El de ayer no fue, ni por asomo, el mismo ambiente de los dos días previos. La asistencia fue mucho más menguada y la amabilidad en el tendido resultó extraña. Fue como si la plaza se tomara un respiro, un día para tomar oxígeno antes de la maratón de San Isidro que comienza el viernes.. Sin embargo, en la arena el reto no fue menor. Se lidió una fuerte y exigente novillada de Couto de Fornilhos que no regaló nada, pero que tampoco resultó una prueba infranqueable. Fue el viento el que añadió mayor dificultad a la labor de tres novilleros dispuestos, pero carentes de la experiencia necesaria para superar con nota y un probable premio los desafíos que la tarde les planteó.. El más novel de la terna, Juan Alberto Torrijos, era el único que ya conocía la plaza. Mario Arruza y Cristian González hacían su presentación y, cada uno a su medida, lo acusaron. El conquense Arruza apostó con su primero por una propuesta estética, buscando el muletazo planchado y la figura encajada, un toreo en línea alejado del mando que el obediente pero nada tonto primer novillo exigía. Cuando «Vaqueiro» sintió que ganaba la pelea, se vino arriba con cierta violencia hasta que Mario usó la espada con más habilidad que acierto. Con el cuarto, tardó en descubrir que el animal se sentía más cómodo en el tercio, donde se arrancaba pronto y repetía. El problema fue que se revolvía rápido, incomodando al novillero lo suficiente como para buscar la espada en cuanto sintió que aquello podía desbordarle.. Por su parte, el salmantino González suplió su falta de bagaje con una actitud que combinó ganas y sensatez. Su primero fue noble pero careció de chispa, algo que suele pesar en esta plaza, pero Cristian estuvo despierto, ganando la acción y mostrando ambición, pese a algunos errores de colocación o de elección de distancias. Tendrá tiempo para corregir, especialmente si sigue usando la espada tan bien, aunque le sobró descaro al dar una vuelta al ruedo que nadie pidió. Más mérito tuvo su faena al quinto, un novillo reservón que complicó las cosas en banderillas pero que halló una firmeza inusual en su matador. González no se arredró, se impuso con la voz y toque fuertes, y lo pasó con solvencia hasta convertir los arreones en embestidas. Volvió a matar con facilidad y, aunque esta vez no hubo vuelta, obtuvo un mayor respeto del tendido.. Fue Torrijos quien mejor dominó el escenario, quizás por su experiencia previa. Jugó con variedad el capote, destacando un bonito galleo por chicuelinas, y dejó ver al novillo en los medios pese al viento. La movilidad de «Alvorado» pidió mando; Juan Alberto asumió el reto y aguantó tarascadas hasta domeñarlas con más empeño que oficio. Logró derechazos estimables y una estocada que le valieron una ovación, la misma que el de Linares decidió transformar otra vuelta al ruedo por cuenta propia. Más asentado se mostró con el sexto, un novillo que tras una áspera mansedumbre inicial sacó nobleza al encontrarse con una muleta capaz, firme y templada. Cuando el animal se sintió podido, los viajes ganaron tranco y apareció cierta clase. Mérito del jienense, que supo aguantar y tirar de él cuando hizo falta, cuajando derechazos de mucho valor.. FICHA DEL FESTEJO:. Domingo 3 de mayo de 2026. Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Tercera de la Feria de la Comunidad. Alrededor de un cuarto de entrada en tarde agradable.. Se lidiaron novillos de Couto de Fornilhos, serios y cuajados. 1º, obediente y a más; 2º, noble; 3º, con movilidad; 4º, deslucido; 5º, reservón; y 6º, áspero y a menos.. Mario Arruza, de azul noche y oro, aviso, desprendida y tendida (silencio); y pinchazo y estocada (silencio).. Cristian González, de azul marino y oro, estocada y aviso (vuelta); y estocada (saludos).. Juan Alberto Torrijos, de fucsia y oro, estocada (vuelta); y pinchazo y estocada (silencio).. Mario Arruza y Cristian González se presentaron con «Vaqueiro», nº 14 y «Hierrático», nº 32, respectivamente.
El hierro portugués firma una novillada seria y de interesante juego, con la que Cristian González y Juan Alberto Torrijos dieron una vuelta al ruedo cada uno
El de ayer no fue, ni por asomo, el mismo ambiente de los dos días previos. La asistencia fue mucho más menguada y la amabilidad en el tendido resultó extraña. Fue como si la plaza se tomara un respiro, un día para tomar oxígeno antes de la maratón de San Isidro que comienza el viernes.. Sin embargo, en la arena el reto no fue menor. Se lidió una fuerte y exigente novillada de Couto de Fornilhos que no regaló nada, pero que tampoco resultó una prueba infranqueable. Fue el viento el que añadió mayor dificultad a la labor de tres novilleros dispuestos, pero carentes de la experiencia necesaria para superar con nota y un probable premio los desafíos que la tarde les planteó.. El más novel de la terna, Juan Alberto Torrijos, era el único que ya conocía la plaza. Mario Arruza y Cristian González hacían su presentación y, cada uno a su medida, lo acusaron. El conquense Arruza apostó con su primero por una propuesta estética, buscando el muletazo planchado y la figura encajada, un toreo en línea alejado del mando que el obediente pero nada tonto primer novillo exigía. Cuando «Vaqueiro» sintió que ganaba la pelea, se vino arriba con cierta violencia hasta que Mario usó la espada con más habilidad que acierto. Con el cuarto, tardó en descubrir que el animal se sentía más cómodo en el tercio, donde se arrancaba pronto y repetía. El problema fue que se revolvía rápido, incomodando al novillero lo suficiente como para buscar la espada en cuanto sintió que aquello podía desbordarle.. Por su parte, el salmantino González suplió su falta de bagaje con una actitud que combinó ganas y sensatez. Su primero fue noble pero careció de chispa, algo que suele pesar en esta plaza, pero Cristian estuvo despierto, ganando la acción y mostrando ambición, pese a algunos errores de colocación o de elección de distancias. Tendrá tiempo para corregir, especialmente si sigue usando la espada tan bien, aunque le sobró descaro al dar una vuelta al ruedo que nadie pidió. Más mérito tuvo su faena al quinto, un novillo reservón que complicó las cosas en banderillas pero que halló una firmeza inusual en su matador. González no se arredró, se impuso con la voz y toque fuertes, y lo pasó con solvencia hasta convertir los arreones en embestidas. Volvió a matar con facilidad y, aunque esta vez no hubo vuelta, obtuvo un mayor respeto del tendido.. Fue Torrijos quien mejor dominó el escenario, quizás por su experiencia previa. Jugó con variedad el capote, destacando un bonito galleo por chicuelinas, y dejó ver al novillo en los medios pese al viento. La movilidad de «Alvorado» pidió mando;Juan Alberto asumió el reto y aguantó tarascadas hasta domeñarlas con más empeño que oficio. Logró derechazos estimables y una estocada que le valieron una ovación, la misma que el de Linares decidió transformar otra vuelta al ruedo por cuenta propia. Más asentado se mostró con el sexto, un novillo que tras una áspera mansedumbre inicial sacó nobleza al encontrarse con una muleta capaz, firme y templada. Cuando el animal se sintió podido, los viajes ganaron tranco y apareció cierta clase. Mérito del jienense, que supo aguantar y tirar de él cuando hizo falta, cuajando derechazos de mucho valor.. Domingo 3 de mayo de 2026. Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Tercera de la Feria de la Comunidad. Alrededor de un cuarto de entrada en tarde agradable.. Se lidiaron novillos de Couto de Fornilhos, serios y cuajados. 1º, obediente y a más; 2º, noble; 3º, con movilidad; 4º, deslucido; 5º, reservón; y 6º, áspero y a menos.. Mario Arruza, de azul noche y oro, aviso, desprendida y tendida (silencio); y pinchazo y estocada (silencio).. Cristian González, de azul marino y oro, estocada y aviso (vuelta); y estocada (saludos).. Juan Alberto Torrijos, de fucsia y oro, estocada (vuelta); y pinchazo y estocada (silencio).. Mario Arruza y Cristian González se presentaron con «Vaqueiro», nº 14 y «Hierrático», nº 32, respectivamente.
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