Este sábado se cumplió un mes desde que Estados Unidos e Israel comenzaran a bombardear Irán, y todavía se desconocen tanto las causas como los objetivos por los que Donald Trump y Benjamín Netanyahu ordenaron un ataque preventivo que no respondía a ninguna amenaza verosímil, que viola el derecho internacional y que ha embarcado a todo el planeta en una inestabilidad cuyos perjuicios ya son tangibles. Si atendemos a las explicaciones del propio Trump, resulta imposible conocer el motivo concreto por el que ha comenzado este conflicto. Los bombardeos se iniciaron el pasado 28 de febrero cuando, apenas 48 horas antes, Irán y EE UU estaban negociando cara a cara en Ginebra para evitar un contencioso armado, y, según el mediador en el proceso, el ministro de Exteriores de Omán, todo iba camino de una solución.. Seguir leyendo
Lejos de solucionar nada, el conflicto desencadenado por Trump y Netanyahu ha vuelto el mundo todavía más inseguro
editorial. Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional. Lejos de solucionar nada, el conflicto desencadenado por Trump y Netanyahu ha vuelto el mundo todavía más inseguro. sr. García. Este sábado se cumplió un mes desde que Estados Unidos e Israel comenzaran a bombardear Irán, y todavía se desconocen tanto las causas como los objetivos por los que Donald Trump y Benjamín Netanyahu ordenaron un ataque preventivo que no respondía a ninguna amenaza verosímil, que viola el derecho internacional y que ha embarcado a todo el planeta en una inestabilidad cuyos perjuicios ya son tangibles. Si atendemos a las explicaciones del propio Trump, resulta imposible conocer el motivo concreto por el que ha comenzado este conflicto. Los bombardeos se iniciaron el pasado 28 de febrero cuando, apenas 48 horas antes, Irán y EE UU estaban negociando cara a cara en Ginebra para evitar un contencioso armado, y, según el mediador en el proceso, el ministro de Exteriores de Omán, todo iba camino de una solución.. Según el presidente estadounidense, en un primer momento, los bombardeos —que acabaron con la vida, entre otros, del líder supremo iraní, Ali Jameneí, pero también con la de 168 niñas de una escuela primaria— tenían por objeto acabar con el programa nuclear iraní. A continuación, buscaba un cambio de régimen. Después, una negociación con una nueva dirección del régimen islámico que tuviera otra actitud, un eufemismo para decir que debía seguir los dictados de Washington. Más tarde, el argumentario viró hacia el desbloqueo del estrecho de Ormuz, cuya viabilidad el mismo Trump había garantizado al principio, pero que los iraníes han cerrado para convertir la economía en un arma de guerra que compense su inferioridad militar. Cada motivo enumerado por la Casa Blanca ha estado además jalonado por anuncios del inminente fin, ya sea mediante una negociación secreta o a través de un golpe demoledor. A los centenares de muertos y desplazados y a la incertidumbre creada en todo el mundo se les suma la fundada sospecha de que Trump no sabe adónde va.. Irán, por su parte, ha tratado de extender el conflicto a toda la región. No solo ha bombardeado centros urbanos israelíes —sus proyectiles han caído además en Jerusalén, también ciudad santa musulmana—, sino que ha atacado bases e infraestructuras energéticas en los demás países del Golfo y disparado contra territorio de la UE: la isla de Chipre. Este sábado, además, se materializó otro de los temores de las últimas semanas: los hutíes de Yemen, aliados de Irán, atacaron Israel y amenazaron con bloquear el mar Rojo. Mientras, a nivel interior, la República Islámica ha ahorcado a populares opositores, ejecutado un apagón tecnológico entre su población y redoblado la represión.. Los aliados históricos de EE UU han asistido a los bandazos de Washington con una mezcla de desorientación y estupor. Todos menos dos. Por un lado, España, cuyo Gobierno se manifestó desde el primer momento contra la acción bélica y ha visto cómo, pese a las críticas y silencios iniciales, otros socios europeos han terminado dándole la razón. Por otro lado, Israel. No solo es el coautor del ataque, sino el único país que hasta el momento está sacando una dramática ventaja de la guerra. Tras años de insistir en todos los foros con un ataque militar contra Irán, el primer ministro israelí ha visto por fin cómo la teocracia de los ayatolás ha sido golpeada en su más alta jerarquía y cómo Irán ve mermado su papel de potencia regional. Mientras, ha aprovechado no solo para intentar rematar a la organización proiraní Hezbolá, sino también para anunciar que se dispone a controlar el 10% del territorio de Líbano por supuestas razones de seguridad. Una zona en la que, según lo reconocido por el ministro de Defensa de Netanyahu, se están poniendo en práctica tácticas de expulsión masiva de la población civil y demolición de viviendas e infraestructuras calcadas de las ejecutadas en Gaza.. Los expertos señalan que, si la guerra terminara hoy, la economía mundial tardaría unos cinco meses en recuperarse. Sin embargo, el inmenso daño causado por Trump a la arquitectura de las relaciones internacionales parece más difícil de restañar. Por supuesto, el escenario se tornaría peor aún en caso de invasión terrestre. En los últimos días, Pakistán ha adoptado el papel de mediador. El presidente de Estados Unidos ha dado suficientes muestras de que negociar es para él una forma de preparar el próximo ataque, y los ayatolás, de que viven de la inestabilidad regional y de la represión interna. Pero al menos existe un marco en el que puede darse un alto el fuego y una propuesta para poner fin a esta situación. Y se parece —miles de muertos y desplazados después— a la que se estaba negociando antes del 28 de febrero: que Irán renuncie con garantías a su programa nuclear militar y deje de financiar a grupos terroristas a cambio de que se levanten parcialmente las sanciones que pesan sobre el régimen. No es la solución definitiva y deja sin resolver la cuestión capital de la libertad de los iraníes, pero lo cierto es que el belicismo irresponsable de Donald Trump ha hecho que el mundo sea hoy todavía más inseguro que hace un mes.. Tu suscripción se está usando en otro dispositivo. ¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?. Añadir usuarioContinuar leyendo aquí. Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.. ¿Por qué estás viendo esto?. Flecha. Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.. Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.. ¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.. En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.. Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.. Normas ›. Mis comentariosNormas. Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos. Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus.. Más información. Archivado En. Opinión. Oriente medio. Oriente Próximo. Ataque contra Irán. Estados Unidos. Donald Trump. Irán. Benjamin Netanyahu. Israel. Alí Jameneí. Magnicidios. Guerra. Víctimas guerra. Conflictos armados. Geopolítica. Política exterior. Conflicto árabe-israelí. Palestina. Franja Gaza. Estrecho de Ormuz. Mar Rojo. Huthi. Bombardeos. Unión Europea. Europa. OTAN. Pedro Sánchez. Gobierno de España. Líbano. Hezbolá. Terrorismo islamista. Acuerdo nuclear Irán. Programa nuclear Irán. Armas nucleares. Derecho internacional. Negociaciones paz. Si está interesado en licenciar este contenido, pinche aquí
Opinión en EL PAÍS
