“Vicky, nos gustaría hablar sobre nuestros personajes”. Las actrices protagonistas de Se tiene que morir mucha gente se enfrentan a Victoria Martín, creadora de la serie de Movistar Plus. Anna Castillo, Macarena García y Laura Weissmahr piden enriquecer sus papeles con trascendencias varias y tics imposibles.. “A mi personaje le falta un punch. ¿Por qué mejor no viene de San Petersburgo? Porque a mi se me da increíble hacer el acento ruso”, insiste Macarena. “A mí personaje le falta un trauma infantil. Yo había pensado bullying y que, por eso, en el presente tenga un tic en la cara. Esto lo haría muy intensa”, propone Laura. Y su cara empieza a sufrir particulares espasmos.. Que nadie se asuste. No son divismos. Es una promoción que avanza que habrá segunda temporada de esta serie. Pero en vez de decirlo y ya está, han creado una sátira muy realista sobre la intensidad de las actrices y los actores queriendo que tengan más peso sus papales. Y, de paso, que el ‘ooooh’ de los espectadores se haga más inmenso ante su trabajo actoral.. Sugerir “mejoras” en las características de los personajes es habitual cuando llegas al mundo de la escena y quieres que todo trabajo sea una experiencia vital apoteósica. Entonces, es fácil sentir la ambición de pensar que mejor actriz serás cuántas más diferencias atesore el personaje con tu persona. E intentas disfrazarte lo máximo. Incluso explorar todas las motivaciones que no están escritas en el guion. Aunque, a menudo, lo más pragmático sea ejercer la sencillez que impide pasarse de frenada por culpa de la excitación de las ideas desde el «yo puedo». O quizá tanta trascendencia se acabe comiendo la naturalidad de la personalidad a la que pretendes dar vida en la pantalla.. Una ansía interpretativa que aprendió a relativizar Aitana Sánchez-Gijón cuando, bien joven, rodó El pájaro de la felicidad (1993) de Pilar Miró. En esta película, ponía piel y alma a una madre que dejaba a su hijo en manos de su suegra, que daba vida Mercedes Sampietro. “A mí me costaba mucho entender cómo una madre podía dejar a un niño y largarse. Y, el primer día, mi pregunta fundamental era esta: ‘Pilar, explícame por qué esta chica abandona a su hijo’.”.. Y Pilar, Pilar Miró, la contestó. Sin tiempo para perder el tiempo: “Mira, Aitana, porque para la historia se tiene que quedar Mercedes con el niño. Porque de eso va esta historia. ¿Te ha quedado claro”. Aitana, sonreía al recordar la anécdota: “Me despachó en dos segundos. No me dejó meterme en psicologísmos. Me quedé acojonada… claro”.. Con una risueña pausa dramática final, Aitana compartía en una entrevista para La 2 una batallita que, en el fondo, ironiza con ser prácticos. Como el sketche de Se tiene que morir mucha gente. La vida ya se complica por si sola para llenarla de complicaciones solo por la ambición del qué dirán. Entender, sí. Empatizar, sobre todo. Sobreentender, sobrecargar y sobreestipular… termina aturullando. Tres ‘sobres’ que quizá sean, de hecho, uno de los grandes problemas de nuestro tiempo.
Así se ha anunciado la segunda temporada de ‘Se tiene que morir mucha gente’
20MINUTOS.ES – Televisión
“Vicky, nos gustaría hablar sobre nuestros personajes”. Las actrices protagonistas de Se tiene que morir mucha gente se enfrentan a Victoria Martín, creadora de la serie de Movistar Plus. Anna Castillo, Macarena García y Laura Weissmahr piden enriquecer sus papeles con trascendencias varias y tics imposibles.. “A mi personaje le falta un punch. ¿Por qué mejor no viene de San Petersburgo? Porque a mi se me da increíble hacer el acento ruso”, insiste Macarena. “A mí personaje le falta un trauma infantil. Yo había pensado bullying y que, por eso, en el presente tenga un tic en la cara. Esto lo haría muy intensa”, propone Laura. Y su cara empieza a sufrir particulares espasmos.. Que nadie se asuste. No son divismos. Es una promoción que avanza que habrá segunda temporada de esta serie. Pero en vez de decirlo y ya está, han creado una sátira muy realista sobre la intensidad de las actrices y los actores queriendo que tengan más peso sus papales. Y, de paso, que el ‘ooooh’ de los espectadores se haga más inmenso ante su trabajo actoral.. Sugerir “mejoras” en las características de los personajes es habitual cuando llegas al mundo de la escena y quieres que todo trabajo sea una experiencia vital apoteósica. Entonces, es fácil sentir la ambición de pensar que mejor actriz serás cuántas más diferencias atesore el personaje con tu persona. E intentas disfrazarte lo máximo. Incluso explorar todas las motivaciones que no están escritas en el guion. Aunque, a menudo, lo más pragmático sea ejercer la sencillez que impide pasarse de frenada por culpa de la excitación de las ideas desde el «yo puedo». O quizá tanta trascendencia se acabe comiendo la naturalidad de la personalidad a la que pretendes dar vida en la pantalla.. Una ansía interpretativa que aprendió a relativizar Aitana Sánchez-Gijón cuando, bien joven, rodó El pájaro de la felicidad (1993) de Pilar Miró. En esta película, ponía piel y alma a una madre que dejaba a su hijo en manos de su suegra, que daba vida Mercedes Sampietro. “A mí me costaba mucho entender cómo una madre podía dejar a un niño y largarse. Y, el primer día, mi pregunta fundamental era esta: ‘Pilar, explícame por qué esta chica abandona a su hijo’.”.. Y Pilar, Pilar Miró, la contestó. Sin tiempo para perder el tiempo: “Mira, Aitana, porque para la historia se tiene que quedar Mercedes con el niño. Porque de eso va esta historia. ¿Te ha quedado claro”. Aitana, sonreía al recordar la anécdota: “Me despachó en dos segundos. No me dejó meterme en psicologísmos. Me quedé acojonada… claro”.. Con una risueña pausa dramática final, Aitana compartía en una entrevista para La 2 una batallita que, en el fondo, ironiza con ser prácticos. Como el sketche de Se tiene que morir mucha gente. La vida ya se complica por si sola para llenarla de complicaciones solo por la ambición del qué dirán. Entender, sí. Empatizar, sobre todo. Sobreentender, sobrecargar y sobreestipular… termina aturullando. Tres ‘sobres’ que quizá sean, de hecho, uno de los grandes problemas de nuestro tiempo.
