La crítica cejijunta se ha empeñado, creyendo que trabaja para el antiguo «Cahiers du Cinéma», en hablar de «Torrente Presidente» como si fuera la última de Yorgos Lánthimos. Ni Oliver Laxe mereció tantas referencias. Cuánta pesadez, amiguetes. Estos críticos no se han dado cuenta de que, siguiendo a Von der Leyen, el mundo ha cambiado. Visto que la asistencia a las salas no remite, entiendo que no le hacen caso. «Torrente Presidente» es la mejor de la saga desde la inaugural y la mejor película española política desde los años setenta. Y, sobre todo, es tremendamente divertida.. Resulta más moderno que soportar a Houellebecq que nadie sepa muy bien si Torrente, el personaje, gusta más a la izquierda o a la derecha, cuando está muy claro que es de centro. Solo que el centro de hoy no es el de Adolfo Suárez. Santiago Segura ha olfateado que las normas del primer Torrente no son las mismas que para este último: ahí está la clave y la razón de ser de este regreso que puede leerse en modo politólogo si el director fuera un pedante. Al cabo, Torrente es honesto a fuer de ser ruin, resulta el envés sincero del hipócrita Ábalos, con el que se hubiera ido de señoritas, pero sin alardear de ser feminista, como hizo el exministro, todo lo contrario, presumiendo de machista y homófobo. «En España el 50% es maricón», dice tan pancho cuando se muestra partidario del matrimonio gay para no desdeñar a la mitad del electorado. Si queríamos un Gobierno que no nos mienta, es de justicia poética que Torrente alcance la Moncloa, de la misma manera que Donald Trump llegó a la Casa Blanca.. Y todavía vuela la duda de que si sale más malherido Nox, el partido de ultraderecha torrentiano, o Pedro Vilches, el trasunto del presidente. Como clamó Ortega y Gasset sobre la República: ¡No es esto, no es esto! No se trata de equilibrar las collejas porque «Torrente» hace una enmienda a la totalidad, es un hombre bomba, el más simpático de los antisistema, el zafio que queríamos ver al fin en acción, capaz de plantarse ante la ordinariez de ser inclusivo y ridículo.. Santiago Segura reactualiza a Berlanga, Ozores, a Valle-Inclán, a Ibáñez Serrador, a la médula del esperpento español y sus grandes cómicos. Nos pone frente a un espejo para que veamos que no somos guapos como creíamos y que, en realidad, no se trata de una comedia sino de una película de terror. Este es el gran spoiler.
Resulta más moderno que soportar a Houellebecq que nadie sepa muy bien si el personaje gusta más a la izquierda o a la derecha
La crítica cejijunta se ha empeñado, creyendo que trabaja para el antiguo «Cahiers du Cinéma», en hablar de «Torrente Presidente» como si fuera la última de Yorgos Lánthimos. Ni Oliver Laxe mereció tantas referencias. Cuánta pesadez, amiguetes. Estos críticos no se han dado cuenta de que, siguiendo a Von der Leyen, el mundo ha cambiado. Visto que la asistencia a las salas no remite, entiendo que no le hacen caso. «Torrente Presidente» es la mejor de la saga desde la inaugural y la mejor película española política desde los años setenta. Y, sobre todo, es tremendamente divertida.. Resulta más moderno que soportar a Houellebecq que nadie sepa muy bien si Torrente, el personaje, gusta más a la izquierda o a la derecha, cuando está muy claro que es de centro. Solo que el centro de hoy no es el de Adolfo Suárez. Santiago Segura ha olfateado que las normas del primer Torrente no son las mismas que para este último: ahí está la clave y la razón de ser de este regreso que puede leerse en modo politólogo si el director fuera un pedante. Al cabo, Torrente es honesto a fuer de ser ruin, resulta el envés sincero del hipócrita Ábalos, con el que se hubiera ido de señoritas, pero sin alardear de ser feminista, como hizo el exministro, todo lo contrario, presumiendo de machista y homófobo. «En España el 50% es maricón», dice tan pancho cuando se muestra partidario del matrimonio gay para no desdeñar a la mitad del electorado. Si queríamos un Gobierno que no nos mienta, es de justicia poética que Torrente alcance la Moncloa, de la misma manera que Donald Trump llegó a la Casa Blanca.. Y todavía vuela la duda de que si sale más malherido Nox, el partido de ultraderecha torrentiano, o Pedro Vilches, el trasunto del presidente. Como clamó Ortega y Gasset sobre la República: ¡No es esto, no es esto! No se trata de equilibrar las collejas porque «Torrente» hace una enmienda a la totalidad, es un hombre bomba, el más simpático de los antisistema, el zafio que queríamos ver al fin en acción, capaz de plantarse ante la ordinariez de ser inclusivo y ridículo.. Santiago Segura reactualiza a Berlanga, Ozores, a Valle-Inclán, a Ibáñez Serrador, a la médula del esperpento español y sus grandes cómicos. Nos pone frente a un espejo para que veamos que no somos guapos como creíamos y que, en realidad, no se trata de una comedia sino de una película de terror. Este es el gran spoiler.
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