Tras décadas siendo los portavoces del Partido Comunista, entre los medios de comunicación chinos surgió un programa de radio en 1989, como una pequeña flor entre la grieta del asfalto, cuando Deng Xioping inició el proceso de reapertura de China al mundo. «Palabras en la brisa nocturna» fue la creación de la periodista y presentadora Xinran, hoy escritora, activista, conferenciante y una de la voces más fuertes y comprometidas sobre la realidad de China.. El micrófono se abrió a la parte de la ciudadanía más silenciada y oprimida durante la Revolución Cultural: las mujeres. Sus testimonios conmocionaron y de su recopilación nació en 2002 el libro «Las voces silenciadas», traducido a más de treinta idiomas, que descubrió al mundo a la desconocida mujer china y que ha sido publicada en España por AMOK Ediciones mostrando, negro sobre blanco, las secuelas invisibilizadas de la Revolución Cultural china.. ¿Cómo le impactó en el año 89 escuchar esos testimonios?. Cuando empecé a recibir esas llamadas de mujeres de toda China en 1989, fue como si se hubiera roto un dique. Durante décadas, sus lágrimas habían quedado en el silencio. Aún recuerdo estar sentada sola en aquel estudio de radio, a altas horas de la noche, escuchando a una mujer susurrar entre sollozos –con la voz entrecortada por el miedo y el alivio– contándome cosas que nunca le había contado ni siquiera a su marido. En ese momento, supe que no era solo una locutora; me había convertido en testigo de una historia enterrada: la historia privada de las mujeres chinas. Sus historias me cambiaron para siempre. Me hicieron comprender que detrás de cada eslogan político o estadística económica había corazones que aún sangraban en silencio. Lo que me dieron no fue solo dolor, sino la valentía para decir la verdad y una misión de por vida para que sus voces tengan un lugar en la memoria del mundo.. ¿Por qué hay esa sensación constante de que la mujer china es la gran desconocida de la Historia? ¿Lo sigue siendo, de algún modo?. Sí y no. Las mujeres chinas siempre han vivido entre dos muros: uno construido por la tradición, el otro por la historia. Durante siglos, se les enseñó a ser invisibles: a servir, a obedecer, a resistir. Incluso cuando hicieron enormes sacrificios, la historia recordó las guerras del emperador, no las lágrimas de la madre. Pero lo desconocido no es lo mismo que lo inexistente. La fuerza de estas mujeres siempre ha estado ahí, en las cocinas, los campos y las aulas, aunque no se haya registrado. Lo que ha cambiado hoy es que las jóvenes ya no están dispuestas a ser invisibles. Quieren ser escuchadas, ser vistas, y esa, para mí, es la revolución más hermosa de todas. Aun así, hay muchos ámbitos donde el viejo silencio aún perdura. El mundo puede haber cambiado, pero el hábito del silencio tarda más en desaprenderse.. «¿Qué valía la vida de una mujer en China?», se pregunta en su libro. ¿Cómo definiría el valor de la mujer en China en la segunda mitad del siglo XX y ahora?. En la segunda mitad del siglo XX, el valor de la mujer se medía por su utilidad: como trabajadora, esposa, madre, pero rara vez como persona. Durante la era de Mao, la igualdad significaba uniformidad: se elogiaba a las mujeres por ser como los hombres, no por ser ellas mismas. Era un progreso, pero tuvo un precio: la pérdida de feminidad, ternura y expresión emocional.. Hoy en día, la vida material ha mejorado, pero la valoración de la mujer aún se encuentra entre lo antiguo y lo nuevo. Muchas jóvenes son educadas, independientes y tienen una mentalidad global; sin embargo, se enfrentan a la presión social de casarse jóvenes, tener hijos y cuidar de sus padres, mientras que a los hombres aún se les exime del trabajo emocional.. Creo que el verdadero valor de la mujer solo podrá reconocerse cuando la sociedad acepte que la inteligencia emocional, la compasión y el cuidado –tradicionalmente considerados cualidades «femeninas»– son, de hecho, fortalezas humanas, no debilidades.. Restricción e hipocresía son dos ideas latentes en su libro. ¿Cuanto más restrictivo se es, en más hipócrita se convierte uno?. Absolutamente. La restricción sin reflexión siempre genera hipocresía. Cuando a las personas se les dice qué pensar, no cómo pensar, aprenden a usar máscaras. Bajo la superficie de la «obediencia» crece una jungla de emociones ocultas: miedo, resentimiento y anhelo. Vi esto en la vida de tantas mujeres: decían «soy feliz» porque se suponía que debían serlo, pero sus ojos decían otra cosa. A mayor presión social, más dobles vidas vivían las personas.. Para mí, la verdadera moralidad proviene de la libertad interior, no de reglas escritas en las paredes. Cuando la sociedad se atreva a permitir la honestidad, la hipocresía dejará de existir.. La reciente foto de Xi Jinping, Putin y Kim Jong-un juntos en China resultó muy llamativa y supuso toda una declaración de intenciones sobre cómo se está moviendo el tablero geopolítico. ¿Qué le hizo sentir y pensar esa foto?. Fue como un reflejo de viejos fantasmas. Me recordó la facilidad con la que las naciones pueden volver a la comodidad de la política autoritaria, como si el control fuera más seguro que el diálogo. Me hizo sentir tristeza y urgencia. Tristeza, porque crecí en una época en la que la gente creía que la historia podía avanzar, que la próxima generación tendría más libertad, no menos. Urgencia, porque muestra lo frágil que aún es esa esperanza.. Lo que más me preocupa no es el encuentro de tres hombres, sino el silencio de millones de personas que observan, sin saber qué decir o creer. Cuando el miedo reemplaza el pensamiento, la historia comienza a repetirse.. ¿Cree que China está retrocediendo al pasado? ¿El miedo se ha vuelto a instalar con fuerza?. Creo que el miedo nunca desapareció del todo; solo cambió de ropa. Tras cada ola de apertura en China, llega una oleada de cautela, como si el corazón del país latiera entre la valentía y el miedo. Hoy, muchos jóvenes sienten incertidumbre al hablar libremente, sobre su futuro, sobre la verdad misma. En ese sentido, sí, a veces parece como si la puerta al pasado se hubiera vuelto a abrir. Pero también veo otra China: la silenciosa revolución interior de individuos –artistas, profesores, jóvenes lectores– que aún se atreven a preguntar, a recordar, a amar. Así que no creo que China solo esté retrocediendo. Se debate, dolorosamente, entre el peso de su historia y el sueño de su futuro. El miedo puede dominar el cuerpo durante un tiempo, pero nunca será capaz de aprisionar el alma humana para siempre.
Tras décadas siendo los portavoces del Partido Comunista, entre los medios de comunicación chinos surgió un programa de radio en 1989, como una pequeña flor entre la grieta del asfalto, cuando Deng Xioping inició el proceso de reapertura de China al mundo. «Palabras en la brisa nocturna» fue la creación de la periodista y presentadora Xinran, hoy escritora, activista, conferenciante y una de la voces más fuertes y comprometidas sobre la realidad de China.. El micrófono se abrió a la parte de la ciudadanía más silenciada y oprimida durante la Revolución Cultural: las mujeres. Sus testimonios conmocionaron y de su recopilación nació en 2002 el libro «Las voces silenciadas», traducido a más de treinta idiomas, que descubrió al mundo a la desconocida mujer china y que ha sido publicada en España por AMOK Ediciones mostrando, negro sobre blanco, las secuelas invisibilizadas de la Revolución Cultural china.. ¿Cómo le impactó en el año 89 escuchar esos testimonios?. Cuando empecé a recibir esas llamadas de mujeres de toda China en 1989, fue como si se hubiera roto un dique. Durante décadas, sus lágrimas habían quedado en el silencio. Aún recuerdo estar sentada sola en aquel estudio de radio, a altas horas de la noche, escuchando a una mujer susurrar entre sollozos –con la voz entrecortada por el miedo y el alivio– contándome cosas que nunca le había contado ni siquiera a su marido. En ese momento, supe que no era solo una locutora; me había convertido en testigo de una historia enterrada: la historia privada de las mujeres chinas. Sus historias me cambiaron para siempre. Me hicieron comprender que detrás de cada eslogan político o estadística económica había corazones que aún sangraban en silencio. Lo que me dieron no fue solo dolor, sino la valentía para decir la verdad y una misión de por vida para que sus voces tengan un lugar en la memoria del mundo.. ¿Por qué hay esa sensación constante de que la mujer china es la gran desconocida de la Historia? ¿Lo sigue siendo, de algún modo?. Sí y no. Las mujeres chinas siempre han vivido entre dos muros: uno construido por la tradición, el otro por la historia. Durante siglos, se les enseñó a ser invisibles: a servir, a obedecer, a resistir. Incluso cuando hicieron enormes sacrificios, la historia recordó las guerras del emperador, no las lágrimas de la madre. Pero lo desconocido no es lo mismo que lo inexistente. La fuerza de estas mujeres siempre ha estado ahí, en las cocinas, los campos y las aulas, aunque no se haya registrado. Lo que ha cambiado hoy es que las jóvenes ya no están dispuestas a ser invisibles. Quieren ser escuchadas, ser vistas, y esa, para mí, es la revolución más hermosa de todas. Aun así, hay muchos ámbitos donde el viejo silencio aún perdura. El mundo puede haber cambiado, pero el hábito del silencio tarda más en desaprenderse.. «¿Qué valía la vida de una mujer en China?», se pregunta en su libro. ¿Cómo definiría el valor de la mujer en China en la segunda mitad del siglo XX y ahora?. En la segunda mitad del siglo XX, el valor de la mujer se medía por su utilidad: como trabajadora, esposa, madre, pero rara vez como persona. Durante la era de Mao, la igualdad significaba uniformidad: se elogiaba a las mujeres por ser como los hombres, no por ser ellas mismas. Era un progreso, pero tuvo un precio: la pérdida de feminidad, ternura y expresión emocional.. Hoy en día, la vida material ha mejorado, pero la valoración de la mujer aún se encuentra entre lo antiguo y lo nuevo. Muchas jóvenes son educadas, independientes y tienen una mentalidad global; sin embargo, se enfrentan a la presión social de casarse jóvenes, tener hijos y cuidar de sus padres, mientras que a los hombres aún se les exime del trabajo emocional.. Creo que el verdadero valor de la mujer solo podrá reconocerse cuando la sociedad acepte que la inteligencia emocional, la compasión y el cuidado –tradicionalmente considerados cualidades «femeninas»– son, de hecho, fortalezas humanas, no debilidades.. Restricción e hipocresía son dos ideas latentes en su libro. ¿Cuanto más restrictivo se es, en más hipócrita se convierte uno?. Absolutamente. La restricción sin reflexión siempre genera hipocresía. Cuando a las personas se les dice qué pensar, no cómo pensar, aprenden a usar máscaras. Bajo la superficie de la «obediencia» crece una jungla de emociones ocultas: miedo, resentimiento y anhelo. Vi esto en la vida de tantas mujeres: decían «soy feliz» porque se suponía que debían serlo, pero sus ojos decían otra cosa. A mayor presión social, más dobles vidas vivían las personas.. Para mí, la verdadera moralidad proviene de la libertad interior, no de reglas escritas en las paredes. Cuando la sociedad se atreva a permitir la honestidad, la hipocresía dejará de existir.. La reciente foto de Xi Jinping, Putin y Kim Jong-un juntos en China resultó muy llamativa y supuso toda una declaración de intenciones sobre cómo se está moviendo el tablero geopolítico. ¿Qué le hizo sentir y pensar esa foto?. Fue como un reflejo de viejos fantasmas. Me recordó la facilidad con la que las naciones pueden volver a la comodidad de la política autoritaria, como si el control fuera más seguro que el diálogo. Me hizo sentir tristeza y urgencia. Tristeza, porque crecí en una época en la que la gente creía que la historia podía avanzar, que la próxima generación tendría más libertad, no menos. Urgencia, porque muestra lo frágil que aún es esa esperanza.. Lo que más me preocupa no es el encuentro de tres hombres, sino el silencio de millones de personas que observan, sin saber qué decir o creer. Cuando el miedo reemplaza el pensamiento, la historia comienza a repetirse.. ¿Cree que China está retrocediendo al pasado? ¿El miedo se ha vuelto a instalar con fuerza?. Creo que el miedo nunca desapareció del todo; solo cambió de ropa. Tras cada ola de apertura en China, llega una oleada de cautela, como si el corazón del país latiera entre la valentía y el miedo. Hoy, muchos jóvenes sienten incertidumbre al hablar libremente, sobre su futuro, sobre la verdad misma. En ese sentido, sí, a veces parece como si la puerta al pasado se hubiera vuelto a abrir. Pero también veo otra China: la silenciosa revolución interior de individuos –artistas, profesores, jóvenes lectores– que aún se atreven a preguntar, a recordar, a amar. Así que no creo que China solo esté retrocediendo. Se debate, dolorosamente, entre el peso de su historia y el sueño de su futuro. El miedo puede dominar el cuerpo durante un tiempo, pero nunca será capaz de aprisionar el alma humana para siempre.
Hablamos con la escritora sobre parte de la historia enterrada durante la Revolución Cultural china y que ella sacó a la luz
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