La genética puede explicar aproximadamente más de un 50% de la esperanza de vida humana, lo que supone el doble de lo que se estimaba y sugiere que esta es una fuerza central en el envejecimiento, según un nuevo estudio basado en modelos matemáticos y en el análisis de cohortes gemelos. La revista especializada Science ha publicado una investigación, liderada por el biólogo molecular Uri Alon del Instituto de Ciencia Weizmann de Israel, en la que se afirma que la esperanza de vida es mucho más hereditaria de lo que se pensaba.. Los estudios recientes con gemelos estimaban que la genética podía explicar un 20 y 25% de la esperanza de vida, mientras que las investigaciones genealógicas a gran escala lo bajaban al 6%, según ha precisado el artículo. Esta nueva publicación considera que «dichas estimaciones se ven sesgadas por la mortalidad extrínseca», es decir, la debida a factores como accidentes o infecciones.. La idea principal del estudio es que no todas las muertes aportan a misma información sobre cómo envejece el cuerpo. Los científicos hacen una distinción entre dos tipos: por un lado está la mortalidad extrínseca, que ocurre por causas externas a la persona, como los accidentes o las enfermedades infecciosas. Por otro lado, está la mortalidad intrínseca, que tiene que ver con el desgaste interno del organismo y con el propio proceso biológico del envejecimiento.. Para separar los datos por tipo de muerte el equipo usó modelos matemáticos. Además, analizó cohortes de gemelos —criados juntos y por separado— de Dinamarca, Suecia y Estados Unidos.. Una vez que se tienen en cuenta los fallecimientos por causas externas, los autores señalan que la contribución genética a la esperanza de vida humana «aumenta drásticamente hasta aproximadamente el 55%». Esto que sugiere que la genética es una fuerza central en el envejecimiento humano, según el artículo.. Saber hasta qué punto la esperanza de vida está determinada por la genética es una pregunta clave en todos los estudios sobre el envejecimiento humano, aunque medir exactamente esa influencia no es una tarea sencilla. A pesar de que se han identificado algunos genes relacionados con la longevidad, siguen existiendo factores externos —como las enfermedades o las condiciones de vida— que tienen un gran impacto en cuánto vive una persona. Según el estudio, la influencia de la genética en la esperanza de vida es similar a la de otros rasgos fisiológicos complejos y también a la que se observa en otras especies.. El investigador Tim Riffe de la Universidad del País Vasco, en declaraciones a Science Media Centre, ha matizado los resultados del estudio, aunque no ha participado en este. El científico ha apuntado que el porcentaje estimado del 55% depende del modelo utilizado y de que el análisis solo tenga en cuenta a las personas que alcanzan ciertas edades mínimas, lo que puede alterar las correlaciones de forma importante. Por ello, Riffe ha señalado que este porcentaje debe interpretarse como una estimación basada en un modelo concreto y en una definición específica de «longevidad intrínseca», y no como un dato definitivo.
La idea principal del estudio, publicado en la revista ‘Science’, es que no todas las muertes aportan a misma información sobre cómo envejece el cuerpo.
La genética puede explicar aproximadamente más de un 50% de la esperanza de vida humana, lo que supone el doble de lo que se estimaba y sugiere que esta es una fuerza central en el envejecimiento, según un nuevo estudio basado en modelos matemáticos y en el análisis de cohortes gemelos. La revista especializada Science ha publicado una investigación, liderada por el biólogo molecular Uri Alon del Instituto de Ciencia Weizmann de Israel, en la que se afirma que la esperanza de vida es mucho más hereditaria de lo que se pensaba.. Los estudios recientes con gemelos estimaban que la genética podía explicar un 20 y 25% de la esperanza de vida, mientras que las investigaciones genealógicas a gran escala lo bajaban al 6%, según ha precisado el artículo. Esta nueva publicación considera que «dichas estimaciones se ven sesgadas por la mortalidad extrínseca», es decir, la debida a factores como accidentes o infecciones.. La idea principal del estudio es que no todas las muertes aportan a misma información sobre cómo envejece el cuerpo. Los científicos hacen una distinción entre dos tipos: por un lado está la mortalidad extrínseca, que ocurre por causas externas a la persona, como los accidentes o las enfermedades infecciosas. Por otro lado, está la mortalidad intrínseca, que tiene que ver con el desgaste interno del organismo y con el propio proceso biológico del envejecimiento.. Para separar los datos por tipo de muerte el equipo usó modelos matemáticos. Además, analizó cohortes de gemelos —criados juntos y por separado— de Dinamarca, Suecia y Estados Unidos.. Una vez que se tienen en cuenta los fallecimientos por causas externas, los autores señalan que la contribución genética a la esperanza de vida humana «aumenta drásticamente hasta aproximadamente el 55%». Esto que sugiere que la genética es una fuerza central en el envejecimiento humano, según el artículo.. Saber hasta qué punto la esperanza de vida está determinada por la genética es una pregunta clave en todos los estudios sobre el envejecimiento humano, aunque medir exactamente esa influencia no es una tarea sencilla. A pesar de que se han identificado algunos genes relacionados con la longevidad, siguen existiendo factores externos —como las enfermedades o las condiciones de vida— que tienen un gran impacto en cuánto vive una persona. Según el estudio, la influencia de la genética en la esperanza de vida es similar a la de otros rasgos fisiológicos complejos y también a la que se observa en otras especies.. El investigador Tim Riffe de la Universidad del País Vasco, en declaraciones a Science Media Centre, ha matizado los resultados del estudio, aunque no ha participado en este. El científico ha apuntado que el porcentaje estimado del 55% depende del modelo utilizado y de que el análisis solo tenga en cuenta a las personas que alcanzan ciertas edades mínimas, lo que puede alterar las correlaciones de forma importante. Por ello, Riffe ha señalado que este porcentaje debe interpretarse como una estimación basada en un modelo concreto y en una definición específica de «longevidad intrínseca», y no como un dato definitivo.
