueva fórmula: constituir dentro de la misma un espacio destinado a eventos de lujo, ya sean bodas, banquetes, actos benéficos o institucionales, que se convierta en un ejemplo no solo a nivel escocés, sino internacional.. El área, de hecho, ya ha sido bautizada en su honor, The King’s Hall («El salón del rey», en español) y, como se puede leer en la web oficial de la citada fundación, se espera que abra sus puertas «para el verano de 2027», posiblemente en julio, así como que «tendrá capacidad para eventos de hasta 200 invitados», dado que en mitad de sus vastos jardines se prevé construir un edificio de 430 metros cuadrados con el que se va a reemplazar la carpa que hasta ahora se usaba. Se incide, asimismo, en que los ingresos irán destinados a continuar la labor filantrópica de The King’s Foundation, que precisamente tiene su sede en Dumfries House.. El proyecto, que, como muestran las imágenes compartidas, el rey ha estado siguiendo desde su planificación —de hecho ya ha visitado incluso el lugar para saber de primera mano todos los detalles de la futura construcción—, busca ampliar el ala este de la finca. Lo hará, además, respetando sus cerca de 300 años de antigüedad al utilizar igualmente materiales de origen local. Así, en el exterior, el edificio tendrá una fachada de arenisca escocesa, en la que destacarán sus grandes ventanales y un lucernario en el techo abovedado; en el interior, la distinción llegará gracias a una decoración basada en tonos blancos y cremas, con mesas y sillas de madera de estilo nórdico.. «Nuestra ambición es que The King’s Hall se convierta en un lugar de referencia para bodas de lujo y eventos privados de alto nivel tanto en el mercado nacional como en el resto del mundo», ha explicado al Daily Mail Evan Samson, gerente general de Dumfries House, que se construyó entre 1754 y 1759 para William Crichton-Dalrymple, quinto conde de Dumfries, siendo Robert Adam el arquitecto principal, si bien en 1890 vivió una ampliación bajo la dirección de Robert Weir-Schultz. La compra del entonces príncipe Carlos, como él mismo admitió, fue de un «tremendo riesgo», si bien aseguró que con ello también buscaba revitalizar no solo la propiedad, sino la vida de la comunidad local y de sus vecinos.. De hecho, durante la década posterior se rodó un documental, que la cadena ITV emitió en 2022 bajo el título A Royal Grand Design, en el que se explicaba la restauración minuciosa del mobiliario y de la finca bajo la supervisión del hijo de Isabel II, en el que afirmó ser «ambicioso», y hacer apuntes de detalles como el tipo de fuente que mejor funcionaría para un tipo de ladrillo belga hasta debatir sobre el destino de un sicomoro de alrededor de tres siglos de vida del jardín.
Han terminado las vacaciones navideñas y los miembros de la familia real británica han vuelto al trabajo. En el caso de Carlos III de Inglatrerra, con el mismo objetivo en mente que cuando se convirtió en rey, hace alrededor de tres años y medio. En aquel momento, multitud de fuentes internas dejaban claro cuál era la gran labor que el monarca se había autoimpuesto y por la que quería ser recordado durante su tiempo en el trono: el de unas cuentas saneadas y la consecución de nuevos ingresos que no supusieran ninguna polémica para la familia real británica.. A pesar de que le ha tocado vivir unos tiempos convulsos en lo que se refiere a la popularidad de los miembros de La Firma, en especial a cuenta de su hermano, Andrés Mountbatten-Windsor, y su exesposa, Sarah Ferguson, y, en menor medida, de su hijo pequeño, el príncipe Harry, así como de salud, debido a sendos cánceres que han padecido tanto él mismo como su nuera, Kate Middleton, sigue empeñado en que se actualicen a los nuevos tiempos las ganancias y los números que manejan desde Buckingham Palace.. De ahí que después de haber abierto al público varios de los palacios reales que posee la casa real, así como la posibilidad de alquilar algunos de los bungalós y cabañas de Balmoral para uso turístico, su siguiente paso ha sido el de actualizar cómo percibe el dinero su propia organización, The King’s Foundation, que constituyó en 1990. Y para ello sus ojos se han centrado en Escocia. En concreto, en Dumfries House.. Se trata, como explican desde Vanity Fair, de una finca del siglo XVIII al este de la ciudad de Ayr que el entonces príncipe de Gales adquirió en 2007 tras el pago de 45 millones de libras —que hoy serían unos 52 millones de euros— para que su valiosa colección interna, especialmente el mobiliario, no se perdiese. Los esfuerzos de Carlos III desde entonces han estado destinados no solo a su preservación, sino a que la propiedad sea autosuficiente. Y, con ello en mente, ha ideado una nueva fórmula: constituir dentro de la misma un espacio destinado a eventos de lujo, ya sean bodas, banquetes, actos benéficos o institucionales, que se convierta en un ejemplo no solo a nivel escocés, sino internacional.. El área, de hecho, ya ha sido bautizada en su honor, The King’s Hall («El salón del rey», en español) y, como se puede leer en la web oficial de la citada fundación, se espera que abra sus puertas «para el verano de 2027», posiblemente en julio, así como que «tendrá capacidad para eventos de hasta 200 invitados», dado que en mitad de sus vastos jardines se prevé construir un edificio de 430 metros cuadrados con el que se va a reemplazar la carpa que hasta ahora se usaba. Se incide, asimismo, en que los ingresos irán destinados a continuar la labor filantrópica de The King’s Foundation, que precisamente tiene su sede en Dumfries House.. El proyecto, que, como muestran las imágenes compartidas, el rey ha estado siguiendo desde su planificación —de hecho ya ha visitado incluso el lugar para saber de primera mano todos los detalles de la futura construcción—, busca ampliar el ala este de la finca. Lo hará, además, respetando sus cerca de 300 años de antigüedad al utilizar igualmente materiales de origen local. Así, en el exterior, el edificio tendrá una fachada de arenisca escocesa, en la que destacarán sus grandes ventanales y un lucernario en el techo abovedado; en el interior, la distinción llegará gracias a una decoración basada en tonos blancos y cremas, con mesas y sillas de madera de estilo nórdico.. «Nuestra ambición es que The King’s Hall se convierta en un lugar de referencia para bodas de lujo y eventos privados de alto nivel tanto en el mercado nacional como en el resto del mundo», ha explicado al Daily Mail Evan Samson, gerente general de Dumfries House, que se construyó entre 1754 y 1759 para William Crichton-Dalrymple, quinto conde de Dumfries, siendo Robert Adam el arquitecto principal, si bien en 1890 vivió una ampliación bajo la dirección de Robert Weir-Schultz. La compra del entonces príncipe Carlos, como él mismo admitió, fue de un «tremendo riesgo», si bien aseguró que con ello también buscaba revitalizar no solo la propiedad, sino la vida de la comunidad local y de sus vecinos.. De hecho, durante la década posterior se rodó un documental, que la cadena ITV emitió en 2022 bajo el título A Royal Grand Design, en el que se explicaba la restauración minuciosa del mobiliario y de la finca bajo la supervisión del hijo de Isabel II, en el que afirmó ser «ambicioso», y hacer apuntes de detalles como el tipo de fuente que mejor funcionaría para un tipo de ladrillo belga hasta debatir sobre el destino de un sicomoro de alrededor de tres siglos de vida del jardín.
