Los Mossos d’Esquadra vigilan cada año de forma «no invasiva» a unos 150 condenados por delitos violentos que han salido de la cárcel con alto riesgo de reincidencia, la mayoría por agresiones sexuales o de género, un seguimiento al que se suman medidas psicosociales para evitar que vuelvan a delinquir. Ese seguimiento no invasivo de perfiles violentos con riesgo de reincidir lo encarga la Fiscalía a los Mossos d’Esquadra, a partir de las informaciones que recibe del Departamento de Justicia sobre reclusos que salen de prisión tras cumplir condena por hechos violentos y que se estima tienen alto riesgo de volver a cometer un delito similar.. El seguimiento se basa en un protocolo que se puso en marcha en 2009 a raíz de la llamada «comisión Mena» impulsada por el Departamento de Justicia, un grupo de juristas y expertos en reincidencia que plantearon varias fórmulas para impedir que exreclusos no rehabilitados volvieran a delinquir. Los trabajos de la comisión coincidieron con la detención de Alejandro Martínez Singul, conocido como «el segundo violador del Eixample», por otra agresión sexual cometida en Francia cuando había salido de prisión tras haber liquidado su condena, lo que desató la preocupación social por las excarcelaciones de esos perfiles violentos no rehabilitados.. El año pasado, el Departamento de Justicia estudió en Cataluña 230 excarcelaciones de delincuentes con riesgo de reincidencia y remitió 176 a las fiscalías provinciales, que es la que finalmente decide si ordena a la policía catalana el control no invasivo del exrecluso y por cuánto tiempo. Solo en la provincia de Barcelona, la Fiscalía acordó en 2025 medidas de seguimiento de 94 delincuentes no excarcelados, en 48 casos por un período de entre seis meses y un año y en otros 21 -los más graves- durante más de un año, según datos facilitados por el ministerio público. La mayoría de excarcelados en Barcelona eran personas condenadas por delitos de violencia machista y familiar -principalmente contra la propia madre-, así como por agresiones sexuales, uno de los perfiles de delincuentes con los que los programas de reinserción de las prisiones dan menos resultados.. Tras recibir la orden de la Fiscalía, los Mossos d’Esquadra planifican un programa de seguimiento del exrecluso que busca combinar el respeto a la privacidad con el control efectivo -se trata de personas que ya han cumplido su condena, sin ningún tipo de medida cautelar fijada en sentencia-, lo que puede incluir desde una discreta vigilancia a contactos con su entorno o abogados. Ese tipo de reclusos, sin embargo, no sale a la calle sin pasar por un programa de los servicios penitenciarios de la Generalitat para trabajar en los principales factores de riesgo que disparan el riesgo de reincidencia.. Según ha explicado a Efe un responsable de Servicios Penitenciarios, el programa se inicia meses antes de la salida definitiva del interno, al que se propone una «intervención» para cambiar aquellos «elementos que fueron funcionales en la comisión del crimen».. Así, si el alcohol fue un factor clave en el delito, se trata de trabajar en la abstinencia del recluso, si lo fue una personalidad impulsiva, se le propone un tratamiento para reforzar el autocontrol. Desde el punto de vista social, se intenta facilitar la búsqueda de empleo o documentación legal al recluso cuando se estima que la falta de estabilidad laboral o arraigo aumentan el riesgo.. Esas medida sobre el recluso van acompañadas de una comunicación a las víctimas del delito sobre la puesta en libertad del condenado, lo que puede ir acompañado de dispositivos de alarma en el caso en que existan órdenes de alejamiento. «El objetivo es una política de no más víctimas, pero combinar la seguridad con la reinserción», añade el responsable de Servicios Penitenciarios.. El grueso de los reclusos sin rehabilitar salen en libertad sin haber pasado antes por permisos penitenciarios o tercer grado, precisamente por no haber reunido las condiciones para que las juntas de tratamiento de la cárcel se los otorgaran, dados los riesgos de su excarcelación. No obstante, los servicios penitenciarios consideran clave el tercer grado o los permisos en el proceso de rehabilitación de un preso antes de su puesta en libertad: un 32% de los reclusos que reinciden no habían disfrutado del régimen abierto, porcentaje que desciende al 5 % en el resto.. Según los estudios de reincidencia que periódicamente lleva a cabo el Departamento de Justicia -el último de 2024-, un 80% de las personas que salen de prisión tras cumplir su condena no vuelven a delinquir en los cuatro años siguientes a su puesta en libertad.
La mayoría de excarcelados en Barcelona eran personas condenadas por delitos de violencia machista y familiar -principalmente contra la propia madre-, así como por agresiones sexuales
Los Mossos d’Esquadra vigilan cada año de forma «no invasiva» a unos 150 condenados por delitos violentos que han salido de la cárcel con alto riesgo de reincidencia, la mayoría por agresiones sexuales o de género, un seguimiento al que se suman medidas psicosociales para evitar que vuelvan a delinquir. Ese seguimiento no invasivo de perfiles violentos con riesgo de reincidir lo encarga la Fiscalía a los Mossos d’Esquadra, a partir de las informaciones que recibe del Departamento de Justicia sobre reclusos que salen de prisión tras cumplir condena por hechos violentos y que se estima tienen alto riesgo de volver a cometer un delito similar.. El seguimiento se basa en un protocolo que se puso en marcha en 2009 a raíz de la llamada «comisión Mena» impulsada por el Departamento de Justicia, un grupo de juristas y expertos en reincidencia que plantearon varias fórmulas para impedir que exreclusos no rehabilitados volvieran a delinquir. Los trabajos de la comisión coincidieron con la detención de Alejandro Martínez Singul, conocido como «el segundo violador del Eixample», por otra agresión sexual cometida en Francia cuando había salido de prisión tras haber liquidado su condena, lo que desató la preocupación social por las excarcelaciones de esos perfiles violentos no rehabilitados.. El año pasado, el Departamento de Justicia estudió en Cataluña 230 excarcelaciones de delincuentes con riesgo de reincidencia y remitió 176 a las fiscalías provinciales, que es la que finalmente decide si ordena a la policía catalana el control no invasivo del exrecluso y por cuánto tiempo. Solo en la provincia de Barcelona, la Fiscalía acordó en 2025 medidas de seguimiento de 94 delincuentes no excarcelados, en 48 casos por un período de entre seis meses y un año y en otros 21 -los más graves- durante más de un año, según datos facilitados por el ministerio público. La mayoría de excarcelados en Barcelona eran personas condenadas por delitos de violencia machista y familiar -principalmente contra la propia madre-, así como por agresiones sexuales, uno de los perfiles de delincuentes con los que los programas de reinserción de las prisiones dan menos resultados.. Tras recibir la orden de la Fiscalía, los Mossos d’Esquadra planifican un programa de seguimiento del exrecluso que busca combinar el respeto a la privacidad con el control efectivo -se trata de personas que ya han cumplido su condena, sin ningún tipo de medida cautelar fijada en sentencia-, lo que puede incluir desde una discreta vigilancia a contactos con su entorno o abogados. Ese tipo de reclusos, sin embargo, no sale a la calle sin pasar por un programa de los servicios penitenciarios de la Generalitat para trabajar en los principales factores de riesgo que disparan el riesgo de reincidencia.. Según ha explicado a Efe un responsable de Servicios Penitenciarios, el programa se inicia meses antes de la salida definitiva del interno, al que se propone una «intervención» para cambiar aquellos «elementos que fueron funcionales en la comisión del crimen».. Así, si el alcohol fue un factor clave en el delito, se trata de trabajar en la abstinencia del recluso, si lo fue una personalidad impulsiva, se le propone un tratamiento para reforzar el autocontrol. Desde el punto de vista social, se intenta facilitar la búsqueda de empleo o documentación legal al recluso cuando se estima que la falta de estabilidad laboral o arraigo aumentan el riesgo.. Esas medida sobre el recluso van acompañadas de una comunicación a las víctimas del delito sobre la puesta en libertad del condenado, lo que puede ir acompañado de dispositivos de alarma en el caso en que existan órdenes de alejamiento. «El objetivo es una política de no más víctimas, pero combinar la seguridad con la reinserción», añade el responsable de Servicios Penitenciarios.. El grueso de los reclusos sin rehabilitar salen en libertad sin haber pasado antes por permisos penitenciarios o tercer grado, precisamente por no haber reunido las condiciones para que las juntas de tratamiento de la cárcel se los otorgaran, dados los riesgos de su excarcelación. No obstante, los servicios penitenciarios consideran clave el tercer grado o los permisos en el proceso de rehabilitación de un preso antes de su puesta en libertad: un 32% de los reclusos que reinciden no habían disfrutado del régimen abierto, porcentaje que desciende al 5 % en el resto.. Según los estudios de reincidencia que periódicamente lleva a cabo el Departamento de Justicia -el último de 2024-, un 80% de las personas que salen de prisión tras cumplir su condena no vuelven a delinquir en los cuatro años siguientes a su puesta en libertad.
Noticias de Cataluña en La Razón
