Este lunes a las 7:23 de la mañana en Florida, Donald Trump lanzaba un inesperado mensaje escrito en letras mayúsculas a través de su plataforma Truth Social: «Me complace informar que Estados Unidos de América y el país de Irán han mantenido, durante los dos últimos días, conversaciones muy buenas y productivas con respecto a una solución completa y total de nuestras hostilidades en Oriente Medio».. El presidente norteamericano aseguraba que, dado el buen tono de las conversaciones, había ordenado al Departamento de Guerra, antes llamado de Defensa, posponer «cualquier ataque militar contra las centrales eléctricas y la infraestructura energética iraníes por un periodo de cinco días», advirtiendo que la tregua estará ligada al éxito de las conversaciones entre ambos países.. El anuncio llegó de repente y parecía marcar un giro diplomático en mitad de las tensiones que se han ido agravando las últimas tres semanas en la región, asfixiando los mercados bursátiles. Sin embargo, la euforia apenas duraba unos minutos. Casi de inmediato, la agencia semioficial iraní «Mehr» negaba que hubiera existido ningún diálogo entre Washington y Teherán, una información que desde el Ministerio de Exteriores iraní reforzaban asegurando que las declaraciones de Trump formaban parte de un esfuerzo «para reducir los precios de la energía y ganar tiempo para implementar sus planes militares».. Las conversaciones avanzan. El cruce de versiones no terminó ahí, menos de una hora después, Trump volvió a comparecer ante la prensa, poco antes de volar a Memphis desde Florida, para insistir en que las conversaciones entre ambos bandos seguían «muy fuertes» y avanzaban por buen camino. Además, aseguró que el enviado especial en la región, Steve Witkoff y su propio yerno, Jared Kushner, formaban parte del equipo que negociaba desde Washington con un «respetado líder» en Irán, cuya identidad evitó revelar. Solo aclaró que no se trataba del nuevo líder supremo Mojtaba Jamenei, sobre el que volvió a sembrar la duda acerca de si sigue vivo.. El líder estadounidense mantuvo su ya habitual tono ambiguo con contradicciones cada minuto que avanzaba en su discurso, insistiendo, de nuevo, en que Irán sí representaba una amenaza «inminente» para este país, en contra de lo que apuntó la semana pasada el director de contraterrorismo en EE UU, Joe Kenth, en su carta de renuncia.. Trump explicó que hay una lista de exigencias de 15 puntos sobre la mesa, que incluye que Irán renuncie definitivamente a la construcción de un arma nuclear, e incluso llegó a insinuar que algunos aspectos ya habrían sido aceptados. Sin embargo, dos frases más tarde en su declaración ante los medios, el mandatario rebaja la certeza de una resolución inmediata del conflicto, reconociendo que no «podía garantizar» que el acuerdo fuera a materializarse y advirtió que, si la diplomacia fracasaba, «simplemente seguirá bombardeando».. Trump también aseguró en su breve encuentro con la prensa que fueron los iraníes quienes tomaron la iniciativa para hablar, una información que la otra parte no había comentado al cierre de esta edición, y apuntó a que durante las conversaciones se estaría también abordando «opciones de liderazgo», incluida una conjunta, una afirmación especialmente delicada en un momento en que Irán acaba de nombrar a su nuevo dirigente después de EE UU matara a Ali Jamenei. Cuando se le preguntó por una eventual intervención terrestre o los cerca de 4,500 soldados que están preparados para desembarcar en el país enemigo si fuera necesario, Trump se refugió en un escueto «no hablamos de estrategia».. El ultimátum. Sin embargo, no perdió la oportunidad de dejar claro que sería «muy fácil» hacerse con el uranio iraní enriquecido si finalmente llegaban a un acuerdo, en alusión a este material clave para el desarrollo nuclear. La presunta apertura diplomática, llegaba después de un intenso fin de semana en el que Trump amenazó con atacar la infraestructura nuclear iraní si Teherán no reabría el estrecho de Ormuz en 48 horas, un enclave estratégico por el que circula cerca de una quinta parte del petróleo y gas natural licuado del mundo.. Como era de esperar, el intercambio de mensajes entre ambos países tuvo un impacto en los mercados. El Brent llegó a desplomarse hasta los 96 dólares por barril tras el anuncio de Donald Trump en Truth Social, antes de recuperar parte del terreno después del desmentido de Israel. Wall Street abrió con fuerza al alza y el rendimiento del bono del Tesoro a diez años, que había superado el 4,4% por primera vez en el año, retrocedió después del mensaje presidencial.. Ahí podría estar una de las claves más importantes del movimiento de Trump, un hombre para quien los mercados representan un importante termómetro económico. El presidente norteamericano sabe que la guerra no solo se mide en misiles, también en inflación. La subida del crudo amenaza directamente a los estadounidenses, rozando los 4 dólares el galón de gasolina.. De hecho, la administración ya había empezado a mover ficha con la liberación de reservas estratégicas de petróleo para aliviar la tensión mundial, una señal de que la Casa Blanca es plenamente consciente de que el frente económico puede convertirse en una piedra en el zapato, una muy grande. Por eso, el mensaje del lunes, ambiguo y con contradicciones del bando contrario, proyectó una imagen de falta de plan, que sitúa al presidente al borde del abismo en una cuestión que muchos empiezan a pensar que se le ha ido de las manos.
Este lunes a las 7:23 de la mañana en Florida, Donald Trump lanzaba un inesperado mensaje escrito en letras mayúsculas a través de su plataforma Truth Social: «Me complace informar que Estados Unidos de América y el país de Irán han mantenido, durante los dos últimos días, conversaciones muy buenas y productivas con respecto a una solución completa y total de nuestras hostilidades en Oriente Medio».. El presidente norteamericano aseguraba que, dado el buen tono de las conversaciones, había ordenado al Departamento de Guerra, antes llamado de Defensa, posponer «cualquier ataque militar contra las centrales eléctricas y la infraestructura energética iraníes por un periodo de cinco días», advirtiendo que la tregua estará ligada al éxito de las conversaciones entre ambos países.. El anuncio llegó de repente y parecía marcar un giro diplomático en mitad de las tensiones que se han ido agravando las últimas tres semanas en la región, asfixiando los mercados bursátiles. Sin embargo, la euforia apenas duraba unos minutos. Casi de inmediato, la agencia semioficial iraní «Mehr» negaba que hubiera existido ningún diálogo entre Washington y Teherán, una información que desde el Ministerio de Exteriores iraní reforzaban asegurando que las declaraciones de Trump formaban parte de un esfuerzo «para reducir los precios de la energía y ganar tiempo para implementar sus planes militares».. Las conversaciones avanzan. El cruce de versiones no terminó ahí, menos de una hora después, Trump volvió a comparecer ante la prensa, poco antes de volar a Memphis desde Florida, para insistir en que las conversaciones entre ambos bandos seguían «muy fuertes» y avanzaban por buen camino. Además, aseguró que el enviado especial en la región, Steve Witkoff y su propio yerno, Jared Kushner, formaban parte del equipo que negociaba desde Washington con un «respetado líder» en Irán, cuya identidad evitó revelar. Solo aclaró que no se trataba del nuevo líder supremo Mojtaba Jamenei, sobre el que volvió a sembrar la duda acerca de si sigue vivo.. El líder estadounidense mantuvo su ya habitual tono ambiguo con contradicciones cada minuto que avanzaba en su discurso, insistiendo, de nuevo, en que Irán sí representaba una amenaza «inminente» para este país, en contra de lo que apuntó la semana pasada el director de contraterrorismo en EE UU, Joe Kenth, en su carta de renuncia.. Trump explicó que hay una lista de exigencias de 15 puntos sobre la mesa, que incluye que Irán renuncie definitivamente a la construcción de un arma nuclear, e incluso llegó a insinuar que algunos aspectos ya habrían sido aceptados. Sin embargo, dos frases más tarde en su declaración ante los medios, el mandatario rebaja la certeza de una resolución inmediata del conflicto, reconociendo que no «podía garantizar» que el acuerdo fuera a materializarse y advirtió que, si la diplomacia fracasaba, «simplemente seguirá bombardeando».. Trump también aseguró en su breve encuentro con la prensa que fueron los iraníes quienes tomaron la iniciativa para hablar, una información que la otra parte no había comentado al cierre de esta edición, y apuntó a que durante las conversaciones se estaría también abordando «opciones de liderazgo», incluida una conjunta, una afirmación especialmente delicada en un momento en que Irán acaba de nombrar a su nuevo dirigente después de EE UU matara a Ali Jamenei. Cuando se le preguntó por una eventual intervención terrestre o los cerca de 4,500 soldados que están preparados para desembarcar en el país enemigo si fuera necesario, Trump se refugió en un escueto «no hablamos de estrategia».. El ultimátum. Sin embargo, no perdió la oportunidad de dejar claro que sería «muy fácil» hacerse con el uranio iraní enriquecido si finalmente llegaban a un acuerdo, en alusión a este material clave para el desarrollo nuclear. La presunta apertura diplomática, llegaba después de un intenso fin de semana en el que Trump amenazó con atacar la infraestructura nuclear iraní si Teherán no reabría el estrecho de Ormuz en 48 horas, un enclave estratégico por el que circula cerca de una quinta parte del petróleo y gas natural licuado del mundo.. Como era de esperar, el intercambio de mensajes entre ambos países tuvo un impacto en los mercados. El Brent llegó a desplomarse hasta los 96 dólares por barril tras el anuncio de Donald Trump en Truth Social, antes de recuperar parte del terreno después del desmentido de Israel. Wall Street abrió con fuerza al alza y el rendimiento del bono del Tesoro a diez años, que había superado el 4,4% por primera vez en el año, retrocedió después del mensaje presidencial.. Ahí podría estar una de las claves más importantes del movimiento de Trump, un hombre para quien los mercados representan un importante termómetro económico. El presidente norteamericano sabe que la guerra no solo se mide en misiles, también en inflación. La subida del crudo amenaza directamente a los estadounidenses, rozando los 4 dólares el galón de gasolina.. De hecho, la administración ya había empezado a mover ficha con la liberación de reservas estratégicas de petróleo para aliviar la tensión mundial, una señal de que la Casa Blanca es plenamente consciente de que el frente económico puede convertirse en una piedra en el zapato, una muy grande. Por eso, el mensaje del lunes, ambiguo y con contradicciones del bando contrario, proyectó una imagen de falta de plan, que sitúa al presidente al borde del abismo en una cuestión que muchos empiezan a pensar que se le ha ido de las manos.
El presidente de EE UU ha pospuesto cinco días los posibles ataques a su infraestructura energética de la República Islámica
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