En cuanto el Papa aterrice el próximo jueves 11 de junio en Gran Canaria, tomará la autovía de la isla y se plantará en el aeropuerto de Arguineguín. Lo hará poco después de las once y media de la mañana. A esa hora el sol pica. Pero será lo de menos para las cerca de 2.000 personas que esperan a León XIV. De ellos, ocho de cada diez son migrantes. Y no pocos llevan grabado a fuego cómo su entrada al archipiélago fue por ese cemento que pisará Robert Prevost, que cumplirá ese día el deseo incumplido de Francisco: denunciar en primer persona el cementerio en el que se ha convertido la llamada ruta atlántica. Desde el año 2020, más de 19.000 personas han muerto al intentar llegar a las Canarias debido a las bajas temperaturas, corrientes peligrosas y la distancia existente de más de 1.600 kilómetros desde la costa africana. Solo en 2025, de las más de 3.000 personas que murieron por diferentes rutas marítimas, 1.906 fallecieron en la travesía.. «Claro que habrá autoridades civiles y eclesiásticas, pero nuestro empeño es que este sea un acto donde los protagonistas sean la gente y creo que lo hemos conseguido». Lo vaticina Caya Suárez, coordinadora del primer acto en la isla que protagonizará el Pontífice norteamericano. Esta trabajadora social es la secretaria general de Cáritas en la Diócesis de Canarias. A pie de barcaza desvela a LA RAZÓN algunos de los detalles de esos veinte minutos que compartirá Robert Prevost en Arguineguín. «No todos los que vengan van a poder hablar directamente con el Papa, pero sí van a poder expresarse en una lona en la que literalmente van a poder dejar su huella como signo de esa esperanza y diversidad que queremos mostrar», explica mientras señala el lugar donde se colocará un panel creativo en el que todos los presentes podrán dejar su sello de esta visita histórica. No en vano es la primera vez que un Papa llega hasta Canarias. Junto a las huellas de la diversidad otro panel servirá de exposición fotográfica sobre la realidad que viven los extranjeros africanos y latinos. También se habilitará desde temprano una ludoteca para acoger a los más de 300 niños que acompañaran a sus padres y abuelos.. En un pequeño escenario levantado para la ocasión, el Santo Padre escuchará el testimonio de cuatro personas, que relatarán, no solo el drama de la travesía en la patera y la estigmatización por el hecho de ser migrante, sino cómo Cáritas y otras tantas organizaciones eclesiales se han convertido en algo más que su familia. Después de corresponder con una breve intervención, Prevost lanzará al mar una corona de flores. «Junto a él, se formará una cadena humana de personas que han padecido esta ruta, que entraron por Arguineguín, que lanzarán también sus flores por aquellos que han salido adelante, pero también por aquellos que vieron morir», añade Suárez.. No menos significativo será el momento en el que el Pontífice se detendrá ante el pequeño altar dedicado a la Virgen del Carmen, patrona de los marineros. «Queremos rendir homenaje a los pescadores que han socorrido a los migrantes». Ahí mismo, el Papa bendecirá una cruz elaborada con madera de cayuco.. Pero, ¿por qué Arguineguín como primera posta? El puerto se convirtió en otoño de 2020 en el «muelle de la vergüenza». En apenas 400 metros estuvieron hacinados en un par de carpas con unos cuantos baños químicos que no cumplían con las mínimas condiciones de salubridad cerca de 2.800 migrantes. Se convirtió en el símbolo de un sistema que colapsó por falta de reacción de las autoridades públicas. «No había capacidad ni alternativa para buscar recursos», comparte Caya Suárez, que sufrió aquella tragedia. El 11 de junio busca, de alguna manera, enmendarla: «Mi sueño es que este muelle se convierta a partir de ahora en el muelle de la esperanza y que jamás se vuelvan a vulnerar los derechos de ninguna persona que llegue hasta aquí».. «La visita del Papa implica dar luz a los proyectos que tenemos en marcha y seguro que tendrá impacto», comenta esta «anfitriona» de León XIV, que explica cómo la plataforma social de la Iglesia aborda el fenómeno migratorio de manera transversal, con programas en los países de origen para promover el derecho a no migrar, pero también con corredores de hospitalidad que buscan ofrecer casa y trabajo en la Península en colaboración con otras diócesis españolas. O lo que es lo mismo, conjugar en primera persona del plural los verbos que determinó Francisco: acoger, proteger, promover e integrar. «Nunca vamos a dejar a un migrante tirado en la calle. La opción preferencial por los últimos nace del Evangelio», sentencia frente a quienes abanderasn expulsiones masivas, criminalizan al extranjero o agitan la prioridad nacional.. «La movilidad humana no va a haber quien la pare, lo que debemos es aprender a acompañar esos flujos migratorios», argumenta, sumando además la solidaridad inherente al pueblo canario: «Siempre hemos sido tierra de acogida, porque nosotros también hemos sido migrantes, somos una sociedad abierta al mundo».. Por eso, ha desterrado de su vocabulario el término «crisis migratoria»: «Para mí la migración no es un problema, y, en cualquier caso, no son ellos, sino nosotros los que convertimos este fenómeno en crisis y problema porque no sabemos gestionarlo». Solo en la provincia de Las Palmas, la plataforma social de la Iglesia atendió desde el año 2020 a más de 22.000 personas migrantes de origen africano y latinoamericano. En respuesta a esta emergencia social, desde el año 2024 la red confederal de Cáritas Española ha puesto en marcha 47 proyectos diocesanos de acogida y acompañamiento a personas en situación administrativa irregular. «Cáritas aparece cuando las personas lamentablemente se ven fuera del sistema, cuando no llega la Administración. Esta capilaridad que tenemos en todo el territorio es lo que nos lleva a conocer qué necesitan», concluye Suárez.
Unas 2.000 personas recibirán a León XIV el 11 de junio en el puerto de Arguineguín, símbolo de la llegada de los cayucos, en un acto coordinado por Cáritas
En cuanto el Papa aterrice el próximo jueves 11 de junio en Gran Canaria, tomará la autovía de la isla y se plantará en el aeropuerto de Arguineguín. Lo hará poco después de las once y media de la mañana. A esa hora el sol pica. Pero será lo de menos para las cerca de 2.000 personas que esperan a León XIV. De ellos, ocho de cada diez son migrantes. Y no pocos llevan grabado a fuego cómo su entrada al archipiélago fue por ese cemento que pisará Robert Prevost, que cumplirá ese día el deseo incumplido de Francisco: denunciar en primer persona el cementerio en el que se ha convertido la llamada ruta atlántica. Desde el año 2020, más de 19.000 personas han muerto al intentar llegar a las Canarias debido a las bajas temperaturas, corrientes peligrosas y la distancia existente de más de 1.600 kilómetros desde la costa africana. Solo en 2025, de las más de 3.000 personas que murieron por diferentes rutas marítimas, 1.906 fallecieron en la travesía.. «Claro que habrá autoridades civiles y eclesiásticas, pero nuestro empeño es que este sea un acto donde los protagonistas sean la gente y creo que lo hemos conseguido». Lo vaticina Caya Suárez, coordinadora del primer acto en la isla que protagonizará el Pontífice norteamericano. Esta trabajadora social es la secretaria general de Cáritas en la Diócesis de Canarias. A pie de barcaza desvela a LA RAZÓN algunos de los detalles de esos veinte minutos que compartirá Robert Prevost en Arguineguín. «No todos los que vengan van a poder hablar directamente con el Papa, pero sí van a poder expresarse en una lona en la que literalmente van a poder dejar su huella como signo de esa esperanza y diversidad que queremos mostrar», explica mientras señala el lugar donde se colocará un panel creativo en el que todos los presentes podrán dejar su sello de esta visita histórica. No en vano es la primera vez que un Papa llega hasta Canarias. Junto a las huellas de la diversidad otro panel servirá de exposición fotográfica sobre la realidad que viven los extranjeros africanos y latinos. También se habilitará desde temprano una ludoteca para acoger a los más de 300 niños que acompañaran a sus padres y abuelos.. En un pequeño escenario levantado para la ocasión, el Santo Padre escuchará el testimonio de cuatro personas, que relatarán, no solo el drama de la travesía en la patera y la estigmatización por el hecho de ser migrante, sino cómo Cáritas y otras tantas organizaciones eclesiales se han convertido en algo más que su familia. Después de corresponder con una breve intervención, Prevost lanzará al mar una corona de flores. «Junto a él, se formará una cadena humana de personas que han padecido esta ruta, que entraron por Arguineguín, que lanzarán también sus flores por aquellos que han salido adelante, pero también por aquellos que vieron morir», añade Suárez.. No menos significativo será el momento en el que el Pontífice se detendrá ante el pequeño altar dedicado a la Virgen del Carmen, patrona de los marineros. «Queremos rendir homenaje a los pescadores que han socorrido a los migrantes». Ahí mismo, el Papa bendecirá una cruz elaborada con madera de cayuco.. Pero, ¿por qué Arguineguín como primera posta? El puerto se convirtió en otoño de 2020 en el «muelle de la vergüenza». En apenas 400 metros estuvieron hacinados en un par de carpas con unos cuantos baños químicos que no cumplían con las mínimas condiciones de salubridad cerca de 2.800 migrantes. Se convirtió en el símbolo de un sistema que colapsó por falta de reacción de las autoridades públicas. «No había capacidad ni alternativa para buscar recursos», comparte Caya Suárez, que sufrió aquella tragedia. El 11 de junio busca, de alguna manera, enmendarla: «Mi sueño es que este muelle se convierta a partir de ahora en el muelle de la esperanza y que jamás se vuelvan a vulnerar los derechos de ninguna persona que llegue hasta aquí».. «La visita del Papa implica dar luz a los proyectos que tenemos en marcha y seguro que tendrá impacto», comenta esta «anfitriona» de León XIV, que explica cómo la plataforma social de la Iglesia aborda el fenómeno migratorio de manera transversal, con programas en los países de origen para promover el derecho a no migrar, pero también con corredores de hospitalidad que buscan ofrecer casa y trabajo en la Península en colaboración con otras diócesis españolas. O lo que es lo mismo, conjugar en primera persona del plural los verbos que determinó Francisco: acoger, proteger, promover e integrar. «Nunca vamos a dejar a un migrante tirado en la calle. La opción preferencial por los últimos nace del Evangelio», sentencia frente a quienes abanderasn expulsiones masivas, criminalizan al extranjero o agitan la prioridad nacional.. «La movilidad humana no va a haber quien la pare, lo que debemos es aprender a acompañar esos flujos migratorios», argumenta, sumando además la solidaridad inherente al pueblo canario: «Siempre hemos sido tierra de acogida, porque nosotros también hemos sido migrantes, somos una sociedad abierta al mundo».. Por eso, ha desterrado de su vocabulario el término «crisis migratoria»: «Para mí la migración no es un problema, y, en cualquier caso, no son ellos, sino nosotros los que convertimos este fenómeno en crisis y problema porque no sabemos gestionarlo». Solo en la provincia de Las Palmas, la plataforma social de la Iglesia atendió desde el año 2020 a más de 22.000 personas migrantes de origen africano y latinoamericano. En respuesta a esta emergencia social, desde el año 2024 la red confederal de Cáritas Española ha puesto en marcha 47 proyectos diocesanos de acogida y acompañamiento a personas en situación administrativa irregular. «Cáritas aparece cuando las personas lamentablemente se ven fuera del sistema, cuando no llega la Administración. Esta capilaridad que tenemos en todo el territorio es lo que nos lleva a conocer qué necesitan», concluye Suárez.
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