No solo Urda, sino España también, es una zona cero. Hay un silencio, inmediato después de la tragedia, que es devastador pero que permite escuchar con nitidez que hace tiempo que andamos sobre las cenizas. Ya no hay podcast ni tuit que asordine ese silencio.. En la zona cero se baja la guardia y, lejos de enfadarnos más, tenemos la opción de imaginar con esperanza cómo nos volvemos a levantar. Igual que el héroe farmacéutico de Urda, los ciudadanos también estamos llamados a arremangarnos ante las urnas. Y en esta heroicidad ya no cabe el odio ni la resignación. La burla y la toxicidad quedan enterradas en el amasijo de hierro.. Los ciudadanos tenemos ahora el privilegio de participar en la sublimación de todo aquello que ha sido desatendido y vejado, de limpiar nuestros pecados y proyectar con honestidad e ilusión una España mejor de la que nunca fue.. La red ferroviaria, por supuesto: de la vergüenza surge el camino para volver a pensar en una alta velocidad y en una red de cercanías que den envidia otra vez: con directivos brillantes, recursos exuberantes y, por qué no, grandes ideas que todavía hoy no se han pensado pero de las que presumiremos en 2050.. No solo va de trenes, autopistas o aeropuertos. Con la educación podemos dejar ya de excusar los resultados del informe Pisa y sentarnos a construir el mejor sistema educativo de Europa. O confeccionar audaces sistemas de respuesta de emergencias con alucinantes medios técnicos y de los que también se hagan documentales en Netflix y Amazon y lo vea todo el mundo.. Que alguien en la Universidad de Tübingen haga un doctorado, dentro de 30 años, sobre un Plan Marshall, con miles de millones de euros consignados en varios Presupuestos Generales del Estado, que una vez diseñó España para blindar sus infraestructuras contra las inclemencias de la lluvia, el viento y el fuego, y creó con ello una industria puntera en la defensa contra el cambio climático. No se llamará Plan Marshall, pero nos pondremos a pensar un nombre y también esto será bonito.. Y tantas otras cosas. La gente se entregará con vocación de servicio a este monumento (en forma de programa de gobierno) en esta zona cero que es 2026, y se erigirá tan alto que quitará el hipo en Occidente. Incluso un jubilado (¡ay!) sacrificaría su aumento anual de la pensión ante un compromiso público valiente y con visión. Este 29N ya no hace falta votar en contra, con la nariz tapada, con el objeto de echar a alguien de algún sitio. De repente, paradójicamente, emerge el júbilo de votar por y para algo. Sí. Se puede votar a favor después de Urda.
Incluso un jubilado sacrificaría su aumento anual de la pensión ante un compromiso público valiente y con visión. Este 29N ya no hace falta votar en contra
No solo Urda, sino España también, es una zona cero. Hay un silencio, inmediato después de la tragedia, que es devastador pero que permite escuchar con nitidez que hace tiempo que andamos sobre las cenizas. Ya no hay podcast ni tuit que asordine ese silencio.. En la zona cero se baja la guardia y, lejos de enfadarnos más, tenemos la opción de imaginar con esperanza cómo nos volvemos a levantar. Igual que el héroe farmacéutico de Urda, los ciudadanos también estamos llamados a arremangarnos ante las urnas. Y en esta heroicidad ya no cabe el odio ni la resignación. La burla y la toxicidad quedan enterradas en el amasijo de hierro.. Los ciudadanos tenemos ahora el privilegio de participar en la sublimación de todo aquello que ha sido desatendido y vejado, de limpiar nuestros pecados y proyectar con honestidad e ilusión una España mejor de la que nunca fue.. La red ferroviaria, por supuesto: de la vergüenza surge el camino para volver a pensar en una alta velocidad y en una red de cercanías que den envidia otra vez: con directivos brillantes, recursos exuberantes y, por qué no, grandes ideas que todavía hoy no se han pensado pero de las que presumiremos en 2050.. No solo va de trenes, autopistas o aeropuertos. Con la educación podemos dejar ya de excusar los resultados del informe Pisa y sentarnos a construir el mejor sistema educativo de Europa. O confeccionar audaces sistemas de respuesta de emergencias con alucinantes medios técnicos y de los que también se hagan documentales en Netflix y Amazon y lo vea todo el mundo.. Que alguien en la Universidad de Tübingen haga un doctorado, dentro de 30 años, sobre un Plan Marshall, con miles de millones de euros consignados en varios Presupuestos Generales del Estado, que una vez diseñó España para blindar sus infraestructuras contra las inclemencias de la lluvia, el viento y el fuego, y creó con ello una industria puntera en la defensa contra el cambio climático. No se llamará Plan Marshall, pero nos pondremos a pensar un nombre y también esto será bonito.. Y tantas otras cosas. La gente se entregará con vocación de servicio a este monumento (en forma de programa de gobierno) en esta zona cero que es 2026, y se erigirá tan alto que quitará el hipo en Occidente. Incluso un jubilado (¡ay!) sacrificaría su aumento anual de la pensión ante un compromiso público valiente y con visión. Este 29N ya no hace falta votar en contra, con la nariz tapada, con el objeto de echar a alguien de algún sitio. De repente, paradójicamente, emerge el júbilo de votar por y para algo. Sí. Se puede votar a favor después de Urda.
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