Podría parecer un libro que nace del cabreo, pero Violeta Serrano es tajante: «No». Solo «es una obra que parte de una palanca de algo que pasó [su despido telemático]» y que tiene «un objetivo propositivo». Y es que esta columnista y ensayista leonesa se metió en política para «sumar» y hoy afirma que fuera de esa jaula de grillos se siente «más útil escribiendo y divulgando sobre democracia», como hace en el libro que acaba de publicar con Espasa, ‘El desencanto de los revolucionarios’, en el que el subtítulo es bastante elocuente de lo que el lector se va a encontrar dentro: «Cómo la izquierda ‘transformadora’ española pulverizó la esperanza de transformar un país».. En mitad de un mundo individualista y desbocado, Serrano reivindica la comunidad desde la Maragatería (León); en concreto, las «facenderas» o «cuando la gente de los pueblos se junta una vez a la semana o al mes para hacer algo que un vecino necesita. Antes iba todo el mundo, al menos, uno de cada familia», explica de un espíritu que «se recuperó este año durante los incendios».. –¿Este libro es un cabreo personal o el de toda una generación?. –Creo que hay que buscar la anécdota personal para ir al aprendizaje colectivo. ¿Qué tiene esto de universal? A mí me pasó algo feo; es un pequeño drama personal, pero eso no importa. La cuestión es qué podemos aprender de esto, qué está pasando hoy con muchos partidos.. –Ha guardado silencio durante años.. –Siempre hay que tomar distancia para hacer cosas que valgan la pena y no escribir justamente desde el cabreo, sino todo lo contrario. Pero ha sido un tiempo inconsciente, pero también porque cuando yo soy despedida por videollamada el movimiento no estaba tan hundido como está hoy. Y después de lo de Iñigo Errejón, que hizo mucho daño, empecé a pensar que quizá convenía hacer una crítica desde el punto de vista de alguien que estuvo dentro siendo siempre independiente; porque yo nunca he sido militante.. –¿Eso le convirtió en incómoda?. –Sí. Me llamaron en un momento de urgencia, con las generales adelantadas del 23-J. Me llaman para trabajar para Yolanda Díaz y digo que sí con la condición de no dejar mi tierra; porque me parece un problema que tienen hoy nuestros representantes políticos, que olvidan muy rápido de dónde vienen y por qué entraron en política… Sean del signo que sean. Nunca dejé ese propósito político que para mí pasa por una vertebración territorial que haga que las zonas de la España olvidada tengan un papel preponderante para solucionar muchas de las crisis que estamos atravesando hoy. Y Sumar, en este caso, está muy centrado en capitales urbanas. Hay otros partidos que han hecho todo un trabajo en esas zonas rurales que ahora están recogiendo sus frutos.. –Ahí es donde Rufián quiere dar batalla, ¿no?. –Pero yo pienso que las cosas no se pueden hacer cuando se le ven las orejas al lobo. Hay que hacer un trabajo profesional que no va de un minuto a otro. La extrema derecha ha hecho un trabajo desde hace mucho tiempo con profesionales en todas estas zonas donde la izquierda se ha abandonado. Y claro, alguien se va a hacer cargo de esa frustración y de ese abandono. Realmente lo han hecho muy bien, como también ha pasado en Francia con Le Pen, que supo polarizar entre campo y ciudad. Y me da pena porque estoy en contra de toda la polarización. Buena parte de los votos que se lleva hoy Vox parte del desencanto con el bipartidismo. Somos seres humanos que no votamos tanto con la razón como con el corazón y con las pasiones. Estamos ante un momento de muchísima frustración, sobre todo en gente joven.. –¿Por qué la izquierda no ha sabido capitalizar de ese voto?. –Primero, porque es un fenómeno mundial. Incluso España va un pelín retrasada. Ese “trabajo profesional” del que hablaba es internacional. Se está trabajando a todos los niveles para generar palancas narrativas útiles desde los dolores específicos de cada país.. –¿Vox mostró su inteligencia al salirse de los gobiernos?. –Es un cambio de ciclo, pero es mucho más fácil generar adhesión cuando estás fuera de los ejecutivos. Gobernar no es nada fácil.. –¿Por qué se ha hundido la izquierda? ¿Por el mero desgaste del poder?. –No hay esa ciencia detrás que sí tiene la extrema derecha. No hay una profesionalización. Hoy hay que saber muy bien lo que se está haciendo porque las herramientas son muy potentes. La izquierda adolece de tener muchos militantes adentro y no tantos profesionales. Yo era independiente, más profesional que militante, y cuando dices cosas que no se quieren oír, pues te eliminan. Pero es que necesitas que te digan lo que no quieres oír para no cometer errores, que creo que es lo que está pasando. Creo que el mayor error que tiene la izquierda es que ha perdido el contacto con su base. Podemos nace de las bases, fue un movimiento brutal; y Sumar ha sido más un gigante con pies de barro que nace desde arriba y nunca ha terminado de estar arraigado al territorio. Y la policía no es tonta: la gente está viendo ese abandono. Una de las cosas que tiene esta izquierda es que trata de dar soluciones a problemas del siglo XXI con recetas del siglo XX. Está desconectada de la realidad actual y se ve impotente para generar soluciones. Hay una crisis de imaginación.. –¿Su desencanto con la política es total o hay esperanza?. –La política es todo, por supuesto que sigo creyendo en ella. Decir eso de “la política no me interesa” siempre me ha parecido una gran estupidez. Una cosa es la política institucional y otra cosa es la política que se puede hacer desde muchos otros lugares. Siempre existe la capacidad de regeneración. Todo el que se meta en esto debería tratar de no polarizar, esta es la cuestión. Estamos en un problema democrático grave justamente por eso.. –La batalla del relato…. –Claro, y la democracia consiste, sobre todo, en escuchar al que no piensa como yo y en llegar a acuerdos.. –¿Los partidos están evolucionando hacia la secta?. –Sí. No hay lugar para la duda. Si la hay, se fulmina. Esto ahonda en la polarización.. –¿Se está perdiendo la vida en comunidad?. –Humildemente, creo que no irme de mi tierra fue una decisión muy importante. Dije “no” a una serie de cosas, pero seguí con los pies en el suelo. Seguía enfrentándome todos los días a mis vecinos porque sus problemas también son los míos. Vuelvo a la repoblación de España: tenemos un país con unas infraestructuras excelentes, probablemente porque somos un país turístico, por qué no las utilizamos a nuestro favor. Hoy puedes vivir en lugares intermedios o muy pequeños para generar un proyecto de futuro y a la vez puedes estar conectado con las grandes capitales. Pero no tienes por qué acumular a la población y generar periferias de miseria e individualismo. Y ojo, no digo que vengamos aquí y nos pongamos con nuestro ordenador como nómadas digitales y no miremos qué está pasando alrededor, sino al revés: Se trata de aprender justamente cuestiones que habíamos olvidado que son fundamentales. ¿No podemos desarrollar esa comunidad? Y no confundir esto con nada hippie porque no tiene nada que ver. Tiene que ver con poder desarrollar tu proyecto personal, familiar o lo que quieras. También con un trozo de tierra en el que tú sepas cómo se cultivan las cosas y tengas algo de soberanía; porque no sabemos qué va a pasar mañana. Estamos en un momento mucho más crítico de lo que pensamos. La pandemia fue un aviso, pero pueden pasar muchas cosas más. Y en una gran ciudad estás vendido.. –Volviendo a ese “desencanto de los revolucionarios”: ¿la calle ha dejado de ser un espacio para la queja?. –Estamos acomodándonos. Digo lo que pienso a través de un teléfono y no me levanto; y eso genera polarización, individualismo y no tejer comunidad.
Tiempo después de su salida de Sumar, la escritora cuenta su experiencia en ‘El desencanto de los revolucionarios’ y propone una alternativa inspiradora desde la España olvidada
Podría parecer un libro que nace del cabreo, pero Violeta Serrano es tajante: «No». Solo «es una obra que parte de una palanca de algo que pasó [su despido telemático]» y que tiene «un objetivo propositivo». Y es que esta columnista y ensayista leonesase metió en política para «sumar» y hoy afirma que fuera de esa jaula de grillos se siente «más útil escribiendo y divulgando sobre democracia», como hace en el libro que acaba de publicar con Espasa, ‘El desencanto de los revolucionarios’, en el que el subtítulo es bastante elocuente de lo que el lector se va a encontrar dentro: «Cómo la izquierda ‘transformadora’ española pulverizó la esperanza de transformar un país».. En mitad de un mundo individualista y desbocado, Serrano reivindica la comunidad desde la Maragatería (León); en concreto, las»facenderas» o «cuando la gente de los pueblos se junta una vez a la semana o al mes para hacer algo que un vecino necesita. Antes iba todo el mundo, al menos, uno de cada familia», explica de un espíritu que «se recuperó este año durante los incendios».. –¿Este libro es un cabreo personal o el de toda una generación?. –Creo que hay que buscar la anécdota personal para ir al aprendizaje colectivo. ¿Qué tiene esto de universal?A mí me pasó algo feo; es un pequeño drama personal, pero eso no importa. La cuestión es qué podemos aprender de esto, qué está pasando hoy con muchos partidos.. –Ha guardado silencio durante años.. –Siempre hay que tomar distancia para hacer cosas que valgan la pena y no escribir justamente desde el cabreo, sino todo lo contrario. Pero ha sido un tiempo inconsciente, pero también porque cuando yo soy despedida por videollamada el movimiento no estaba tan hundido como está hoy. Y después de lo de Iñigo Errejón, que hizo mucho daño, empecé a pensar que quizá convenía hacer una crítica desde el punto de vista de alguien que estuvo dentro siendo siempre independiente; porque yo nunca he sido militante.. –¿Eso le convirtió en incómoda?. –Sí. Me llamaron en un momento de urgencia, con las generales adelantadas del 23-J. Me llaman para trabajar para Yolanda Díaz y digo que sí con la condición de no dejar mi tierra;porque me parece un problema que tienen hoy nuestros representantes políticos, que olvidan muy rápido de dónde vienen y por qué entraron en política… Sean del signo que sean. Nunca dejé ese propósito político que para mí pasa por una vertebración territorial que haga que las zonas de la España olvidadatengan un papel preponderante para solucionar muchas de las crisis que estamos atravesando hoy. Y Sumar, en este caso, está muy centrado en capitales urbanas. Hay otros partidos que han hecho todo un trabajo en esas zonas rurales que ahora están recogiendo sus frutos.. –Ahí es donde Rufián quiere dar batalla, ¿no?. –Pero yo pienso que las cosas no se pueden hacer cuando se le ven las orejas al lobo. Hay que hacer un trabajo profesional que no va de un minuto a otro. La extrema derecha ha hecho un trabajo desde hace mucho tiempo con profesionales en todas estas zonas donde la izquierda se ha abandonado.Y claro, alguien se va a hacer cargo de esa frustración y de ese abandono.Realmente lo han hecho muy bien, como también ha pasado en Francia con Le Pen, que supo polarizar entre campo y ciudad. Y me da pena porque estoy en contra de toda la polarización. Buena parte de los votos que se lleva hoy Voxparte del desencanto con el bipartidismo. Somos seres humanos que no votamos tanto con la razón como con el corazón y con las pasiones.Estamos ante un momento de muchísima frustración, sobre todo en gente joven.. –¿Por qué la izquierda no ha sabido capitalizar de ese voto?. –Primero,porque es un fenómeno mundial. Incluso España va un pelín retrasada. Ese “trabajo profesional” del que hablaba es internacional. Se está trabajando a todos los niveles para generar palancas narrativas útiles desde los dolores específicos de cada país.. –¿Vox mostró su inteligencia al salirse de los gobiernos?. –Es un cambio de ciclo, pero es mucho más fácil generar adhesión cuando estás fuera de los ejecutivos. Gobernar no es nada fácil.. –¿Por qué se ha hundido la izquierda? ¿Por el mero desgaste del poder?. –No hay esa ciencia detrás que sí tiene la extrema derecha. No hay una profesionalización. Hoy hay que saber muy bien lo que se está haciendo porque las herramientas son muy potentes.La izquierda adolece de tener muchos militantes adentro y no tantos profesionales.Yo era independiente, más profesional que militante, y cuando dices cosas que no se quieren oír, pues te eliminan. Pero es que necesitas que te digan lo que no quieres oír para no cometer errores, que creo que es lo que está pasando.Creo que el mayor error que tiene la izquierda es que ha perdido el contacto con su base. Podemos nace de las bases, fue un movimiento brutal; ySumar ha sido más un gigante con pies de barro que nace desde arriba y nunca ha terminado de estar arraigado al territorio. Y la policía no es tonta: la gente está viendo ese abandono. Una de las cosas que tiene esta izquierda es que trata de dar soluciones a problemas del siglo XXI con recetas del siglo XX. Está desconectada de la realidad actual y se ve impotente para generar soluciones. Hayuna crisis de imaginación.. –¿Su desencanto con la política es total o hay esperanza?. –La política es todo, por supuesto que sigo creyendo en ella. Decir eso de “la política no me interesa” siempre me ha parecido una gran estupidez. Una cosa es la política institucional y otra cosa es la política que se puede hacer desde muchos otros lugares. Siempre existe la capacidad de regeneración. Todo el que se meta en esto debería tratar de no polarizar, esta es la cuestión. Estamos en un problema democrático grave justamente por eso.. –La batalla del relato…. –Claro, y la democracia consiste, sobre todo, en escuchar al que no piensa como yo y en llegar a acuerdos.. –¿Los partidos están evolucionando hacia la secta?. –Sí. No hay lugar para la duda. Si la hay, se fulmina. Esto ahonda en la polarización.. –¿Se está perdiendo la vida en comunidad?. –Humildemente, creo que no irme de mi tierra fue una decisión muy importante. Dije “no” a una serie de cosas, pero seguí con los pies en el suelo. Seguía enfrentándome todos los días a mis vecinos porque sus problemas también son los míos. Vuelvo a la repoblación de España: tenemos un país con unas infraestructuras excelentes, probablemente porque somos un país turístico, por qué no las utilizamos a nuestro favor. Hoy puedes vivir en lugares intermedios o muy pequeños para generar un proyecto de futuro y a la vez puedes estar conectado con las grandes capitales. Pero no tienes por qué acumular a la población y generar periferias de miseria e individualismo. Y ojo, no digo que vengamos aquí y nos pongamos con nuestro ordenador como nómadas digitales y no miremos qué está pasando alrededor, sino al revés: Se trata de aprender justamente cuestiones que habíamos olvidado que son fundamentales. ¿No podemos desarrollar esa comunidad? Y no confundir esto con nada hippie porque no tiene nada que ver. Tiene que ver con poder desarrollar tu proyecto personal, familiar o lo que quieras. También con un trozo de tierra en el que tú sepas cómo se cultivan las cosas y tengas algo de soberanía; porque no sabemos qué va a pasar mañana. Estamos en un momento mucho más crítico de lo que pensamos. La pandemia fue un aviso, pero pueden pasar muchas cosas más. Y en una gran ciudad estás vendido.. –Volviendo a ese “desencanto de los revolucionarios”: ¿la calle ha dejado de ser un espacio para la queja?. –Estamos acomodándonos. Digo lo que pienso a través de un teléfono y no me levanto; y eso genera polarización, individualismo y no tejer comunidad.
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