Había algo de sentimiento de culpa flotando en esas composiciones nostálgicas. Pink Floyd entraron al estudio para grabar “Wish You Were Here” con un plan pero todo cobró un significado nuevo, un peso específico. Las canciones que el grupo había preparado sublimaban su fórmula única de rock progresivo y contenían un doble mensaje acerca de la soledad y la alienación al que se sumaba una crítica a la industria musical. Todo cristalizó cuando una presencia se materializó en el estudio. Estaba ausente, consumido, trastornado: era Syd Barret, genio fundador de la banda diez años antes, que había tenido que abandonarla tras colapsar por el consumo de drogas y un trastorno psicológico previo. Todo el mensaje confluía en la desdicha de Barret, un músico genial que se había transformado en una sombra de sí mismo. Aquel disco, uno de los grandes de la historia del rock, cumple 50 años y una edición de lujo celebra el brillo de la ausencia y también de la presencia de Barret.. El álbum se abría con una canción dedicada al inmenso cantante y compositor, líder del grupo británico con los que grabó el primer trabajo, “The Piper at The Gates of Dawn” (1967). Sin embargo, pronto empezó a decepcionar a sus compañeros de banda con un comportamiento errático que dejaba claro que ya no se encontraba en este plano de la realidad. Barret fue apartado del grupo pero esa idea de su presencia/ausencia siempre fue una sombra en el seno de la banda. A él estaba plenamente dedicada esa preciosidad que es “Wish You Were Here” y, al menos en parte, también “Shine on You Crazy Diamond”, con esa mezcla de ternura por su estado y de culpa por no haberle sabido ayudar ni poder ya rescatarle. El disco abría y cerraba con dos partes de una sola canción que ahora aparecen por primera vez unidas como una sola pieza mezclada en estéreo por James Guthrie: el resultado es una obra monumental de 25 minutos. Una de esas canciones que hay que escuchar con las persianas bajadas y todos los sentidos puestos en la música. No solo eso: esta edición de aniversario trae diferentes tomas de las sesiones y un concierto grabado en Los Ángeles por aquellas fechas, con piezas de “Dark side of the moon” y hasta dos temas que más tarde formarían parte de “Animals”.. La circunstancia que terminó de darle un peso diferente a las canciones de aquel trabajo fue que Syd Barret apareció un día en el estudio durante el proceso de grabación. Era un hombre completamente diferente: en lugar de su melena rizada, estaba calvo. Pesaba 40 kilos más que la última vez que le vieron. Su mirada se perdía en el infinito, atravesaba los cuerpos para fijarse en el más allá. Los miembros de Pink Floyd estaban medio aterrorizados, no sabían cómo comportarse. Habían pasado solo siete años y costaba reconocerle: “Syd, ¿qué te han hecho?”, preguntó David Gilmour. Imposible no pensar que la letra estaba dedicada a su viejo amigo: «¿Recuerdas cuando eras joven? / Brillabas como el sol / Sigue brillando, loco diamante / Ahora hay una mirada en tus ojos / Como agujeros negros en el cielo / Sigue brillando, loco diamante».
Una edición conmemorativa extrae nuevos contenidos medio siglo después de aquella obra maestra de la banda británica, en la que se asomaban al precipicio de la psique de Syd Barret
Había algo de sentimiento de culpa flotando en esas composiciones nostálgicas. Pink Floyd entraron al estudio para grabar “Wish You Were Here” con un plan pero todo cobró un significado nuevo, un peso específico. Las canciones que el grupo había preparado sublimaban su fórmula única de rock progresivo y contenían un doble mensaje acerca de la soledad y la alienación al que se sumaba una crítica a la industria musical. Todo cristalizó cuando una presencia se materializó en el estudio. Estaba ausente, consumido, trastornado: era Syd Barret, genio fundador de la banda diez años antes, que había tenido que abandonarla tras colapsar por el consumo de drogas y un trastorno psicológico previo. Todo el mensaje confluía en la desdicha de Barret, un músico genial que se había transformado en una sombra de sí mismo. Aquel disco, uno de los grandes de la historia del rock, cumple 50 años y una edición de lujo celebra el brillo de la ausencia y también de la presencia de Barret.. El álbum se abría con una canción dedicada al inmenso cantante y compositor, líder del grupo británico con los que grabó el primer trabajo, “The Piper at The Gates of Dawn” (1967). Sin embargo, pronto empezó a decepcionar a sus compañeros de banda con un comportamiento errático que dejaba claro que ya no se encontraba en este plano de la realidad. Barret fue apartado del grupo pero esa idea de su presencia/ausencia siempre fue una sombra en el seno de la banda. A él estaba plenamente dedicada esa preciosidad que es “Wish You Were Here” y, al menos en parte, también “Shine on You Crazy Diamond”, con esa mezcla de ternura por su estado y de culpa por no haberle sabido ayudar ni poder ya rescatarle. El disco abría y cerraba con dos partes de una sola canción que ahora aparecen por primera vez unidas como una sola pieza mezclada en estéreo por James Guthrie: el resultado es una obra monumental de 25 minutos. Una de esas canciones que hay que escuchar con las persianas bajadas y todos los sentidos puestos en la música. No solo eso: esta edición de aniversario trae diferentes tomas de las sesiones y un concierto grabado en Los Ángeles por aquellas fechas, con piezas de “Dark side of the moon” y hasta dos temas que más tarde formarían parte de “Animals”.. La circunstancia que terminó de darle un peso diferente a las canciones de aquel trabajo fue que Syd Barret apareció un día en el estudio durante el proceso de grabación. Era un hombre completamente diferente: en lugar de su melena rizada, estaba calvo. Pesaba 40 kilos más que la última vez que le vieron. Su mirada se perdía en el infinito, atravesaba los cuerpos para fijarse en el más allá. Los miembros de Pink Floyd estaban medio aterrorizados, no sabían cómo comportarse. Habían pasado solo siete años y costaba reconocerle: “Syd, ¿qué te han hecho?”, preguntó David Gilmour. Imposible no pensar que la letra estaba dedicada a su viejo amigo: «¿Recuerdas cuando eras joven? / Brillabas como el sol / Sigue brillando, loco diamante / Ahora hay una mirada en tus ojos / Como agujeros negros en el cielo / Sigue brillando, loco diamante».
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