Hay gestos inconscientes que delatan la verdad. Movimientos corporales, expresiones faciales que se propulsan desde la emoción, sin que dé tiempo a controlarlas. Es la comunicación no verbal. Pequeñas acciones del cuerpo que se suceden de manera involuntaria y que hablan, sin querer, de lo que acontece. Sin embargo, resulta curioso que todas esas microexpresiones puedan servir para justificar la existencia de “una amenaza inminente” y, en consecuencia, la legítima defensa en un asesinato.. Seguir leyendo
La defensa del hombre discapacitado que apuñaló a un profesor chileno en un bar en 2023 aduce que tuvo una sensación de “amenaza inminente”, que justifica con un informe de comunicación no verbal
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Hay gestos inconscientes que delatan la verdad. Movimientos corporales, expresiones faciales que se propulsan desde la emoción, sin que dé tiempo a controlarlas. Es la comunicación no verbal. Pequeñas acciones del cuerpo que se suceden de manera involuntaria y que hablan, sin querer, de lo que acontece. Sin embargo, resulta curioso que todas esas microexpresiones puedan servir para justificar la existencia de “una amenaza inminente” y, en consecuencia, la legítima defensa en un asesinato.. En el caso del crimen de Batán, el profesor José Javier Torregrosa, director del Máster de Comunicación No VerbalCientífica y Comportamiento Humano en la Universidad de Alicante, ha detectado un total de 32 gestos clave. Toda una serie de “ítems” grabados por las cámaras del local la noche del 22 de diciembre de 2023, en el momento en el que se produjo la muerte de Sebastián Bello, de 35 años, en el bar The Batan & Co, en el 13 de la calle San Juan de Mata de Madrid.. La Fiscalía pide 22 años de cárcel para el acusado, Daniel Ávila, al considerar que se trata de un asesinato con alevosía. La defensa, por su parte, solicita la inimputabilidad por la discapacidad que sufre el autor confeso del crimen y, en su defecto, que se considere un homicidio imprudente y se le apliquen todos los atenuantes para reducir al máximo la pena.. La secuencia de gestos analizada por el profesor Torregrosa refleja, a su entender, emociones de ira, enfado, desprecio y asco. Los sentimientos que, asegura, debió de sentir la víctima, un profesor chileno de 35 años que aquel 22 de diciembre había hecho escala en Madrid con su novia desde Londres, donde vivían. Habían aprovechado para hacer turismo por la capital y al día siguiente iban a volar a Santiago de Chile para pasar la Navidad con su familia.. Pero la navaja de Ávila, que le habían regalado el día anterior a los hechos por su 37 cumpleaños, de nueve centímetros de hoja, acabada en punta y con cachas de madera, acabó incrustada mortalmente en la yugular de Bello. Eran las 23.04, según la hora de la cámara del local que registró la agresión mortal. Bello había entrado solo al bar porque había decidido tomarse la última mientras su chica se volvía al hotel.. En las imágenes reproducidas en el juicio con jurado popular que se ha seguido esta semana en la Audiencia Provincial de Madrid, se ve a Ávila con unos amigos en la barra del bar tomando unas cervezas. Él está sentado en un taburete y, a ambos lados, acodados sobre el mostrador de aluminio, están su amiga Raquel y la pareja de esta, amigo y de nombre también Daniel. Hace años que Raquel sabe que Ávila está enamorado de ella. Él se lo había confesado en más de una ocasión, aunque sabe que su amor es imposible.. En el vídeo (sin sonido) analizado por el profesor Torregrosa, de una media hora de duración, no se ve la muleta, pese a que Ávila asegura que la necesita para caminar, ya que tiene reconocida una discapacidad de un 43% debido al sufrimiento que tuvo al nacer, en el momento del parto. Como consecuencia de aquello, tiene una especie de hemiparesia en el lado derecho del cuerpo, acompañada de escasa visión en ese ojo y mala audición en ese oído. Y usa bastón para tirar de la pierna derecha.. En los primeros momentos del vídeo, la conversación parece relajada y normal. Incluso se ve a Ávila dándole un fuerte abrazo a Raquel. A eso de las 22.30 entra Bello por la puerta del local, con un abrigo de cuadros, tipo leñador. Se acerca a la barra por el lado del novio de Raquel y parece entablar una conversación casual con él. Al rato, Bello está hablando ya con los tres y porta dos botellas de cerveza, una en cada mano, de las que bebe indistintamente. Raquel le extiende la mano para presentarse y, en el nuevo grupo de cuatro, el ambiente parece de desenfado.. “Don Sebastián Bello mantiene hacia Daniel Ávila una conducta no verbal reiterada y progresiva compatible con actitud y señales de amenaza e inminente confrontación”, recoge Torregrosa en su informe, en el que no analiza, sin embargo, la comunicación no verbal de Ávila porque la visión que ofrece la grabación de él no es suficiente para realizar un diagnóstico fiable, aseguró en la sala. “Se observan de forma sostenida expresiones faciales de ira y desprecio, entre otros, mirada directa y mantenida, orientación corporal directa, rotativa y posición de cabeza de inminente acercamiento hacia Ávila, así como elevación del mentón y reducción de la distancia corporal”, señala en su estudio.. Bar Batán, donde ocurrieron los hechos.JUAN BARBOSA. La tensión comienza a palparse cuando Bello cubre con su brazo a Raquel por la espalda. Ávila le marca y le retira el brazo de encima de quien, para él, es algo más que una amiga; y a la que —según él— su novio no defiende. Los tres amigos coincidieron en que, en un momento dado, Bello dice que quiere “follarse a Raquel” y comienza a planear en el ambiente la idea de hacer un trío con insinuaciones sexuales subidas de tono.. Hasta en cinco ocasiones Bello va y viene del grupo a la barra y viceversa con sus dos cervezas en sendas manos. “Está muy pesado”, asumen los amigos, y “bastante bebido”. Raquel propone que se vayan. No lo hacen porque quieren acabarse las cervezas tranquilamente. Pero la situación ya es visiblemente incómoda.. La última vez que Bello se acerca al grupo de amigos, lo hace dirigiéndose directamente a Ávila. Son las 23.03 de la noche. “Me dijo que saliera fuera, que me iba a dar dos hostias”, declaró Ávila en la sala. En el minuto y medio siguiente, el estudio de Torregrosa recoge 32 “ítems amenazantes”, movimientos musculares inconscientes del rostro y el cuerpo de Bello: “Expresión de ira”, “rotativo izquierdo de acercamiento inminente”, “incremento rotativo izquierdo”, “mirada directa y sostenida”, “expresión de desprecio con soberbia”, “distancia íntima”, “cabeza direccionada”… Y en un momento determinado, la sensación de que puede producirse una agresión es común, porque el novio de Raquel se interpone entre Bello y Ávila. Ni por esas. Ávila saca la navaja de su bolsillo izquierdo, con su mano izquierda la abre, sin que nadie perciba ese gesto, y en un momento dado se baja del taburete, encara a Bello, levanta el brazo por encima de su amigo y le clava la navaja en el cuello.. Segundos después, el desconcierto es total. Ávila se queda como paralizado, con la navaja en alto: “He sido yo”, dice al dueño del local, que gritó. Sus dos amigos desaparecen. Y Bello se lleva la mano al cuello, incrédulo, mientras otros clientes del local tratan de taponarle una herida por la que brota sangre a borbotones.. La fiscal no ve la “amenaza inminente” que señala el estudio del profesor Torregrosa y, además, aduce que había otras muchas opciones posibles ante las incomodidades o molestias ocasionadas por un pesado en un bar (“advertir al dueño del local, cambiarse de sitio, irse, llamar a la policía…”); y entiende la representante del ministerio público que el ataque es sorpresivo y, en tanto que impide la posibilidad de defensa de la víctima, alevoso.. La defensa, sin embargo, considera que no se puede considerar que Ávila es “una persona normal”, porque su minusvalía le otorga una vulnerabilidad que le lleva a sufrir un ataque de pánico cuando se siente amenazado: “Él sabe que no puede correr”. Y ese ataque de pánico o “miedo insuperable”, aduce la defensa, sumado a su diagnóstico de depresión y a la prescripción médica de antipsicóticos que tenía el acusado, le genera un “trastorno explosivo intermitente”, una “visión de túnel” y “una disociación”, por lo que se debería valorar su imputabilidad y, en su defecto, que los hechos constituyen un homicidio imprudente.. “Estaba fuera de mí”, dijo Ávila, que mostró arrepentimiento y pidió perdón a la familia de Bello en su derecho a la última palabra. Ahora es el jurado el que, teniendo a su disposición las imágenes de los hechos, deberá valorar todas las interpretaciones, los 32 gestos y las testificales de testigos y peritos para emitir su veredicto.
