El legado de la antigua Roma ha llegado hasta nuestros días con un nivel de conservación inaudito para la cantidad de siglos que han pasado. Ahora, un estudio ha revelado el secreto con el que los romanos construyeron su imperio y ha sobrevivido hasta ahora.. Un nuevo análisis realizado por investigadores del Massachusetts Institute of Technology (MIT) revela que las estructuras de ladrillo de Pompeya siguen en pie gracias a que los antiguos romanos utilizaban un tipo de hormigón autorreparador que dura miles de años.. Hace dos años, el profesor asociado del MIT, Admir Masic, y su equipo publicaron un artículo que explicaba cómo se fabricaba el hormigón romano, describiendo un método llamado mezcla en caliente.. En este proceso, se mezclaban fragmentos de cal en seco con ceniza volcánica y otros materiales, y se añadía agua solo al final.. Cuando el agua entraba en contacto con la mezcla seca, generaba calor, que atrapaba la cal dentro del hormigón en forma de pequeños trozos blancos. Estos trozos pueden disolverse posteriormente y rellenar grietas, lo que permitía al hormigón repararse a sí mismo.. Pero en un reciente descubrimiento, el equipo halló que el antiguo arquitecto romano Vitruvio escribió un libro sobre arquitectura donde afirmaba que los romanos primero añadían agua a la cal para formar una pasta y luego la mezclaban con otros materiales.. Esto difería de lo que el profesor del MIT descubrió en sus pruebas de laboratorio, y dada la importancia histórica de Vitruvio, Admir Masic no se atrevía a contradecirlo.. Ahora, los investigadores han encontrado una antigua obra en Pompeya, bien conservada tras la erupción del volcán Vesubio en el año 79 d. C., y recopilaron pilas de materia prima, herramientas y muros en diferentes etapas de construcción, lo que les permitió estudiar el hormigón autorreparador romano tal como se fabricaba, el mismo que se aplicaba a la arquitectura de la época, incluso en Pompeya.. Masic y sus colaboradores universitarios recolectaron muestras de pilas de material seco, muros inacabados, muros terminados y secciones de reparación durante su visita a Pompeya con el objetivo de reevaluar el hormigón autorreparable del yacimiento.. Encontraron clastos de cal en el hormigón, al igual que en el estudio anterior, pero también encontraron fragmentos de cal viva sin reaccionar dentro de la pila de material seco, lo que demuestra que los romanos mezclaban la cal en seco y que utilizaban la técnica de mezcla en caliente. Para estudiar los materiales, el equipo utilizó herramientas de isótopos estables para rastrear su evolución con el tiempo. Con esto, pudieron observar la diferencia entre la cal mezclada en caliente y la cal apagada previamente con agua.. Los resultados mostraron que los romanos usaban cal viva, la molían, la mezclaban en seco con ceniza volcánica y luego añadían agua para crear el material aglutinante.. Los investigadores también estudiaron la ceniza volcánica con piedra pómez, que reaccionaba gradualmente con el agua dentro del hormigón. Esta reacción creó nuevos minerales que ayudaron a fortalecer la estructura con el tiempo, y estos minerales rellenaron los poros y aportaron mayor estabilidad.. Esta investigación no pretende copiar el hormigón romano con exactitud, ya que la construcción moderna requiere materiales y estándares diferentes, sino extraer pequeñas lecciones del pasado que puedan ayudar a crear hormigones modernos autorreparables que duren años, como en Pompeya.
Expertos del MIT han descubierto que los antiguos romanos utilizaban un tipo de hormigón autorreparador que dura miles de años.
El legado de la antigua Roma ha llegado hasta nuestros días con un nivel de conservación inaudito para la cantidad de siglos que han pasado. Ahora, un estudio ha revelado el secreto con el que los romanos construyeron su imperio y ha sobrevivido hasta ahora.. Un nuevo análisis realizado por investigadores del Massachusetts Institute of Technology (MIT) revela que las estructuras de ladrillo de Pompeya siguen en pie gracias a que los antiguos romanos utilizaban un tipo de hormigón autorreparador que dura miles de años.. Hace dos años, el profesor asociado del MIT, Admir Masic, y su equipo publicaron un artículo que explicaba cómo se fabricaba el hormigón romano, describiendo un método llamado mezcla en caliente.. En este proceso, se mezclaban fragmentos de cal en seco con ceniza volcánica y otros materiales, y se añadía agua solo al final.. Cuando el agua entraba en contacto con la mezcla seca, generaba calor, que atrapaba la cal dentro del hormigón en forma de pequeños trozos blancos. Estos trozos pueden disolverse posteriormente y rellenar grietas, lo que permitía al hormigón repararse a sí mismo.. Pero en un reciente descubrimiento, el equipo halló que el antiguo arquitecto romano Vitruvio escribió un libro sobre arquitectura donde afirmaba que los romanos primero añadían agua a la cal para formar una pasta y luego la mezclaban con otros materiales.. Esto difería de lo que el profesor del MIT descubrió en sus pruebas de laboratorio, y dada la importancia histórica de Vitruvio, Admir Masic no se atrevía a contradecirlo.. Ahora, los investigadores han encontrado una antigua obra en Pompeya, bien conservada tras la erupción del volcán Vesubio en el año 79 d. C., y recopilaron pilas de materia prima, herramientas y muros en diferentes etapas de construcción, lo que les permitió estudiar el hormigón autorreparador romano tal como se fabricaba, el mismo que se aplicaba a la arquitectura de la época, incluso en Pompeya.. Masic y sus colaboradores universitarios recolectaron muestras de pilas de material seco, muros inacabados, muros terminados y secciones de reparación durante su visita a Pompeya con el objetivo de reevaluar el hormigón autorreparable del yacimiento.. Encontraron clastos de cal en el hormigón, al igual que en el estudio anterior, pero también encontraron fragmentos de cal viva sin reaccionar dentro de la pila de material seco, lo que demuestra que los romanos mezclaban la cal en seco y que utilizaban la técnica de mezcla en caliente. Para estudiar los materiales, el equipo utilizó herramientas de isótopos estables para rastrear su evolución con el tiempo. Con esto, pudieron observar la diferencia entre la cal mezclada en caliente y la cal apagada previamente con agua.. Los resultados mostraron que los romanos usaban cal viva, la molían, la mezclaban en seco con ceniza volcánica y luego añadían agua para crear el material aglutinante.. Los investigadores también estudiaron la ceniza volcánica con piedra pómez, que reaccionaba gradualmente con el agua dentro del hormigón. Esta reacción creó nuevos minerales que ayudaron a fortalecer la estructura con el tiempo, y estos minerales rellenaron los poros y aportaron mayor estabilidad.. Esta investigación no pretende copiar el hormigón romano con exactitud, ya que la construcción moderna requiere materiales y estándares diferentes, sino extraer pequeñas lecciones del pasado que puedan ayudar a crear hormigones modernos autorreparables que duren años, como en Pompeya.
