Identificar a un niño con altas capacidades intelectuales es un proceso que requiere observación y conocimiento, Álvaro Bilbao, doctor en Psicología de la Salud y neuropsicólogo, ha detallado una serie de señales basadas en su experiencia profesional que pueden indicar que un niño posee un potencial cognitivo superior. Según Bilbao, estos rasgos reflejan un cerebro que «quiere ir más allá» en su comprensión del entorno, y reconocerlos es el primer paso para apoyar su desarrollo de manera adecuada.. El experto señala, en primer lugar, una creatividad e imaginación destacables, cualidades que considera fundamentales para resolver problemas nuevos.. La segunda señal es la tendencia a formular preguntas incómodas o complejas, no tanto para aprender datos, sino para entender los mecanismos profundos de las cosas.. Un tercer indicador, y uno de los más reveladores según los estudios, es la posesión de un vocabulario excepcionalmente amplio y preciso para su edad, un aspecto que Bilbao vincula directamente con una exposición temprana a la lectura y la conversación.. Emociones intensas y la influencia del entorno familiar. La cuarta característica apunta a una vida emocional intensa; estos niños suelen experimentar las emociones con gran fuerza, uniendo frecuentemente alta sensibilidad y un carácter marcado, lo que requiere de adultos que les guíen en la regulación de sus sentimientos.. En quinto lugar, Bilbao destaca un rasgo que puede observarse en el entorno familiar: con frecuencia, los padres de estos niños también muestran una inclinación a aprender nuevas habilidades, lo que sugiere un componente genético o de modelado por observación.. La sexta y última señal mencionada por el neuropsicólogo es la capacidad de autocontrol y paciencia, un predictor de inteligencia que, no obstante, puede trabajarse y fomentarse desde el hogar.. Bilbao subraya que la presencia de estos rasgos no debe llevar a una presión desmedida sobre el menor, sino a una comprensión de su forma de ser y a la creación de un entorno que fomente su curiosidad innata, su juego libre y su desarrollo emocional.
El neuropsicólogo Álvaro Bilbao identifica seis rasgos clave, como la creatividad desbordante y un vocabulario amplio, que apuntan a altas capacidades cognitivas en la infancia
Identificar a un niño con altas capacidades intelectuales es un proceso que requiere observación y conocimiento, Álvaro Bilbao, doctor en Psicología de la Salud y neuropsicólogo, ha detallado una serie de señales basadas en su experiencia profesional que pueden indicar que un niño posee un potencial cognitivo superior. Según Bilbao, estos rasgos reflejan un cerebro que «quiere ir más allá» en su comprensión del entorno, y reconocerlos es el primer paso para apoyar su desarrollo de manera adecuada.. El experto señala, en primer lugar, una creatividad e imaginación destacables, cualidades que considera fundamentales para resolver problemas nuevos.. La segunda señal es la tendencia a formular preguntas incómodas o complejas, no tanto para aprender datos, sino para entender los mecanismos profundos de las cosas.. Un tercer indicador, y uno de los más reveladores según los estudios, es la posesión de un vocabulario excepcionalmente amplio y preciso para su edad, un aspecto que Bilbao vincula directamente con una exposición temprana a la lectura y la conversación.. La cuarta característica apunta a una vida emocional intensa; estos niños suelen experimentar las emociones con gran fuerza, uniendo frecuentemente alta sensibilidad y un carácter marcado, lo que requiere de adultos que les guíen en la regulación de sus sentimientos.. En quinto lugar, Bilbao destaca un rasgo que puede observarse en el entorno familiar: con frecuencia, los padres de estos niños también muestran una inclinación a aprender nuevas habilidades, lo que sugiere un componente genético o de modelado por observación.. La sexta y última señal mencionada por el neuropsicólogo es la capacidad de autocontrol y paciencia, un predictor de inteligencia que, no obstante, puede trabajarse y fomentarse desde el hogar.. Bilbao subraya que la presencia de estos rasgos no debe llevar a una presión desmedida sobre el menor, sino a una comprensión de su forma de ser y a la creación de un entorno que fomente su curiosidad innata, su juego libre y su desarrollo emocional.
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