Mi yo del año pasado tenía dinero y energía. Y mi yo de este año está pagando las consecuencias. Tuve en diciembre una paga extra y una actitud vitalista, así que me dediqué a comprar alegremente entradas para conciertos. Este fin de semana fui al segundo. Ya solo me queda uno para acabar con un maratón musical para el que no estoy preparado. Y he empezado a desarrollar cierto resquemor con aquel Enrique navideño y jaranero, que se creyó con la autoridad moral para organizarme la vida; y algo de miedo a caer yo en los mismos desmanes con mi yo del futuro.. Seguir leyendo
Hemos perdido el control sobre nuestro presente, así que empezamos a planificar el futuro de forma enfermiza
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Vermú y verbena. Columna. Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado. Hemos perdido el control sobre nuestro presente, así que empezamos a planificar el futuro de forma enfermiza. Una persona usando la aplicación Google Calendar.Candela Ordóñez. Mi yo del año pasado tenía dinero y energía. Y mi yo de este año está pagando las consecuencias. Tuve en diciembre una paga extra y una actitud vitalista, así que me dediqué a comprar alegremente entradas para conciertos. Este fin de semana fui al segundo. Ya solo me queda uno para acabar con un maratón musical para el que no estoy preparado. Y he empezado a desarrollar cierto resquemor con aquel Enrique navideño y jaranero, que se creyó con la autoridad moral para organizarme la vida, y algo de miedo a caer yo en los mismos desmanes con mi yo del futuro.. Los eventos del presente son tan bombásticos y demandados que tienes que haberlos reservado en un pasado remoto. Es como si siempre estuvieras haciendo una cola interminable, esperando durante meses la llegada de eventos difusos mientras la vida pasa. Entre que organizas un plan y efectivamente lo ejecutas, pueden suceder divorcios, nacimientos y despidos. Y esto da lugar a una curiosa disonancia emocional: puede que seas una persona diferente a aquella que compró las entradas con unas ganas que se fueron desinflando con los meses.. Se habla mucho de que en Madrid ha muerto la improvisación. A los amigos hay que llamarlos con semanas para cerrar agenda; a los restaurantes no se puede presentar uno sin previa reserva y para ir el sábado a la piscina tienes que poner una alarma el jueves para pillar entradas. Esto nos ha lanzado a los madrileños a planificar el futuro con una efusividad quizás excesiva. Miro mi agenda para confirmar mi tesis y veo que, más allá de esta primavera musical, tengo reservados todos los findes de junio con escapadas en familia y cenas con amigos. Tengo una comida en un restaurante de moda para septiembre (igual para entonces ya no está de moda) y las vacaciones de verano las cerré ya el pasado abril.. Es el acelerón del tiempo que se muerde la cola. Mi presente es caótico y llego con la lengua afuera a todas partes. Tengo la sensación de que son otros quienes me organizan la vida. Así el día a día transcurre entre el trabajo, las clases extraescolares (las de mi hijo y las mías, que en estas cosas ya no hay edad), ir a hacer la compra, arreglar la cisterna o hacer la declaración de la renta. Por eso vivo proyectándome en un futuro que parece, quizá por lo lejano, más lento y amable. Más fácil de autogestionar.. Hace tiempo que perdimos el control sobre el reloj, así que nos hemos volcado en el calendario. De esta forma hemos conseguido normalizar los viajes en el tiempo, no tanto por haber construido un DeLorean, sino por nuestra incapacidad para habitar el presente.. El tiempo se me escapa, el dinero escasea y todo el mundo quiere hacer las mismas cosas en el mismo momento. El ahora está saturado, así que me teletransporto al mañana, me impongo planes que en la distancia suenan apetecibles. Y cojo entradas para conciertos, exposiciones, presentaciones de libros o cenas estupendas. No dejan de ser vagos propósitos, una carta a los Reyes Magos escrita en Google Calendar. Porque luego llega el día, y a lo previsto se le suma el prefijo ‘im’, dos letras que desbaratan todos los planes. Sé que no soy el único. Estoy en varios grupos de Telegram de reventa de entradas. No son tanto para hacer negocio como para que los yos presentes se liberen de la tiranía de los yos pasados. Para escapar de la rutina hedonista autoimpuesta.. Me proyecto en futuros pensando que son inalcanzables como horizontes. Pero el horizonte es una mera cuestión de perspectiva. Desde una altura media, si no hay obstáculos, puedes ver hasta cinco kilómetros de distancia. Más allá hay dragones, los bordes de un mundo plano, lo inescrutable. Y está bien que sea así, porque el futuro debería ser por definición ignoto, y no me gusta hacerme spoilers de la vida que está por llegar. Así que he decidido planear solo lo inmediato, sin mirar más allá de los cinco kilómetros de distancia.. Sobre la firma. Licenciado en Derecho, máster en Periodismo. Ha pasado por las redacciones de la Cadena SER, Onda Cero, Vanity Fair y Yorokobu. En EL PAÍS escribe en la sección de Salud y Bienestar. Normas ›. Mis comentariosNormas. Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos. Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus.. Más información. Archivado En. Comunidad de Madrid. Madrid. Google. Calendario laboral. Estrés. Sociedad. Opinión. Conciertos. Psicología. Si está interesado en licenciar este contenido, pinche aquí
