La ansiedad forma parte de la vida cotidiana. Aparece antes de un examen, una entrevista o un cambio importante, y cumple una función adaptativa: prepararnos para reaccionar. Sin embargo, cuando ese estado de alerta se vuelve constante, empieza a afectar al bienestar emocional, a las relaciones personales y a la percepción que una persona tiene de sí misma.. En redes sociales, la psicóloga española Ángela Fernández ha explicado en uno de sus vídeos cuáles son algunos rasgos de personalidad que suelen repetirse en quienes experimentan ansiedad de forma habitual. Su planteamiento rompe con un mito frecuente: las personas ansiosas no son necesariamente débiles ni incapaces de gestionar su vida; muchas veces ocurre exactamente lo contrario.. 1. Alta responsabilidad y autoexigencia. El primer rasgo señalado por la especialista es la tendencia hacia la responsabilidad extrema. Según explica en su vídeo: “Las personas con ansiedad suelen ser personas muy autoexigentes, rigurosas, disciplinadas, con una muy alta implicación en las tareas, con unos estándares de realización muy altos, ya que tienden a buscar la perfección constantemente”.. Este perfil suele recibir reconocimiento social desde la infancia. Ser organizado, trabajador o perfeccionista suele interpretarse como algo positivo. Sin embargo, cuando esta actitud se lleva al extremo, puede convertirse en una fuente constante de presión interna.. La psicología relaciona esta característica con el perfeccionismo desadaptativo: una necesidad continua de hacerlo todo bien que impide tolerar el error o el descanso. Diversos estudios recogidos por la American Psychological Association indican que la autoexigencia excesiva aumenta la vulnerabilidad al estrés crónico y a los trastornos de ansiedad.. Por ello, la divulgadora subraya la importancia de aprender flexibilidad mental. No se trata de abandonar la responsabilidad, sino de permitir márgenes humanos de imperfección.. 2. El exceso de amabilidad y la dificultad para poner límites. El segundo rasgo puede resultar sorprendente: la amabilidad extrema. Tal como afirma la psicóloga: “Son personas a las que les cuesta poner límites y probablemente toleren demasiado, tienen el foco siempre puesto en el resto, con lo cual muy poco autocuidado”.. Este patrón suele aparecer en personas empáticas y cooperativas que priorizan constantemente las necesidades ajenas sobre las propias. Aunque socialmente se percibe como una cualidad positiva, puede generar desgaste emocional cuando se convierte en una renuncia sistemática al bienestar personal.. La investigación psicológica ha demostrado que la incapacidad para establecer límites claros está asociada con mayores niveles de ansiedad y agotamiento emocional. Aprender a decir “no”, delegar o expresar necesidades propias forma parte del desarrollo del autocuidado psicológico.. En palabras de la especialista, el cambio pasa por “pasar a la acción y poner límites”, una habilidad que se entrena progresivamente.. 3. Neuroticismo y alta reactividad emocional. El tercer rasgo mencionado en la explicación es el neuroticismo, un concepto ampliamente estudiado dentro del modelo de los cinco grandes factores de personalidad.. Fernández explica que se trata de personas “emocionalmente inestables, impulsivas, nerviosas, que presentan un constante estado de alerta”. Situaciones aparentemente pequeñas (un ruido inesperado, una mala contestación o un cambio de planes) generan una reacción emocional intensa.. Este estado de hiperactivación continua coincide con lo que describe la Organización Mundial de la Salud al analizar los trastornos de ansiedad: un sistema de alarma psicológica que permanece encendido incluso cuando no existe un peligro real.. La recomendación principal consiste en introducir hábitos que favorezcan la regulación emocional: actividades relajantes, pausas conscientes, ejercicio moderado o prácticas de atención plena que reduzcan la activación fisiológica.. La clave: cambiar la mirada hacia uno mismo. Más allá de identificar rasgos concretos, el mensaje central del vídeo apunta hacia una idea esencial. La psicóloga insiste en la necesidad de desarrollar una actitud interna más compasiva: “Todo esto está en intentar hablarnos con una mirada flexible y compasiva y no forzarnos demasiado”.. La ansiedad, desde esta perspectiva, no es un enemigo que eliminar, sino una señal que invita a revisar cómo nos relacionamos con nuestras exigencias, con los demás y con nuestras emociones.. Aceptar ciertas tendencias personales sin dejar que definan completamente la vida permite transformar la ansiedad en autoconocimiento. Como concluye la especialista: “Acepta esas tendencias, pero no dejes que te limiten demasiado”.. Comprender estos patrones ayuda a muchas personas a reconocer que detrás de la ansiedad suelen esconderse cualidades valiosas (responsabilidad, sensibilidad o compromiso) que, bien equilibradas, pueden convertirse también en una fortaleza.
Comprender cómo funciona la ansiedad permite dejar de verla como un fallo personal y empezar a interpretarla como una respuesta humana que puede aprenderse a regular
La ansiedad forma parte de la vida cotidiana. Aparece antes de un examen, una entrevista o un cambio importante, y cumple una función adaptativa: prepararnos para reaccionar. Sin embargo, cuando ese estado de alerta se vuelve constante, empieza a afectar al bienestar emocional, a las relaciones personales y a la percepción que una persona tiene de sí misma.. En redes sociales, la psicóloga española Ángela Fernández ha explicado en uno de sus vídeos cuáles son algunos rasgos de personalidad que suelen repetirse en quienes experimentan ansiedad de forma habitual. Su planteamiento rompe con un mito frecuente: las personas ansiosas no son necesariamente débiles ni incapaces de gestionar su vida; muchas veces ocurre exactamente lo contrario.. 1. Alta responsabilidad y autoexigencia. El primer rasgo señalado por la especialista es la tendencia hacia la responsabilidad extrema. Según explica en su vídeo: “Las personas con ansiedad suelen ser personas muy autoexigentes, rigurosas, disciplinadas, con una muy alta implicación en las tareas, con unos estándares de realización muy altos, ya que tienden a buscar la perfección constantemente”.. Este perfil suele recibir reconocimiento social desde la infancia. Ser organizado, trabajador o perfeccionista suele interpretarse como algo positivo. Sin embargo, cuando esta actitud se lleva al extremo, puede convertirse en una fuente constante de presión interna.. La psicología relaciona esta característica con el perfeccionismo desadaptativo: una necesidad continua de hacerlo todo bien que impide tolerar el error o el descanso. Diversos estudios recogidos por la American Psychological Association indican que la autoexigencia excesiva aumenta la vulnerabilidad al estrés crónico y a los trastornos de ansiedad.. Por ello, la divulgadora subraya la importancia de aprender flexibilidad mental. No se trata de abandonar la responsabilidad, sino de permitir márgenes humanos de imperfección.. 2. El exceso de amabilidad y la dificultad para poner límites. El segundo rasgo puede resultar sorprendente: la amabilidad extrema. Tal como afirma la psicóloga: “Son personas a las que les cuesta poner límites y probablemente toleren demasiado, tienen el foco siempre puesto en el resto, con lo cual muy poco autocuidado”.. Este patrón suele aparecer en personas empáticas y cooperativas que priorizan constantemente las necesidades ajenas sobre las propias. Aunque socialmente se percibe como una cualidad positiva, puede generar desgaste emocional cuando se convierte en una renuncia sistemática al bienestar personal.. La investigación psicológica ha demostrado que la incapacidad para establecer límites claros está asociada con mayores niveles de ansiedad y agotamiento emocional. Aprender a decir “no”, delegar o expresar necesidades propias forma parte del desarrollo del autocuidado psicológico.. En palabras de la especialista, el cambio pasa por “pasar a la acción y poner límites”, una habilidad que se entrena progresivamente.. 3. Neuroticismo y alta reactividad emocional. El tercer rasgo mencionado en la explicación es el neuroticismo, un concepto ampliamente estudiado dentro del modelo de los cinco grandes factores de personalidad.. Fernández explica que se trata de personas “emocionalmente inestables, impulsivas, nerviosas, que presentan un constante estado de alerta”. Situaciones aparentemente pequeñas (un ruido inesperado, una mala contestación o un cambio de planes) generan una reacción emocional intensa.. Este estado de hiperactivación continua coincide con lo que describe la Organización Mundial de la Salud al analizar los trastornos de ansiedad: un sistema de alarma psicológica que permanece encendido incluso cuando no existe un peligro real.. La recomendación principal consiste en introducir hábitos que favorezcan la regulación emocional: actividades relajantes, pausas conscientes, ejercicio moderado o prácticas de atención plena que reduzcan la activación fisiológica.. La clave: cambiar la mirada hacia uno mismo. Más allá de identificar rasgos concretos, el mensaje central del vídeo apunta hacia una idea esencial. La psicóloga insiste en la necesidad de desarrollar una actitud interna más compasiva: “Todo esto está en intentar hablarnos con una mirada flexible y compasiva y no forzarnos demasiado”.. La ansiedad, desde esta perspectiva, no es un enemigo que eliminar, sino una señal que invita a revisar cómo nos relacionamos con nuestras exigencias, con los demás y con nuestras emociones.. Aceptar ciertas tendencias personales sin dejar que definan completamente la vida permite transformar la ansiedad en autoconocimiento. Como concluye la especialista: “Acepta esas tendencias, pero no dejes que te limiten demasiado”.. Comprender estos patrones ayuda a muchas personas a reconocer que detrás de la ansiedad suelen esconderse cualidades valiosas (responsabilidad, sensibilidad o compromiso) que, bien equilibradas, pueden convertirse también en una fortaleza.
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