Tiene una voz afinada, educada, pero no deja de originarse el clásico debate sobre si Rosalía está sobrevalorada, algo que refleja las tensiones habituales entre éxito comercial, innovación artística y expectativas del público. Para algunos, su popularidad desmedida no se corresponde con su talento real; para otros, es precisamente su capacidad de romper moldes lo que justifica el reconocimiento. Analizar esta cuestión exige separar gustos personales de criterios más amplios. Quienes sostienen que Rosalía está sobrevalorada suelen argumentar que su música reciente se ha alejado de la complejidad que la hizo destacar. Tras “El mal querer”, un disco conceptualmente tan sólido y arriesgado como alejado de gustos clásicos, de siempre, su giro hacia el pop global y la estética urbana habría priorizado la imagen sobre la profundidad musical. También se critica que parte de su éxito se deba a colaboraciones estratégicas, marketing efectivo y una narrativa de “artista revolucionaria” que, según esta postura, exagera la originalidad real de su propuesta. Incluso algunos señalan que su uso de referentes culturales —especialmente del flamenco y de músicas urbanas latinoamericanas—, ha generado controversias sobre apropiación y superficialidad. Desde esta óptica, la industria y los medios habrían amplificado su figura hasta convertirla en símbolo de innovación, cuando en realidad estaría reinterpretando estilos ya existentes sin transformarlos de manera sustancial. Sin embargo, calificarla de sobrevalorada ignora aspectos clave de su impacto. Rosalía ha demostrado una notable capacidad técnica como cantante y productora, y una inteligencia artística para fusionar tradición y modernidad de forma accesible a públicos muy diversos. Lograr que un disco con raíces flamencas tenga proyección internacional no es cuestión baladí, y su influencia en nuevas generaciones de artistas es evidente. Además, el riesgo creativo implica necesariamente aciertos y errores; evolucionar no equivale a traicionar el talento, si bien, a título personal, sus letras son extremadamente malas. En el fondo, la idea de sobrevaloración suele surgir cuando el éxito de un artista supera las expectativas individuales del oyente. Rosalía no es intocable ni perfecta, pero tampoco un producto vacío. Más que preguntarse si está sobrevalorada, quizá sea más justo reconocer que su figura concentra virtudes, limitaciones y contradicciones propias de una artista que opera en la intersección entre arte, industria y cultura global.
Tiene una voz afinada, educada, pero no deja de originarse el clásico debate sobre si Rosalía está sobrevalorada
Tiene una voz afinada, educada, pero no deja de originarse el clásico debate sobre si Rosalía está sobrevalorada, algo que refleja las tensiones habituales entre éxito comercial, innovación artística y expectativas del público. Para algunos, su popularidad desmedida no se corresponde con su talento real; para otros, es precisamente su capacidad de romper moldes lo que justifica el reconocimiento. Analizar esta cuestión exige separar gustos personales de criterios más amplios. Quienes sostienen que Rosalía está sobrevalorada suelen argumentar que su música reciente se ha alejado de la complejidad que la hizo destacar. Tras “El mal querer”, un disco conceptualmente tan sólido y arriesgado como alejado de gustos clásicos, de siempre, su giro hacia el pop global y la estética urbana habría priorizado la imagen sobre la profundidad musical. También se critica que parte de su éxito se deba a colaboraciones estratégicas, marketing efectivo y una narrativa de “artista revolucionaria” que, según esta postura, exagera la originalidad real de su propuesta. Incluso algunos señalan que su uso de referentes culturales —especialmente del flamenco y de músicas urbanas latinoamericanas—, ha generado controversias sobre apropiación y superficialidad. Desde esta óptica, la industria y los medios habrían amplificado su figura hasta convertirla en símbolo de innovación, cuando en realidad estaría reinterpretando estilos ya existentes sin transformarlos de manera sustancial. Sin embargo, calificarla de sobrevalorada ignora aspectos clave de su impacto. Rosalía ha demostrado una notable capacidad técnica como cantante y productora, y una inteligencia artística para fusionar tradición y modernidad de forma accesible a públicos muy diversos. Lograr que un disco con raíces flamencas tenga proyección internacional no es cuestión baladí, y su influencia en nuevas generaciones de artistas es evidente. Además, el riesgo creativo implica necesariamente aciertos y errores; evolucionar no equivale a traicionar el talento, si bien, a título personal, sus letras son extremadamente malas. En el fondo, la idea de sobrevaloración suele surgir cuando el éxito de un artista supera las expectativas individuales del oyente. Rosalía no es intocable ni perfecta, pero tampoco un producto vacío. Más que preguntarse si está sobrevalorada, quizá sea más justo reconocer que su figura concentra virtudes, limitaciones y contradicciones propias de una artista que opera en la intersección entre arte, industria y cultura global.
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