Cristina Llorenç, de 58 años, fue diagnosticada de un colangiocarcinoma, un tumor muy maligno en las células biliares dentro del hígado con muy mal pronóstico. Su única opción era someterse a una intervención para resecar el tumor, ya que de otro modo no había más alternativa terapéutica, pero su especialista de referencia no podía llevar a cabo esta operación por la complejidad de la misma.. El problema en este caso es que el tumor, del tamaño de una pelota de handbol, no solo afectaba al hígado, sino también a la vena cava, que es la que drena todo el cuerpo desde debajo del diafragma hasta el corazón, y a las tres venas suprahepáticas, que son las que recogen la sangre del hígado y que para poder vivir es imprescindible que al menos una de ellas esté en funcionamiento, y eso lo convertía en inoperable, al menos con las técnicas convencionales.. Y es que, como explica el doctor Gonzalo Sapisochin, nuevo jefe del Servicio de Cirugía General y Aparato Digestivo de Vall d’Hebron, para poder resecar un tumor en el hígado es necesario «dejar suficiente drenaje venoso en el órgano, que haya suficiente sangre que entre por vía portal o arterial para que haya irrigación del hígado, que se garantice el drenaje biliar y que se pueda dejar suficiente hígado, porque no se puede vivir con menos del 30% del órgano, que es el único que se regenera» y, en este caso, por la ubicación del tumor, no era posible cumplir con todos estos requisitos con las técnicas quirúrgicas convencionales.. Así, Cristina fue derivada al doctor Sapisochin, quien, durante sus 12 años de carrera profesional en el hospital General de Toronto, desarrolló lo que se conoce como oncología del trasplante, que consiste en aplicar técnicas del trasplante hepático para hacer cirugía oncológica. Al respecto, este explica que «como la única manera de operar este tumor era resecando toda la vena cava, así como las tres venas suprahepáticas para, posteriormente, reimplantar una de esas venas para que pudiera tener drenaje, era necesario quitar al hígado toda la sangre que le llega y toda la que le sale pero eso provocaría la muerte del órgano».. Para evitar eso, en los trasplantes de hígado se recurre a la perfusión para preservar el órgano fuera del cuerpo del paciente y esa misma técnica es la que se usa en la oncología del trasplante. Sin embargo, con esta paciente no solo se ha perfundido el hígado según la técnica convencional, en esta ocasión dentro de su propio organismo, sino que, como novedad, se ha recurrido a HOPE, «una máquina que perfunde el líquido de preservación de órganos que usamos en el trasplante, con la ventaja de que además este líquido, que está a 4ºC y eso hace que su metabolismo baje y así el órgano funcione menos, aporta oxígeno al hígado», explica Sapisochin.. Una técnica novedosa. En definitiva, en esta intervención, el cirujano replicó la técnica de oncología del trasplante que había desarrollado en Toronto y además incorporó el uso de HOPE, que se utiliza en el trasplante hepático cuando el hígado esta fuera del cuerpo, pero en este caso, la máquina estaba conectada dentro de la paciente a través de su vena porta. La gran novedad de este sistema es que durante la perfusión también se aporta oxígeno al órgano, lo que favorece su recuperación, sin embargo, su uso entraña mucha complejidad, puesto que «esta técnica solo se usa en el trasplante hepático y quien no realiza este trasplante nunca podrá hacer la técnica en cirugía oncológica». De hecho, tal y como indica el doctor, tan solo se ha recurrido a una máquina como HOPE en el marco de la cirugía oncológica en tres ocasiones previamente, todas ellas en Francia.. Así pues, durante las 10 horas que duró la intervención, en la que participó un equipo multidisciplinar formado por 15 profesionales, entre cirujanos (5), Anestesiología y Reanimación y Enfermería, «se desconectó el hígado del resto del organismo inutilizando la vena cava y las venas suprahepáticas y fue entonces cuando el órgano se conectó a HOPE para garantizar su preservación». «Eso nos permitió sacar el tumor, reemplazar la vena cava con un injerto orgánico procedente de una donación y reimplantar una de las tres venas, ya que es imposible vivir sin al menos una de ellas», recuerda Sapisochin.. Previamente a su paso por quirófano, se había sometido a la paciente a una terapia combinada con quimioterapia e inmunoterapia, gracias a la cual el tumor no continuó progresando y el hecho de que este estuviera controlado fue lo que animó a los cirujanos a llevar a cabo la intervención, que dada su complejidad y envergadura no hubiera estado justificada si existieran indicios de que a posteriori el tumor iba a progresar.. Al respecto, el doctor destaca los grandes avances que se han producido en los últimos cinco años en el campo de los tratamientos sistémicos del colangiocarcinoma, los cuales han logrado cambiar el pronóstico de algunos pacientes que hace un tiempo se morían a los pocos meses.. En cualquier caso, a día de hoy, Cristina, que fue intervenida en noviembre de 2025 y para las fiestas navideñas ya estaba en su casa, «está en remisión, completamente limpia porque se hizo una resección de todos los márgenes negativos y no había infiltración de otros órganos ni de los ganglios linfáticos, y su hígado ya se ha regenerado todo lo que se tenía que regenerar». «Le dejamos el 50% del órgano, que solo se regenera durante las primeras cuatro semanas tras la intervención», comenta el cirujano, quien al respecto aclara que «el hígado es un órgano inteligente y solo se regenera lo que es necesario».. Así, desde el mes de enero, cuando se reincorporó al trabajo y retomó sus clases de gimnasia, Cristina lleva una vida completamente normal y tan solo ha de someterse a controles periódicos para asegurar que todo va según lo previsto y tomar anticoagulantes. «Me encuentro genial. Excepto los cuatro primeros días tras la intervención, que fueron malos, me he sentido muy bien y al octavo, ya estaba en casa», asegura la paciente.. Para ella «es sorprendente la reacción del cuerpo» a una cirugía de tal envergadura, que si bien es cierto que en un primer momento «asusta», ella era plenamente consciencia de que «era la mejor opción», así que decidió confiar ciegamente en los profesionales, por los que siente «una enorme agradecimiento».
Este afectaba a vasos vitales, de manera que no se podría resecar con las técnicas convencionales y los cirujanos recurrieron a un sistema que permite mantener el órgano oxigenado y con vida mientras extirpaban el tumor
Cristina Llorenç, de 58 años, fue diagnosticada de un colangiocarcinoma, un tumor muy maligno en las células biliares dentro del hígado con muy mal pronóstico. Su única opción era someterse a una intervención para resecar el tumor, ya que de otro modo no había más alternativa terapéutica, pero su especialista de referencia no podía llevar a cabo esta operación por la complejidad de la misma.. El problema en este caso es que el tumor, del tamaño de una pelota de handbol, no solo afectaba al hígado, sino también a la vena cava, que es la que drena todo el cuerpo desde debajo del diafragma hasta el corazón, y a las tres venas suprahepáticas, que son las que recogen la sangre del hígado y que para poder vivir es imprescindible que al menos una de ellas esté en funcionamiento, y eso lo convertía en inoperable, al menos con las técnicas convencionales.. Y es que, como explica el doctor Gonzalo Sapisochin, nuevo jefe del Servicio de Cirugía General y Aparato Digestivo de Vall d’Hebron, para poder resecar un tumor en el hígado es necesario «dejar suficiente drenaje venoso en el órgano, que haya suficiente sangre que entre por vía portal o arterial para que haya irrigación del hígado, que se garantice el drenaje biliar y que se pueda dejar suficiente hígado, porque no se puede vivir con menos del 30% del órgano, que es el único que se regenera» y, en este caso, por la ubicación del tumor, no era posible cumplir con todos estos requisitos con las técnicas quirúrgicas convencionales.. Así, Cristina fue derivada al doctor Sapisochin, quien, durante sus 12 años de carrera profesional en el hospital General de Toronto, desarrolló lo que se conoce como oncología del trasplante, que consiste en aplicar técnicas del trasplante hepático para hacer cirugía oncológica. Al respecto, este explica que «como la única manera de operar este tumor era resecando toda la vena cava, así como las tres venas suprahepáticas para, posteriormente, reimplantar una de esas venas para que pudiera tener drenaje, era necesario quitar al hígado toda la sangre que le llega y toda la que le sale pero eso provocaría la muerte del órgano».. Para evitar eso, en los trasplantes de hígado se recurre a la perfusión para preservar el órgano fuera del cuerpo del paciente y esa misma técnica es la que se usa en la oncología del trasplante. Sin embargo, con esta paciente no solo se ha perfundido el hígado según la técnica convencional, en esta ocasión dentro de su propio organismo, sino que, como novedad, se ha recurrido a HOPE, «una máquina que perfunde el líquido de preservación de órganos que usamos en el trasplante, con la ventaja de que además este líquido, que está a 4ºC y eso hace que su metabolismo baje y así el órgano funcione menos, aporta oxígeno al hígado», explica Sapisochin.. Una técnica novedosa. En definitiva, en esta intervención, el cirujano replicó la técnica de oncología del trasplante que había desarrollado en Toronto y además incorporó el uso de HOPE, que se utiliza en el trasplante hepático cuando el hígado esta fuera del cuerpo, pero en este caso, la máquina estaba conectada dentro de la paciente a través de su vena porta. La gran novedad de este sistema es que durante la perfusión también se aporta oxígeno al órgano, lo que favorece su recuperación, sin embargo, su uso entraña mucha complejidad, puesto que «esta técnica solo se usa en el trasplante hepático y quien no realiza este trasplante nunca podrá hacer la técnica en cirugía oncológica». De hecho, tal y como indica el doctor, tan solo se ha recurrido a una máquina como HOPE en el marco de la cirugía oncológica en tres ocasiones previamente, todas ellas en Francia.. Así pues, durante las 10 horas que duró la intervención, en la que participó un equipo multidisciplinar formado por 15 profesionales, entre cirujanos (5), Anestesiología y Reanimación y Enfermería, «se desconectó el hígado del resto del organismo inutilizando la vena cava y las venas suprahepáticas y fue entonces cuando el órgano se conectó a HOPE para garantizar su preservación». «Eso nos permitió sacar el tumor, reemplazar la vena cava con un injerto orgánico procedente de una donación y reimplantar una de las tres venas, ya que es imposible vivir sin al menos una de ellas», recuerda Sapisochin.. Previamente a su paso por quirófano, se había sometido a la paciente a una terapia combinada con quimioterapia e inmunoterapia, gracias a la cual el tumor no continuó progresando y el hecho de que este estuviera controlado fue lo que animó a los cirujanos a llevar a cabo la intervención, que dada su complejidad y envergadura no hubiera estado justificada si existieran indicios de que a posteriori el tumor iba a progresar.. Al respecto, el doctor destaca los grandes avances que se han producido en los últimos cinco años en el campo de los tratamientos sistémicos del colangiocarcinoma, los cuales han logrado cambiar el pronóstico de algunos pacientes que hace un tiempo se morían a los pocos meses.. En cualquier caso, a día de hoy, Cristina, que fue intervenida en noviembre de 2025 y para las fiestas navideñas ya estaba en su casa, «está en remisión, completamente limpia porque se hizo una resección de todos los márgenes negativos y no había infiltración de otros órganos ni de los ganglios linfáticos, y su hígado ya se ha regenerado todo lo que se tenía que regenerar». «Le dejamos el 50% del órgano, que solo se regenera durante las primeras cuatro semanas tras la intervención», comenta el cirujano, quien al respecto aclara que «el hígado es un órgano inteligente y solo se regenera lo que es necesario».. Así, desde el mes de enero, cuando se reincorporó al trabajo y retomó sus clases de gimnasia, Cristina lleva una vida completamente normal y tan solo ha de someterse a controles periódicos para asegurar que todo va según lo previsto y tomar anticoagulantes. «Me encuentro genial. Excepto los cuatro primeros días tras la intervención, que fueron malos, me he sentido muy bien y al octavo, ya estaba en casa», asegura la paciente.. Para ella «es sorprendente la reacción del cuerpo» a una cirugía de tal envergadura, que si bien es cierto que en un primer momento «asusta», ella era plenamente consciencia de que «era la mejor opción», así que decidió confiar ciegamente en los profesionales, por los que siente «una enorme agradecimiento».
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