Sandra del Olmo llegó nerviosa a la cita en una cafetería. Le esperaba su padre, al que no había visto hacía un año. Desde que él hizo las maletas y se fue de casa, las cosas entre ellos ya nunca fueron iguales. Algo parecía roto. En el divorcio, ella tomó partido por su madre y eso la había distanciado irremediablemente de él. Ese día, delante de un café, no hablaron de nada importante, solo de asuntos cotidianos de sus vidas. A partir de ese momento se llamaron y se mensajearon más a menudo, y eso les trajo mucha paz a ambos. Volvieron a verse tres veces más. La última, la noche del 27 de octubre, cuando él aparcó en la puerta de su casa con las luces encendidas, sacó una maleta y se la dejó a ella hasta que regresase. Al día siguiente tenía que coger el AVE.. Seguir leyendo
Lute del Olmo y su hija rompieron el contacto durante un año, pero se reencontraron poco antes del accidente de tren de Urda en el que murió él. “Hubiese sido devastador que se hubiese ido sin hacer las paces”, dice ella
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Sandra del Olmo llegó nerviosa a la cita en una cafetería. Le esperaba su padre, al que no había visto hacía un año. Desde que él hizo las maletas y se fue de casa, las cosas entre ellos ya nunca fueron iguales. Algo parecía roto. En el divorcio, ella tomó partido por su madre y eso la había distanciado irremediablemente de él. Ese día, delante de un café, no hablaron de nada importante, solo de asuntos cotidianos de sus vidas. A partir de ese momento se llamaron y se mensajearon más a menudo, y eso les trajo mucha paz a ambos. Volvieron a verse tres veces más. La última, la noche del 27 de octubre, cuando él aparcó en la puerta de su casa con las luces encendidas, sacó una maleta y se la dejó a ella hasta que regresase. Al día siguiente tenía que coger el AVE.. Eleuterio del Olmo, el padre, estaba a punto de fichar por una constructora andaluza que abría una nueva rama en el sector del material de oficina. Él se ocuparía de buscar nuevos clientes; eso es lo que se le daba bien. El 28 se subió a un tren a las 8.00 en la estación de Atocha rumbo a Córdoba, donde firmaría el contrato ese mismo día. Mantendría unas reuniones con sus nuevos jefes, quizá almorzarían y más tarde recibiría las llaves de un coche nuevo con el que planeaba subir a Madrid ese mismo día. Eso nunca ocurrió. Eleuterio viajaba en el asiento 17C del vagón 7, el segundo más próximo a la cabina, cuando su tren se estrelló con otro varado en medio de la vía, en el término municipal de un pueblo llamado Urda. El impacto brutal se ha cobrado la vida de al menos 69 personas, entre ellas la de Eleuterio a los 55 años, un padre que se reconcilió con su hija muy poco antes.. Sandra del Olmo, hija de Eleuterio del Olmo, fallecido en el accidente de tren de Urda. Viajaba en el vagón siete, en el asiento 17c. Carlos Rosillo. “Menos mal. Hubiese sido devastador que se fuera y no hubiéramos hecho las paces”, dice Sandra, ocupada ahora en todos los trámites burocráticos del accidente y el entierro. A su lado ha tenido en todo momento a su madre, Mamen León, rota también por la desaparición de un hombre al que en algún momento quiso, con el que fue incluso feliz y del que formó una familia hasta que todo saltó por los aires. Vivían en El Casar, en Guadalajara, hasta que él se mudó solo a Alcalá de Henares. Aunque solo está a media hora en coche, parecía a un mundo de distancia.. Lute, como le decía todo el mundo, tenía otro hijo, Sergio, con el que la ruptura no fue tan dramática. Los dos pasaban muchos fines de semana juntos. Pero con Sandra no tuvo contacto durante un año, un mar de tiempo entre un padre y su hija. Ella incluso dejó de ir a los partidos del equipo del que él era segundo entrenador, el cadete A del club de fútbol de Fuente El Saz. Era muy querido por la directiva, los padres y los niños, que han llenado Internet de mensajes de cariño.. El accidente de Urda ha conmocionado a todo un país. Minutos antes, España era otra. Se vivía un ambiente de campaña electoral por las elecciones generales del 29 de noviembre, en las que la derecha, según las encuestas, partía con ventaja. El presidente Pedro Sánchez quería revertir los pronósticos, que apuntan a un cambio de ciclo después de ocho años, con una imagen optimista y con un eslogan, La fuerza del amor, que pretendía tocar el corazón de la gente. El choque de trenes, sin embargo, trajo el luto. Bastaba pasear por Madrid horas después, cuando todo el mundo entendió lo que había pasado, para comprobar que la atmósfera era otra. Es el segundo accidente ocurrido en el mismo año en la alta velocidad —más de 100 víctimas mortales y decenas de heridos—, que en algún momento fue motivo de orgullo para los españoles.. El primer trabajo de Lute, recuerda su hija, fue como vendedor de coches en un concesionario de Renault. Le gustaba la Fórmula 1, era seguidor de Fernando Alonso. Desde que volvieron a hablar, estaba preocupado porque a Sandra se le hubiera roto el airbag del piloto; pensaba que viajar así era muy peligroso. Sus marcas de ropa favoritas eran Levi’s y Tommy Hilfiger. Escuchaba a Julio Iglesias y U2. Ahora iba al gimnasio y comía sano. Estaba convencido de que levantar pesas retrasaba el envejecimiento. Se dejó barba. La vida de divorciado no estaba tan mal, pensaba, pero no hablar con su hija era un precio demasiado alto. Cuando era niña, la bañaba todas las noches, le cepillaba el pelo y la dormía con un beso de buenas noches. “Todavía no teníamos la misma relación, estábamos algo fríos, pero yo creo que iba a ser todo igual que antes. Solo que no nos ha dado tiempo”, cuenta Sandra.. El día del accidente, el 28, empezó a recibir mensajes de familiares y conocidos queriendo saber si daban con él. En esas horas tenía la condición de desaparecido. A medida que pasó el tiempo y no aparecía en ningún hospital, Sandra, su hermano y su madre se hicieron la idea de que había muerto. El viernes por la noche se lo confirmaron las autoridades y le entregaron su cuerpo en un ataúd sellado. Sandra lo recibió con entereza. Lleva días recibiendo mensajes de amigos de su padre. “Estaba muy contento, hablaba mucho de que volvíais a hablar. Se ha ido en paz”, le escribió uno. Otro le dijo: “Eso le hizo feliz en sus últimos días de vida”. Sandra ha guardado esos mensajes para no perderlos jamás.
