«Parece mentira que después de tanto tiempo rotos nuestros lazos», como diría Ana Torroja en su maravillosa canción del 7 de septiembre.. Y yo me pregunto: ¿qué se nos ha roto? ¿Algún vaso? ¿Alguna figurita de porcelana? ¿La cara de ser tan guapo?. ¡No se nos ha quebrado nada! Nos lo han rajado; nos han querido quitar lo retro.. Pero la gente joven, que es mucho más lista de lo que se creen los demás, se ha dado cuenta y ha dado un toque a sus mayores, empezando a recordar las bondades de usar una cámara de carrete, a volver a escuchar canciones en vinilo y a reutilizar de nuevo teléfonos “tontos”.. ¿Qué diantres le pasó a la estética de los coches en los últimos 20 años? No me creo que sea por accidente.. Alegando razones de optimización del espacio, consumo y vanguardia tecnológica, los vehículos de hoy en día son un mero electrodoméstico más a ojos del consumidor; su cerebro lo asocia solo como medio de transporte y le da igual coger el coche, el autobús, el metro o un platillo volante para desplazarse.. Lejos quedaron esos días en los que uno tenía un automóvil cual complemento más de moda y estilo y levantaba pasiones dando color a las calles de pueblos y ciudades.. Otro caso curioso es el de la “molestia” que producen los kioscos a la alienación de las ciudades. Ese pequeño oasis de colores que lucha por sobrevivir en un mundo digital presenta un alegre desorden y un abanico de sensaciones que nos transportan a lo analógico y al soporte físico, siendo el último bastión de contacto con nuestra verdadera esencia retro a pie de calle.. Sin ir más lejos, el otro día saltó la noticia de que las bufandas y las corbatas salían definitivamente de la cesta de la compra según el Instituto Nacional de Estadística para calcular el IPC. Finalmente, el buen gusto por adornar el cuello ha sido defenestrado. Acabamos de cargarnos 300 años de historia.. Luis XIV rey de Francia popularizó el uso de las corbatas en el siglo XVII tras quedar enamorado por los pañuelos de cuello de los mercenarios croatas durante la Guerra de los Treinta Años. Por cierto, ¿somos conscientes de que la bufanda entró en la cultura hace miles de años y que era un indicador de rango militar? Nos hemos quitado nuestros propios galones en pro del postmodernismo.. También la cocina ha sufrido el embiste de las nuevas tendencias de moda. Ya nadie pide un “pijama” de postre; el pobre ha sido desplazado junto con el “banana split” por grotescas porciones de azúcar minimalistas que dicen llamarse tarta.. El volován, junto al cóctel de gambas, también las están pasando canutas, aunque peor suerte está teniendo el rape alangostado, que con la subida del precio del pescado está casi en vías de extinción.. Si abrimos el melón musical, echamos de menos canciones que se entiendan lo que dicen, que vocalicen, que uno pueda replicarlas sin hacer “nanananana”. Ya no me meto en el concepto de las maravillas que dicen algunas letras de reggaetón; no, simple y llanamente saber qué diantres están diciendo. Una buena canción, muchas veces, solo necesita de una piadosa guitarra y una gran voz. ¿Es que nadie habla del elefante de la habitación?. En fin, que la generación Z y la alfa están flipando con lo retro y quieren volver a lo esencial, a lo tangible, al chándal de tactel, a la Game Boy, al teléfono góndola, al VHS, a la bici de paseo, a enviar cartas, a consultar mapas impresos y enciclopedias, a leer libros en papel, a despertarse con un bonito reloj alarma y acordarse de su familia cuando suene.. Es esencial y necesario volver a lo humano, porque nos hemos pasado de divinos. No sea que dentro de unos años no sepamos si somos de la Tierra o de Saturno, aunque me da que en breve empezarán a ponernos antenas en la cabeza.
«Es esencial y necesario volver a lo humano, porque nos hemos pasado de divinos. No sea que dentro de unos años no sepamos si somos de la Tierra o de Saturno»
«Parece mentira que después de tanto tiempo rotos nuestros lazos», como diría Ana Torroja en su maravillosa canción del 7 de septiembre.. Y yo me pregunto: ¿qué se nos ha roto? ¿Algún vaso? ¿Alguna figurita de porcelana? ¿La cara de ser tan guapo?. ¡No se nos ha quebrado nada! Nos lo han rajado; nos han querido quitar lo retro.. Pero la gente joven, que es mucho más lista de lo que se creen los demás, se ha dado cuenta y ha dado un toque a sus mayores, empezando a recordar las bondades de usar una cámara de carrete, a volver a escuchar canciones en vinilo y a reutilizar de nuevo teléfonos “tontos”.. ¿Qué diantres le pasó a la estética de los coches en los últimos 20 años? No me creo que sea por accidente.. Alegando razones de optimización del espacio, consumo y vanguardia tecnológica, los vehículos de hoy en día son un mero electrodoméstico más a ojos del consumidor; su cerebro lo asocia solo como medio de transporte y le da igual coger el coche, el autobús, el metro o un platillo volante para desplazarse.. Lejos quedaron esos días en los que uno tenía un automóvil cual complemento más de moda y estilo y levantaba pasiones dando color a las calles de pueblos y ciudades.. Otro caso curioso es el de la “molestia” que producen los kioscos a la alienación de las ciudades. Ese pequeño oasis de colores que lucha por sobrevivir en un mundo digital presenta un alegre desorden y un abanico de sensaciones que nos transportan a lo analógico y al soporte físico, siendo el último bastión de contacto con nuestra verdadera esencia retro a pie de calle.. Sin ir más lejos, el otro día saltó la noticia de que las bufandas y las corbatas salían definitivamente de la cesta de la compra según el Instituto Nacional de Estadística para calcular el IPC. Finalmente, el buen gusto por adornar el cuello ha sido defenestrado. Acabamos de cargarnos 300 años de historia.. Luis XIV rey de Francia popularizó el uso de las corbatas en el siglo XVII tras quedar enamorado por los pañuelos de cuello de los mercenarios croatas durante la Guerra de los Treinta Años. Por cierto, ¿somos conscientes de que la bufanda entró en la cultura hace miles de años y que era un indicador de rango militar? Nos hemos quitado nuestros propios galones en pro del postmodernismo.. También la cocina ha sufrido el embiste de las nuevas tendencias de moda. Ya nadie pide un “pijama” de postre; el pobre ha sido desplazado junto con el “banana split” por grotescas porciones de azúcar minimalistas que dicen llamarse tarta.. El volován, junto al cóctel de gambas, también las están pasando canutas, aunque peor suerte está teniendo el rape alangostado, que con la subida del precio del pescado está casi en vías de extinción.. Si abrimos el melón musical, echamos de menos canciones que se entiendan lo que dicen, que vocalicen, que uno pueda replicarlas sin hacer “nanananana”. Ya no me meto en el concepto de las maravillas que dicen algunas letras de reggaetón; no, simple y llanamente saber qué diantres están diciendo. Una buena canción, muchas veces, solo necesita de una piadosa guitarra y una gran voz. ¿Es que nadie habla del elefante de la habitación?. En fin, que la generación Z y la alfa están flipando con lo retro y quieren volver a lo esencial, a lo tangible, al chándal de tactel, a la Game Boy, al teléfono góndola, al VHS, a la bici de paseo, a enviar cartas, a consultar mapas impresos y enciclopedias, a leer libros en papel, a despertarse con un bonito reloj alarma y acordarse de su familia cuando suene.. Es esencial y necesario volver a lo humano, porque nos hemos pasado de divinos. No sea que dentro de unos años no sepamos si somos de la Tierra o de Saturno, aunque me da que en breve empezarán a ponernos antenas en la cabeza.
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