El Barcelona logró imponerse a Osasuna gracias a un gol de Raphinha, pero el encuentro quedó marcado por una acción que alteró el desarrollo del partido y dejó una sensación de agravio en el conjunto navarro. Corría la segunda parte cuando Osasuna encontró el 1-1 en una jugada a balón parado que el árbitro, Cordero Vega, anuló de inmediato por una supuesta falta sobre el portero azulgrana. La decisión fue rápida, casi automática, pero la repetición televisiva mostró una acción mucho más compleja de lo que dictaminó el colegiado en primera instancia.. Anulado en el mejor momento de Osasuna. El gol anulado llegó en el momento de mayor insistencia de Osasuna. El equipo rojillo, bien ordenado durante buena parte del partido y todavía competitivo pese al desgaste físico, había conseguido estirarse tras el gol del Barcelona y empezaba a creer en el empate. La jugada nació de un balón colgado al área que generó confusión en la defensa azulgrana y acabó en el fondo de la portería. Sin embargo, el árbitro invalidó el tanto señalando falta sobre el guardameta.. La explicación arbitral fue clara y breve. Falta al portero. Sin revisión prolongada, sin conversación visible con el VAR y sin que el colegiado se tomara demasiado tiempo para valorar una acción que, vista en directo, pudo parecer una carga habitual en el área pequeña. El gol quedó anulado y el partido siguió su curso, pero la polémica ya estaba instalada.. Falta de un defensa del Barcelona. Las repeticiones ofrecieron una lectura distinta. En ellas se aprecia cómo es Eric García quien empuja al guardameta en el momento decisivo de la acción. El defensor azulgrana, en su intento de ganar la posición, entra en contacto con su propio portero, lo desestabiliza y provoca la caída que el árbitro interpreta como una falta del atacante de Osasuna. La secuencia cambia por completo la interpretación inicial de la jugada y abre el debate sobre si el tanto debió subir al marcador. «No es falta por Dios. Le empujan al jugador de Osasuna y a Joan se le escapa el balón de las manos. Gol legal anulado a los navarros. Del 1-1 al 2-0. Y así llevamos 20 años. El informe arbitral del Real Madrid a la FIFA va a tener más páginas que El Quijote…», escribió Tomás Roncero.. La acción tiene miga porque no se trata de una disputa limpia entre delantero y portero, ni de una carga clara del atacante. El contacto decisivo llega desde atrás y lo provoca un jugador del Barcelona. Ese matiz es clave y es el que alimenta la sensación de injusticia en Osasuna, que vio cómo se le escapaba una oportunidad real de empatar el partido en uno de sus mejores momentos.. La rapidez con la que se resolvió la jugada también fue objeto de comentario. En una era marcada por el uso del VAR y por la revisión minuciosa de acciones similares, sorprendió que el gol se despachara en un santiamén. No hubo una revisión extensa ni una rectificación desde la sala VOR, al menos de forma visible, pese a que la imagen ofrecía argumentos suficientes como para replantear la decisión inicial.. El contexto del partido añade peso a la polémica. El Barcelona había dominado la posesión, pero lo había hecho con más voluntad que peligro. Osasuna, bien plantado y solidario, había conseguido cerrar caminos y obligar al equipo de Flick a circular sin profundidad durante muchos minutos. El gol de Raphinha desde fuera del área había roto el equilibrio, pero no había cerrado el partido. El posible 1-1 llegaba, por tanto, en un momento clave.. Una decisión que condicionó el partido. Además, Osasuna ya había perdido mordiente ofensiva tras el cansancio de Víctor Muñoz y su posterior sustitución. El empate habría cambiado por completo el escenario final, obligando al Barcelona a asumir más riesgos y dando aire a un rival que había sabido competir con orden y paciencia. El gol anulado no solo privó a Osasuna de una recompensa tangible, sino que condicionó el tramo decisivo del encuentro.. Desde el entorno rojillo no hubo una protesta desmedida en el campo, quizá por la inmediatez de la decisión arbitral, pero la acción no tardó en generar debate una vez revisada con calma. La sensación general fue que la jugada merecía algo más que una resolución exprés y que la intervención de Eric García debía haber sido tenida en cuenta a la hora de juzgar el contacto con el portero.. El partido terminó con victoria del Barcelona, pero la imagen que quedó flotando fue la de esa jugada en el área, revisada una y otra vez, con el guardameta cayendo tras el empujón de su propio defensor y un gol que nunca llegó a contar. En encuentros tan cerrados, una decisión así no es un detalle menor. Es, directamente, una acción que puede alterar el resultado y la lectura completa del partido.
El árbitro anuló un gol al rival del Barcelona porque un jugador osasunista arrolló a Joan Garcia después de un empujón de Eric Garcia
El Barcelona logró imponerse a Osasuna gracias a un gol de Raphinha, pero el encuentro quedó marcado por una acción que alteró el desarrollo del partido y dejó una sensación de agravio en el conjunto navarro. Corría la segunda parte cuando Osasuna encontró el 1-1 en una jugada a balón parado que el árbitro, Cordero Vega, anuló de inmediato por una supuesta falta sobre el portero azulgrana. La decisión fue rápida, casi automática, pero la repetición televisiva mostró una acción mucho más compleja de lo que dictaminó el colegiado en primera instancia.. Anulado en el mejor momento de Osasuna. El gol anulado llegó en el momento de mayor insistencia de Osasuna. El equipo rojillo, bien ordenado durante buena parte del partido y todavía competitivo pese al desgaste físico, había conseguido estirarse tras el gol del Barcelona y empezaba a creer en el empate. La jugada nació de un balón colgado al área que generó confusión en la defensa azulgrana y acabó en el fondo de la portería. Sin embargo, el árbitro invalidó el tanto señalando falta sobre el guardameta.. La explicación arbitral fue clara y breve. Falta al portero. Sin revisión prolongada, sin conversación visible con el VAR y sin que el colegiado se tomara demasiado tiempo para valorar una acción que, vista en directo, pudo parecer una carga habitual en el área pequeña. El gol quedó anulado y el partido siguió su curso, pero la polémica ya estaba instalada.. Falta de un defensa del Barcelona. Las repeticiones ofrecieron una lectura distinta. En ellas se aprecia cómo es Eric García quien empuja al guardameta en el momento decisivo de la acción. El defensor azulgrana, en su intento de ganar la posición, entra en contacto con su propio portero, lo desestabiliza y provoca la caída que el árbitro interpreta como una falta del atacante de Osasuna. La secuencia cambia por completo la interpretación inicial de la jugada y abre el debate sobre si el tanto debió subir al marcador. «No es falta por Dios. Le empujan al jugador de Osasuna y a Joan se le escapa el balón de las manos. Gol legal anulado a los navarros. Del 1-1 al 2-0. Y así llevamos 20 años. El informe arbitral del Real Madrid a la FIFA va a tener más páginas que El Quijote…», escribió Tomás Roncero.. La acción tiene miga porque no se trata de una disputa limpia entre delantero y portero, ni de una carga clara del atacante. El contacto decisivo llega desde atrás y lo provoca un jugador del Barcelona. Ese matiz es clave y es el que alimenta la sensación de injusticia en Osasuna, que vio cómo se le escapaba una oportunidad real de empatar el partido en uno de sus mejores momentos.. La rapidez con la que se resolvió la jugada también fue objeto de comentario. En una era marcada por el uso del VAR y por la revisión minuciosa de acciones similares, sorprendió que el gol se despachara en un santiamén. No hubo una revisión extensa ni una rectificación desde la sala VOR, al menos de forma visible, pese a que la imagen ofrecía argumentos suficientes como para replantear la decisión inicial.. El contexto del partido añade peso a la polémica. El Barcelona había dominado la posesión, pero lo había hecho con más voluntad que peligro. Osasuna, bien plantado y solidario, había conseguido cerrar caminos y obligar al equipo de Flick a circular sin profundidad durante muchos minutos. El gol de Raphinha desde fuera del área había roto el equilibrio, pero no había cerrado el partido. El posible 1-1 llegaba, por tanto, en un momento clave.. Una decisión que condicionó el partido. Además, Osasuna ya había perdido mordiente ofensiva tras el cansancio de Víctor Muñoz y su posterior sustitución. El empate habría cambiado por completo el escenario final, obligando al Barcelona a asumir más riesgos y dando aire a un rival que había sabido competir con orden y paciencia. El gol anulado no solo privó a Osasuna de una recompensa tangible, sino que condicionó el tramo decisivo del encuentro.. Desde el entorno rojillo no hubo una protesta desmedida en el campo, quizá por la inmediatez de la decisión arbitral, pero la acción no tardó en generar debate una vez revisada con calma. La sensación general fue que la jugada merecía algo más que una resolución exprés y que la intervención de Eric García debía haber sido tenida en cuenta a la hora de juzgar el contacto con el portero.. El partido terminó con victoria del Barcelona, pero la imagen que quedó flotando fue la de esa jugada en el área, revisada una y otra vez, con el guardameta cayendo tras el empujón de su propio defensor y un gol que nunca llegó a contar. En encuentros tan cerrados, una decisión así no es un detalle menor. Es, directamente, una acción que puede alterar el resultado y la lectura completa del partido.
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