Ucrania exige justicia para los más de 20.000 niños ucranianos secuestrados por Rusia en el contexto de la guerra. Este martes el Antiguo Salón de Sesiones del Senado ha acogido una jornada sobre el retorno de menores en la que dos jóvenes ucranianos, Ivan Matkovskyi e Ivan Sarancha, han compartido su experiencia junto a la asesora comisionada del presidente de Ucrania para los Derechos del Niño y la Rehabilitación Infantil, Daria Herasymchuk.. Los desplazamientos forzados y la «rusificación» de los jóvenes han sido uno de los grandes temas que a menudo han quedado relegados en un conflicto que supera ya los cuatro años, y que, como ha recordado el presidente de la Cámara Alta, Pedro Rollán, constituye no solo un crimen de guerra, sino un crimen contra la humanidad. En este sentido, Rollán insiste en reclamar «un acuerdo de paz justo y duradero que ponga fin a la invasión ilegal de Ucrania» y la vuelta de «los chicos menores secuestrados ilegalmente por Rusia» con sus familias y seres queridos en el país que les vio crecer.. Durante la mesa redonda, Daria Herasymchuk ha insistido en que Moscú viene aplicando «una política sistemática deliberada contra el pueblo ucraniano a través de los niños», que se concentra esencialmente en los territorios ocupados. Por el momento, las autoridades ucranianas, en colaboración con otros países, han logrado el retorno de más de 2.100 niños, lo que califican como una «cantidad ínfima» en comparación con la magnitud real de la tragedia, de la que es complicado obtener datos precisos.. Ivan Matkovskyi vivía en Mariupol cuando los militares rusos asediaron la ciudad, tras las peticiones de evacuación, decidió salir a pie junto a su hermano mayor, no obstante, su situación cambió drásticamente tras ser parado por un militar. Fue separado de su hermano y trasladado hacia Donesk, donde permaneció durante semanas en las que fue testigo de la llegada de más menores: «No me preguntaron si tenía familia, o si quería o podía ponerme en contacto con alguien». «Los rusos nos contaban que tendríamos una nueva familia rusa, un nuevo pasaporte ruso, que podría estudiar lo que yo quiera…», recuerda. El joven finalmente logró dejar de estar bajo custodia rusa y pudo reunirse con su familia después de que un tutor acudiera en su búsqueda.. El caso de Ivan Sarancha es algo distinto. Él creció en Lugansk en un ambiente prorruso, y a lo largo de su vida la guerra le alcanzó en dos ocasiones: en 2014 y en 2022. «Es un estado emocional muy inestable cuando tu vida está de forma permanente al límite», insiste. Sarancha tenía claro que no quería formar parte del ejército ruso, una determinación que sumada a entrar en contacto con otros jóvenes ucranianos le convenció a cruzar la frontera. «No me he arrepentido ni una sola vez», insiste ante los asistentes a las jornadas del Senado.. Ambos jóvenes han insistido en la importancia de compartir sus historias para animar a otros países a prestar ayuda en la recuperación de quienes permanecen involuntariamente bajo control ruso, y para evitar que otros menores corran la misma suerte.. En la clausura del acto ha participado además Yulia Sokolovska , embajadora ucraniana en España, quien reclamó acciones y políticas concretas. «Rusia militariza sistemáticamente a nuestros niños, los somete a adopciones forzadas, los expone a la influencia ideológica y trata de privarlos de su identidad ucraniana», explica Sokolovska, quien también ha advertido que la impunidad de los crímenes cometidos por la Federación podría poner en juego el futuro de Europa.
Ucrania exige justicia para los más de 20.000 niños ucranianos secuestrados por Rusia en el contexto de la guerra. Este martes el Antiguo Salón de Sesiones del Senado ha acogido una jornada sobre el retorno de menores en la que dos jóvenes ucranianos, Ivan Matkovskyi e Ivan Sarancha, han compartido su experiencia junto a la asesora comisionada del presidente de Ucrania para los Derechos del Niño y la Rehabilitación Infantil, Daria Herasymchuk.. Los desplazamientos forzados y la «rusificación» de los jóvenes han sido uno de los grandes temas que a menudo han quedado relegados en un conflicto que supera ya los cuatro años, y que, como ha recordado el presidente de la Cámara Alta, Pedro Rollán, constituye no solo un crimen de guerra, sino un crimen contra la humanidad. En este sentido, Rollán insiste en reclamar «un acuerdo de paz justo y duradero que ponga fin a la invasión ilegal de Ucrania» y la vuelta de «los chicos menores secuestrados ilegalmente por Rusia» con sus familias y seres queridos en el país que les vio crecer.. Durante la mesa redonda, Daria Herasymchuk ha insistido en que Moscú viene aplicando «una política sistemática deliberada contra el pueblo ucraniano a través de los niños», que se concentra esencialmente en los territorios ocupados. Por el momento, las autoridades ucranianas, en colaboración con otros países, han logrado el retorno de más de 2.100 niños, lo que califican como una «cantidad ínfima» en comparación con la magnitud real de la tragedia, de la que es complicado obtener datos precisos.. «No me preguntaron si tenía familia». Ivan Matkovskyi vivía en Mariupol cuando los militares rusos asediaron la ciudad, tras las peticiones de evacuación, decidió salir a pie junto a su hermano mayor, no obstante, su situación cambió drásticamente tras ser parado por un militar. Fue separado de su hermano y trasladado hacia Donesk, donde permaneció durante semanas en las que fue testigo de la llegada de más menores: «No me preguntaron si tenía familia, o si quería o podía ponerme en contacto con alguien». «Los rusos nos contaban que tendríamos una nueva familia rusa, un nuevo pasaporte ruso, que podría estudiar lo que yo quiera…», recuerda. El joven finalmente logró dejar de estar bajo custodia rusa y pudo reunirse con su familia después de que un tutor acudiera en su búsqueda.. El caso de Ivan Sarancha es algo distinto. Él creció en Lugansk en un ambiente prorruso, y a lo largo de su vida la guerra le alcanzó en dos ocasiones: en 2014 y en 2022. «Es un estado emocional muy inestable cuando tu vida está de forma permanente al límite», insiste. Sarancha tenía claro que no quería formar parte del ejército ruso, una determinación que sumada a entrar en contacto con otros jóvenes ucranianos le convenció a cruzar la frontera. «No me he arrepentido ni una sola vez», insiste ante los asistentes a las jornadas del Senado.. Ambos jóvenes han insistido en la importancia de compartir sus historias para animar a otros países a prestar ayuda en la recuperación de quienes permanecen involuntariamente bajo control ruso, y para evitar que otros menores corran la misma suerte.. En la clausura del acto ha participado además Yulia Sokolovska , embajadora ucraniana en España, quien reclamó acciones y políticas concretas. «Rusia militariza sistemáticamente a nuestros niños, los somete a adopciones forzadas, los expone a la influencia ideológica y trata de privarlos de su identidad ucraniana», explica Sokolovska, quien también ha advertido que la impunidad de los crímenes cometidos por la Federación podría poner en juego el futuro de Europa.
El Senado acoge una jornada sobre la deportación forzada y la «rusificación» de menores ucranianos, que ha contado con el testimonio de dos jóvenes que estuvieron bajo control ruso
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