“Pues aquí estamos otra vez, con el cafetito y dándole vueltas a la cabeza”, comenzaba diciendo la docente Ana Budelia, visiblemente cansada. Esta profesora explicaba en su cuenta de TikTok, @ana.budelia, que se trata del “último día del trimestre para los profes”. Un respiro que, en su opinión, está más que justificado: “¡Qué bien merecido está, bien merecido está!”.. Consciente del tópico social sobre las supuestas ventajas de su profesión, ironizaba: “A pesar de eso de… ‘¡Oh, qué suerte, tenéis los profesores vacaciones!’. Sí, claro”. Y lanzaba una pulla cargada de sarcasmo: “Por eso está todo el mundo queriendo ser profesor. Vamos, es una profesión a la que todo el mundo aspira. Todo el mundo, cuando tienes un hijo muy listo, dices: ‘¡Ay, tienes que dedicarte a ser profesor!’”.. La profesora describía con especial crudeza cómo percibe su profesión: “No, ni tiene buena reputación ni se gana mucho dinero”. Y, aunque mucha gente pone en gran valor las vacaciones del sector, ella sostiene que son “las que hacen falta, ni más ni menos”.. ¿Por qué hacen falta? Porque, según su testimonio, “se acaba bastante regular. Hay gente ya de baja antes de que termine el trimestre. Este trimestre no hemos tenido ni un solo día, ni un puente”.. Argumenta que el agotamiento no es solo físico, sino también emocional: “La gente acaba muy mal. Además, el ambiente se enrarece. La gente va por los pasillos poniéndote mala cara. A mí ayer me dieron los buenos días ya mirándome mal”, relataba.. Reuniones con padres que acaban en llamadas a la policía. Para ilustrar la tensión que se vive en los centros, puso ejemplos concretos: “Ayer me contaban de una jefa de estudios que se había planteado cambiar de profesión, y no me extraña. En una conversación con una madre, vio amenazada su integridad: ‘Oye, mira, no quiero seguir teniendo esta conversación’. Se levantó y entonces la madre la agarró por el brazo y le dijo: ‘¡Siéntate!’”. Y, acto seguido, la docente se preguntaba: “¿En qué profesión se aguanta eso?”.. Añadió otro caso aún más grave: “O aquella otra que conocí yo, que salió de una tutoría diciendo que iba a llamar a la policía porque la habían amenazado”.. Ante la posible réplica de que los funcionarios están protegidos, respondía con contundencia: “Ah, bueno, sí, los funcionarios están protegidos. ¿Y los que no somos funcionarios?”.. A pesar del panorama desolador, la profesora encontraba un motivo para continuar: “Lo que pasa es que hay una cosa que se llama vocación, y hace falta. Porque en una profesión no protegida, con una reputación malísima y con un sueldo, en general, por debajo del de otros profesionales, ¿quién está aquí por las vacaciones? ¿En serio? No”.. Finalmente, Budelia resumía por qué muchos docentes continúan en sus puestos a pesar de la falta de reconocimiento social y las dificultades diarias: la vocación. Una motivación que, según su testimonio, resulta imprescindible para sostenerse en una profesión marcada por la presión, el desgaste emocional y unas condiciones que considera poco valoradas.
La docente Ana Budelia explicó en TikTok cómo percibe ella su profesión y aseguró estar muy poco valorada tanto socialmente como a nivel económico: «Es una profesión no protegida, con una reputación malísima y con un sueldo, en general, por debajo del de otros profesionales»
“Pues aquí estamos otra vez, con el cafetito y dándole vueltas a la cabeza”, comenzaba diciendo la docente Ana Budelia, visiblemente cansada. Esta profesora explicaba en su cuenta de TikTok, @ana.budelia, que se trata del “último día del trimestre para los profes”. Un respiro que, en su opinión, está más que justificado: “¡Qué bien merecido está, bien merecido está!”.. Consciente del tópico social sobre las supuestas ventajas de su profesión, ironizaba: “A pesar de eso de… ‘¡Oh, qué suerte, tenéis los profesores vacaciones!’. Sí, claro”. Y lanzaba una pulla cargada de sarcasmo: “Por eso está todo el mundo queriendo ser profesor. Vamos, es una profesión a la que todo el mundo aspira. Todo el mundo, cuando tienes un hijo muy listo, dices: ‘¡Ay, tienes que dedicarte a ser profesor!’”.. La profesora describía con especial crudeza cómo percibe su profesión: “No, ni tiene buena reputación ni se gana mucho dinero”. Y, aunque mucha gente pone en gran valor las vacaciones del sector, ella sostiene que son “las que hacen falta, ni más ni menos”.. ¿Por qué hacen falta? Porque, según su testimonio, “se acaba bastante regular. Hay gente ya de baja antes de que termine el trimestre. Este trimestre no hemos tenido ni un solo día, ni un puente”.. Argumenta que el agotamiento no es solo físico, sino también emocional: “La gente acaba muy mal. Además, el ambiente se enrarece. La gente va por los pasillos poniéndote mala cara. A mí ayer me dieron los buenos días ya mirándome mal”, relataba.. Para ilustrar la tensión que se vive en los centros, puso ejemplos concretos: “Ayer me contaban de una jefa de estudios que se había planteado cambiar de profesión, y no me extraña. En una conversación con una madre, vio amenazada su integridad: ‘Oye, mira, no quiero seguir teniendo esta conversación’. Se levantó y entonces la madre la agarró por el brazo y le dijo: ‘¡Siéntate!’”. Y, acto seguido, la docente se preguntaba: “¿En qué profesión se aguanta eso?”.. Añadió otro caso aún más grave: “O aquella otra que conocí yo, que salió de una tutoría diciendo que iba a llamar a la policía porque la habían amenazado”.. Ante la posible réplica de que los funcionarios están protegidos, respondía con contundencia: “Ah, bueno, sí, los funcionarios están protegidos. ¿Y los que no somos funcionarios?”.. A pesar del panorama desolador, la profesora encontraba un motivo para continuar: “Lo que pasa es que hay una cosa que se llama vocación, y hace falta. Porque en una profesión no protegida, con una reputación malísima y con un sueldo, en general, por debajo del de otros profesionales, ¿quién está aquí por las vacaciones? ¿En serio? No”.. Finalmente, Budelia resumía por qué muchos docentes continúan en sus puestos a pesar de la falta de reconocimiento social y las dificultades diarias: la vocación. Una motivación que, según su testimonio, resulta imprescindible para sostenerse en una profesión marcada por la presión, el desgaste emocional y unas condiciones que considera poco valoradas.
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