Mientras avanzamos en las primeras 50 páginas de Wendy, la más reciente novela de Eugenio Fuentes, vamos a ser acechados por un creciente desconcierto, y es inevitable que empecemos a hacernos preguntas: ¿qué conexión puede haber entre un saco con los huesos de lo que fuera un niño musulmán, un matrimonio que enfrenta los duros trabajos de un parto gemelar y un video erótico que recibe un futbolista de élite, filmado por él mismo mientras ejecutaba el acto sexual y que, de hacerse público, mucho podría perjudicar su carrera? ¿Hacia dónde, por dónde nos moveremos en un relato que luego deriva en una novela policial que poco a poco irá beneficiándose de muchos de los ingredientes habituales del género?. Seguir leyendo
Mientras avanzamos en las primeras 50 páginas de Wendy, la más reciente novela de Eugenio Fuentes, vamos a ser acechados por un creciente desconcierto, y es inevitable que empecemos a hacernos preguntas: ¿qué conexión puede haber entre un saco con los huesos de lo que fuera un niño musulmán, un matrimonio que enfrenta los duros trabajos de un parto gemelar y un video erótico que recibe un futbolista de élite, filmado por él mismo mientras ejecutaba el acto sexual y que, de hacerse público, mucho podría perjudicar su carrera? ¿Hacia dónde, por dónde nos moveremos en un relato que luego deriva en una novela policial que poco a poco irá beneficiándose de muchos de los ingredientes habituales del género? Seguir leyendo
Mientras avanzamos en las primeras 50 páginas de Wendy, la más reciente novela de Eugenio Fuentes, vamos a ser acechados por un creciente desconcierto, y es inevitable que empecemos a hacernos preguntas: ¿qué conexión puede haber entre un saco con los huesos de lo que fuera un niño musulmán, un matrimonio que enfrenta los duros trabajos de un parto gemelar y un video erótico que recibe un futbolista de élite, filmado por él mismo mientras ejecutaba el acto sexual y que, de hacerse público, mucho podría perjudicar su carrera? ¿Hacia dónde, por dónde nos moveremos en un relato que luego deriva en una novela policial que poco a poco irá beneficiándose de muchos de los ingredientes habituales del género?. Algo, no obstante, podemos saber desde muy pronto en la lectura de Wendy: y es que su autor, Eugenio Fuentes, nunca ha sido uno de esos escritores que se apoltronan en el cómodo sofá de las convenciones para desde allí, con reconocibles pases de capa, urdir otra pieza más, protagonizada una vez más por un personaje recurrente y familiar, en su caso el detective Ricardo Cupido, que ahora cumple su décima aventura literaria. Él no: Eugenio Fuentes siempre se complica la vida (y de paso nos la complica —del mejor modo— a nosotros, los lectores) empeñado en dinamitar las más diversas y recurridas estrategias narrativas que han tipificado por más de un siglo a la novela criminal, recreándose en descripciones de actitudes o ambientes, buscando además un efecto de expansión dramática y conceptual de las varias historias que concurren en una trama que, sin embargo, él consigue que termine siendo una novela estrictamente policial, pero con el añadido nada despreciable de que, sobre todo, es Literatura —y no es gratuita la mayúscula—. Porque Fuentes parece convencido, como Raymond Chandler, de que la novela policial ha tenido la lamentable tendencia de acercarse solo a lo que le interesa, sin mirar hacia los lados, y por eso él insiste en escudriñar no solo hacia los lados, sino también hacia arriba y hacia abajo.. Fuentes se complica —del mejor modo— la vida, empeñado en dinamitar las estrategias narrativas. Con una estructura poliédrica en la que las acciones de los personajes y los eventos circundantes salen en direcciones aparentemente desconectadas, la novela consigue tejer un examen social y existencial en donde la violencia, el crimen y hasta la maldad son solo unos componentes más de una realidad tan convulsa como cotidiana, muy propia de nuestro tiempo. Pero, junto a las actitudes más perversas, en el relato también hay espacio para las más encomiables, como el amor filial, la decencia, la fidelidad, y de paso recordarnos que no todo está perdido… aunque a veces lo parezca.. Los rumbos de Wendy al fin comienzan a alinearse en el sentido de una búsqueda que puede ser más o menos habitual, cuando el detective privado Ricardo Cupido es convocado por el King Quintana, empresario de alto nivel, dueño de un importante equipo de fútbol, y recibe el encargo de encontrar a la joven Wendy Paraíso. La muchacha, aspirante a actriz con proyecciones mediáticas que vive la existencia descentrada de miles de jóvenes con similares propósitos, es la que aparece en un video erótico con el jugador Gamma, la estrella del club y resulta preciso encontrarla para intentar evitar el escándalo que mucho podría afectar el valor de un preciado activo económico y deportivo. Sin embargo, manteniendo su propósito de abarcar muchas circunstancias y posibilidades, a partir de este punto el novelista abre aun más sus perspectivas y nos introduce en campos tan diversos como la propia vida privada de Cupido —que acaba de ser padre—, la historia de su amigo y ayudante el Alkalino, la existencia pasada de Wendy —madre de una niña, Paula, acogida por sus abuelos Berta y Trino— y su relación de amistad con la futbolista Celeste y su compañero Brais, y, por supuesto, el universo del estelar Gamma que nos conduce a las interioridades del mundo del negocio megamillonario del fútbol, el del ascenso social que experimentan algunos iluminados y, por si fuera poco, a la existencia de los matones mexicanos Roque y El Araña, capaces lo mismo de amenizar fiestas con música de mariachis que de practicar brutales actos de violencia.. Para tan abarcador y exhaustivo propósito dramático Eugenio Fuentes utiliza un narrador muy omnisciente que se mueve con libertad entre unos y otros personajes, entre una y otra realidad, para alcanzar lo que parece ser su superobjetivo literario y conceptual: ofrecer esa mirada profunda en la vida de unos personajes prototípicos (la mujer fatal, el nuevo rico, el empresario de alto nivel, etc.) que recorren los diversos niveles de la escala de una sociedad contemporánea en cuyas interioridades y traumas hurga el escritor.. Por senderos raros, llega a sitios familiares: los modos de la maldad o la necesidad de aferrarse a una verdad. Así, entre la bucólica localidad extremeña de Breda, donde vive Cupido y de donde salió Wendy Paraíso para conquistar el mundo, y la trepidante ciudad de Madrid donde se manejan hilos tan potentes como los del negocio del fútbol, se mueven entonces las peripecias que arman un relato que va ascendiendo en sus niveles dramáticos con muertes (no las revelo) y actitudes más viscerales y humanas que llegan a afectar directamente al detective Cupido, que en un momento de la trama, herido en sus sentimientos y ética, deja de trabajar para el King Quintana y se dedica a hacerlo para hallar verdades que le importan más que un salario.. Con independencia de gustos, creo que si algo debemos celebrar en una novela como Wendy es su modo de asumir riesgos. Fuentes evita caminos trillados y escoge senderos raros, a veces escabrosos, para llegar a sitios que, al final, pues nos resultan familiares: los múltiples modos en que puede presentarse la maldad y los infinitos en que suele concretarse la fidelidad y la necesidad de aferrarnos a alguna verdad. Porque, al fin y al cabo Ricardo Cupido lo tiene claro: “En un oficio que te entrena para no creer en nada ni en nadie, sin embargo, tú sigues confiando en la gente”. Y su creador, Eugenio Fuentes, parece confiar en cierto poder sanador de la Literatura.. Eugenio Fuentes. Tusquets, 2025. 504 páginas, 22,90 euros. Búsquelo en su librería
