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  Cultura  Yerai Cortés: «Lo he aprendido todo de la comunión que se respira en los tablaos»
Cultura

Yerai Cortés: «Lo he aprendido todo de la comunión que se respira en los tablaos»

23 de marzo de 2026
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El nuevo disco de Yerai Cortés (Alicante, 1995), que lleva por título «Popular» y verá la luz a mediados de abril, está compuesto de 13 temas nacidos a raíz de lo que es un cataclismo para un guitarrista: una lesión de mano. Eso le obligó a ponerse a crear ajeno a su herramienta de trabajo y a adentrarse en espacios que trascienden el instrumento que le ha dado popularidad y éxito, como la escritura de todas las letras. Cuando este artista se arranca a hablar es difícil saber si te sorprende más la claridad con la que se expresa o la naturalidad con la que aborda cada cuestión, lejos de la proverbial timidez que acompaña a la mayoría de sus colegas. Es, estoy seguro que a su pesar, el guitarrista de moda (atesora dos premios Goya) y todas las miradas están puestas en él. ¿Eso es una responsabilidad añadida cuando se publica un nuevo disco o intenta vivir ajeno a ese ruido de fondo? «Cuando dices lo de tener todas las miradas puestas en ti es inevitable pensar que vienes de hacer algo chulo –explica–. En mi caso, el disco que sale de la película de Pucho [C. Tangana, “La guitarra flamenca de Yerai Cortés”], que está muy bien armado, suena increíble, y es inevitable pensar, ya digo, que lo que venga tiene que estar como poco a ese nivel. Eso es una cosa personal, un reto, porque siempre quieres mejorar y aprender cosas nuevas y usarlas dentro de tu música. Pero también es cierto que en este disco la manera de componer fue tan especial y tan particular que nació de la cero pretensión, porque no podía tocar la guitarra. Cuando empecé a componerlo era como “mira, voy a hacer lo que pueda. No puedo tener la presión de que esté a la altura del anterior porque es que ahora mismo no tengo la guitarra ni la mano para poder tocarla”. Se trataba de escribir canciones y probar maneras distintas de llegar a conectar con el arte desde otros lugares, con lo cual ha sido descubrir y descubrir y descubrir. Y cuando me recuperé –añade–, me di cuenta de que había pocos huecos para la guitarra y que había desarrollado una rama, un artista y una forma de expresarme que antes no tenía. La verdad es que estoy bastante expectante por ver cuál va a ser la respuesta, porque ahora yo acompaño a mi música y no me siento el prota. Es como que la guitarra pasa a un segundo plano, y eso es muy guay. Toco el piano, hago cosas que no había hecho antes. Me he lucrado de las cosas que se me dan bien y de las que no se me dan tan bien para favorecer el mensaje y la narrativa del disco».. «Parar es necesario para los artistas, pero también para los que no se dedican al arte». Se podría decir que su nuevo disco nace del dolor, pero esa lesión lo obligó a parar y a tener tiempo para pensar; algo imprescindible en un artista, que debe empaparse y nutrirse de sensaciones nuevas: «Sí, lo de parar es necesario para los artistas, pero también para los que no se dedican al arte. Tomar aliento, coger aire y volver a arrancar es increíble. En mi caso no fue una decisión, sino que me vino y lo tuve que hacer por cojones, no había otra forma. Pero luego me di cuenta de que no había parado. Prácticamente la mitad del disco estaba compuesto en esos seis o siete meses que estuve con la venda, y luego ya, cuando empecé a recuperarme, metí la guitarra. Ha sido un parar para encontrarte, estar en casa, construirte desde otro sitio. Pero ha sido muy bonito porque descubres cosas tuyas distintas. Cuando te quitan tu herramienta, de repente eres como una persona que se jubila y empieza a cuidar los tomates del huerto y a jugar con los nietos y tienes muchas cosas que hacer al día. Y me entretuve mucho haciendo canciones y paellas».. «Farruquito y Rocío Molina han sido mis dos pilares a la hora de construirme como solista». Ligado al baile. Hijo de guitarrista, Yerai se formó desde niño tocando en los tablaos. Ese mundo, y el del vértigo de los teatros, en donde se soltó como guitarrista de acompañamiento para el baile, han sido su universidad: «He aprendido un montón en los tablaos –afirma–. En un tablao te puedes fijar en uno y aprender de una sola persona, pero lo que sucede allí es que cuando todo el mundo se junta, se crea algo superespecial. Lo he aprendido todo de los cuadros de los tablaos, pero no solo del que baila o del que canta, sino de la comunión que se respira, de todos los artistas que intervienen. Luego, empecé a salir del tablao y a trabajar en teatros y a hacer música para espectáculos de baile de Farruquito y de Rocío Molina, que han sido mis dos pilares a la hora de construirme como músico solista. Yo he hecho música siempre para el baile, para el acompañamiento, y trabajé justo con los dos y casi a la par porque empecé con Farruquito, pero a los dos años o así curré con Rocío y estuve girando con ellos a la vez. Y es curioso, porque uno es el más purista del planeta y el defensor de lo tradicional y el rey del flamenco, y la otra es la misma reina, pero de la danza contemporánea. Y creo que esas dos cosas han calado en mí, el tener que coexistir con esos dos mundos». Yerai ha encontrado en C. Tangana un alma gemela. En apariencia es un artista muy distinto a él, ¿cuáles serían, a su juicio, las semejanzas?: «Lo hemos hablado un montón de veces, fíjate –revela–, y creo que lo que más nos une es que nos encanta lo que hace el vecino. Nos gusta mucho fijarnos en lo que hace la persona que está enfrente y nos olvidamos de lo que hacemos nosotros. Nos pasa mucho que quedamos para ir al estudio, para ponernos a currar, y no entramos al estudio, sino que acabamos yéndonos a cenar y cogiendo los teléfonos y diciendo: “¿A quién llamamos para que nos cante un rato? ¿A quién llamamos para que toque un poco la guitarra? Que mira cómo baila este, mira la patá que se hace este…, ¡vamos a llamarle!”. Y acabamos los dos como simples espectadores, mirando la fiesta. Y a partir de ahí dices: “¡Buah! ¿te imaginas?”. Y de ese “te imaginas” empiezan a nacer cosas», concluye.. «Lo que me une a C. Tangana es que nos encanta fijarnos en lo que hace el que está enfrente y nos olvidamos de lo que hacemos nosotros». FOLCLORE Y PIEL. Por Javier Menéndez Flores. Se derraman la música y las voces como si un río alegre pasara por dentro de casa, cruzando ese campo cargado de muebles y libros y discos y cachivaches mil, a cocina traviesa. Y notas algo infantil y enormemente poderoso que te trepa por las piernas, igual que un coro de acentos al galope que es capaz de encender las luces de todas las habitaciones y cancelar cualquier asomo de nubes en el ambiente. Cosas de la buena música, que posee el don de cambiar el clima.. Popular es todo aquello que se nos presenta sin corbata ni membrete oficial, desnudo de protocolos, como un beso o un abrazo o uno de esos golpes de risa tan hermosos que parecen afinados por las manos de un genio de la música o de la poesía. Y en los bares y en las calles y en las reuniones improvisadas a deshoras es donde late lo verdadero, lo que te lleva a lugares en los que nunca eres un extraño ni un extranjero ni un paria, mientras que en los cócteles con mucho mármol y terciopelo rojo y sonrisas congeladas te sientes, no lo puedes evitar, como Tarzán en Manhattan.. En la Plaza de Argel, tripas adentro de Virgen del Remedio, coronilla frondosa de Alicante, rodaron el primer balón y la primera peonza y sonaron las primeras guitarras en comandita, esas que previamente templabas en la forja de casa. Y fue allí donde te deslumbró aquella chica única cuyo nombre debe de andar en algún cajón. Y en La Explanada, a un paseíto de casa, el olor del mar y las ondas del suelo lograban un efecto alucinógeno, y quizá sea esa la primera vez que concebiste el significado exacto de la belleza.. ¿Y cómo te ibas a librar del embrujo de la música si tu padre nunca se separaba de una guitarra, tu madre canturreaba más que respiraba y tus primos, que más que primos eran hermanos buenos, llamaban a tu puerta con un ritmo que hacía bailar a los geranios? La música, en fin, siempre estuvo ahí, era una más de la familia, como el sonido de la lavadora o el de la cafetera en la que hierve el agua para el desayuno. Y cuando te piden que te expliques, que les cuentes quién eres y de dónde vienes, no encuentras mejor tarjeta de visita que esos días imborrables y esas noches de tanto soñar.. Y la magia de veras surge cuando los flamencos se bajan del escenario y el que baila se pone a cantar, el que canta coge la guitarra y el guitarrista se pega una patá por bulerías que hace crepitar la piel. Virgen Santísima. Es ahí, en ese intercambio de trajes y roles, sin focos ni mapas, arrastrados por la sola intuición, cuando el flamenco alcanza la más alta pureza y la fiesta es un paraíso con vistas a todos los mares. Tú, que tantas veces lo probaste, lo sabes.. Y aunque «Nota en el aire» y «What are you doing the rest of your life?» son como el incienso que se prende cuando uno busca la intimidad más íntima, romper a llorar es casi imposible. Pero si la historia de quien canta la conoces de cerca, sientes cómo algo se agrieta ahí dentro, criiiiii, donde todo nace y muere y algunos llaman corazón. Y si no, Yerai, siempre nos quedará Sade, con su morenía absoluta y esos susurros que te agarran y casi te los tienes que arrancar para no perderte sin posibilidad de retorno en ellos.

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El guitarrista, poseedor de dos premios Goya, publicará el mes que viene ‘Popular’, disco compuesto íntegramente por él a partir de una lesión de mano

  

El nuevo disco de Yerai Cortés (Alicante, 1995), que lleva por título «Popular» y verá la luz a mediados de abril, está compuesto de 13 temas nacidos a raíz de lo que es un cataclismo para un guitarrista: una lesión de mano. Eso le obligó a ponerse a crear ajeno a su herramienta de trabajo y a adentrarse en espacios que trascienden el instrumento que le ha dado popularidad y éxito, como la escritura de todas las letras. Cuando este artista se arranca a hablar es difícil saber si te sorprende más la claridad con la que se expresa o la naturalidad con la que aborda cada cuestión, lejos de la proverbial timidez que acompaña a la mayoría de sus colegas. Es, estoy seguro que a su pesar, el guitarrista de moda (atesora dos premios Goya) y todas las miradas están puestas en él. ¿Eso es una responsabilidad añadida cuando se publica un nuevo disco o intenta vivir ajeno a ese ruido de fondo? «Cuando dices lo de tener todas las miradas puestas en ti es inevitable pensar que vienes de hacer algo chulo –explica–. En mi caso, el disco que sale de la película de Pucho [C. Tangana, “La guitarra flamenca de Yerai Cortés”], que está muy bien armado, suena increíble, y es inevitable pensar, ya digo, que lo que venga tiene que estar como poco a ese nivel. Eso es una cosa personal, un reto, porque siempre quieres mejorar y aprender cosas nuevas y usarlas dentro de tu música. Pero también es cierto que en este disco la manera de componer fue tan especial y tan particular que nació de la cero pretensión, porque no podía tocar la guitarra. Cuando empecé a componerlo era como “mira, voy a hacer lo que pueda. No puedo tener la presión de que esté a la altura del anterior porque es que ahora mismo no tengo la guitarra ni la mano para poder tocarla”. Se trataba de escribir canciones y probar maneras distintas de llegar a conectar con el arte desde otros lugares, con lo cual ha sido descubrir y descubrir y descubrir. Y cuando me recuperé –añade–, me di cuenta de que había pocos huecos para la guitarra y que había desarrollado una rama, un artista y una forma de expresarme que antes no tenía. La verdad es que estoy bastante expectante por ver cuál va a ser la respuesta, porque ahora yo acompaño a mi música y no me siento el prota. Es como que la guitarra pasa a un segundo plano, y eso es muy guay. Toco el piano, hago cosas que no había hecho antes. Me he lucrado de las cosas que se me dan bien y de las que no se me dan tan bien para favorecer el mensaje y la narrativa del disco».. «Parar es necesario para los artistas, pero también para los que no se dedican al arte». Se podría decir que su nuevo disco nace del dolor, pero esa lesión lo obligó a parar y a tener tiempo para pensar; algo imprescindible en un artista, que debe empaparse y nutrirse de sensaciones nuevas: «Sí, lo de parar es necesario para los artistas, pero también para los que no se dedican al arte. Tomar aliento, coger aire y volver a arrancar es increíble. En mi caso no fue una decisión, sino que me vino y lo tuve que hacer por cojones, no había otra forma. Pero luego me di cuenta de que no había parado. Prácticamente la mitad del disco estaba compuesto en esos seis o siete meses que estuve con la venda, y luego ya, cuando empecé a recuperarme, metí la guitarra. Ha sido un parar para encontrarte, estar en casa, construirte desde otro sitio. Pero ha sido muy bonito porque descubres cosas tuyas distintas. Cuando te quitan tu herramienta, de repente eres como una persona que se jubila y empieza a cuidar los tomates del huerto y a jugar con los nietos y tienes muchas cosas que hacer al día. Y me entretuve mucho haciendo canciones y paellas».. «Farruquito y Rocío Molina han sido mis dos pilares a la hora de construirme como solista». Ligado al baile. Hijo de guitarrista, Yerai se formó desde niño tocando en los tablaos. Ese mundo, y el del vértigo de los teatros, en donde se soltó como guitarrista de acompañamiento para el baile, han sido su universidad: «He aprendido un montón en los tablaos –afirma–. En un tablao te puedes fijar en uno y aprender de una sola persona, pero lo que sucede allí es que cuando todo el mundo se junta, se crea algo superespecial. Lo he aprendido todo de los cuadros de los tablaos, pero no solo del que baila o del que canta, sino de la comunión que se respira, de todos los artistas que intervienen. Luego, empecé a salir del tablao y a trabajar en teatros y a hacer música para espectáculos de baile de Farruquito y de Rocío Molina, que han sido mis dos pilares a la hora de construirme como músico solista. Yo he hecho música siempre para el baile, para el acompañamiento, y trabajé justo con los dos y casi a la par porque empecé con Farruquito, pero a los dos años o así curré con Rocío y estuve girando con ellos a la vez. Y es curioso, porque uno es el más purista del planeta y el defensor de lo tradicional y el rey del flamenco, y la otra es la misma reina, pero de la danza contemporánea. Y creo que esas dos cosas han calado en mí, el tener que coexistir con esos dos mundos». Yerai ha encontrado en C. Tangana un alma gemela. En apariencia es un artista muy distinto a él, ¿cuáles serían, a su juicio, las semejanzas?: «Lo hemos hablado un montón de veces, fíjate –revela–, y creo que lo que más nos une es que nos encanta lo que hace el vecino. Nos gusta mucho fijarnos en lo que hace la persona que está enfrente y nos olvidamos de lo que hacemos nosotros. Nos pasa mucho que quedamos para ir al estudio, para ponernos a currar, y no entramos al estudio, sino que acabamos yéndonos a cenar y cogiendo los teléfonos y diciendo: “¿A quién llamamos para que nos cante un rato? ¿A quién llamamos para que toque un poco la guitarra? Que mira cómo baila este, mira la patá que se hace este…, ¡vamos a llamarle!”. Y acabamos los dos como simples espectadores, mirando la fiesta. Y a partir de ahí dices: “¡Buah! ¿te imaginas?”. Y de ese “te imaginas” empiezan a nacer cosas», concluye.. «Lo que me une a C. Tangana es que nos encanta fijarnos en lo que hace el que está enfrente y nos olvidamos de lo que hacemos nosotros». FOLCLORE Y PIEL. Por Javier Menéndez Flores. Se derraman la música y las voces como si un río alegre pasara por dentro de casa, cruzando ese campo cargado de muebles y libros y discos y cachivaches mil, a cocina traviesa. Y notas algo infantil y enormemente poderoso que te trepa por las piernas, igual que un coro de acentos al galope que es capaz de encender las luces de todas las habitaciones y cancelar cualquier asomo de nubes en el ambiente. Cosas de la buena música, que posee el don de cambiar el clima.. Popular es todo aquello que se nos presenta sin corbata ni membrete oficial, desnudo de protocolos, como un beso o un abrazo o uno de esos golpes de risa tan hermosos que parecen afinados por las manos de un genio de la música o de la poesía. Y en los bares y en las calles y en las reuniones improvisadas a deshoras es donde late lo verdadero, lo que te lleva a lugares en los que nunca eres un extraño ni un extranjero ni un paria, mientras que en los cócteles con mucho mármol y terciopelo rojo y sonrisas congeladas te sientes, no lo puedes evitar, como Tarzán en Manhattan.. En la Plaza de Argel, tripas adentro de Virgen del Remedio, coronilla frondosa de Alicante, rodaron el primer balón y la primera peonza y sonaron las primeras guitarras en comandita, esas que previamente templabas en la forja de casa. Y fue allí donde te deslumbró aquella chica única cuyo nombre debe de andar en algún cajón. Y en La Explanada, a un paseíto de casa, el olor del mar y las ondas del suelo lograban un efecto alucinógeno, y quizá sea esa la primera vez que concebiste el significado exacto de la belleza.. ¿Y cómo te ibas a librar del embrujo de la música si tu padre nunca se separaba de una guitarra, tu madre canturreaba más que respiraba y tus primos, que más que primos eran hermanos buenos, llamaban a tu puerta con un ritmo que hacía bailar a los geranios? La música, en fin, siempre estuvo ahí, era una más de la familia, como el sonido de la lavadora o el de la cafetera en la que hierve el agua para el desayuno. Y cuando te piden que te expliques, que les cuentes quién eres y de dónde vienes, no encuentras mejor tarjeta de visita que esos días imborrables y esas noches de tanto soñar.. Y la magia de veras surge cuando los flamencos se bajan del escenario y el que baila se pone a cantar, el que canta coge la guitarra y el guitarrista se pega una patá por bulerías que hace crepitar la piel. Virgen Santísima. Es ahí, en ese intercambio de trajes y roles, sin focos ni mapas, arrastrados por la sola intuición, cuando el flamenco alcanza la más alta pureza y la fiesta es un paraíso con vistas a todos los mares. Tú, que tantas veces lo probaste, lo sabes.. Y aunque «Nota en el aire» y «What are youdoingtherestofyourlife?» son como el incienso que se prende cuando uno busca la intimidad más íntima, romper a llorar es casi imposible. Pero si la historia de quien canta la conoces de cerca, sientes cómo algo se agrieta ahí dentro, criiiiii, donde todo nace y muere y algunos llaman corazón. Y si no, Yerai, siempre nos quedará Sade, con su morenía absoluta y esos susurros que te agarran y casi te los tienes que arrancar para no perderte sin posibilidad de retorno en ellos.

 

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