El de anticuario es un oficio lleno de mitos, revestido de cierta leyenda decimonónica que aún pervive. Por eso, para acabar con los mitos lo mejor es acudir a las fuentes originales, a quienes saben de esta profesión tan importante en el nombre del arte. Artur Ramon, continuador de una saga dedicada a estos temas, acaba de publicar en Elba un libro importante sobre la cuestión titulado «Anticuarios modernos» donde se unen su propia experiencia (y la de otros), además de contar con consejos fundamentales para adentrarse en esta profesión.. Pero para abordar este tema hay una pregunta clave que merece una respuesta: ¿qué es un anticuario? El propio Artur Ramon, en declaraciones a este diario, explica que «es aquel que se dedica a la compra y venta de antigüedades con más de cien años y que tienen valor artístico. Es alguien que estudia estas obras y las pone en circulación en el mercado. Es algo que nos diferencia de los compraventa que no estudian, ni restauran como tampoco lo hacen las subastas. El anticuario recupera identidades, es un profesional cultural con un papel definido».. Ramon reconoce que pesa mucho la imagen construida especialmente en la época victoriana de la mano de Charles Dickens y Walter Scott, o, en Francia, Honoré de Balzac. «Es esa imagen de señor mayor, usurero, del que no te puedes fiar, que te engañará siempre. Además suele pasar que el anticuario aparece en los medios cuando hay expolios o robos, pero cuando se dedica a repatriar obras, realizando una labor de suplencia institucional, de eso no se habla. Es como si no existiera, como si estuviera metido en un mundo oscuro. También es verdad que muchos anticuarios han contribuido a eso, sobre todo profesionales surgidos en la posguerra que han abusado de los precios, de cosas que estaban al límite, con atribuciones que no eran», comenta este veterano experto.. En el libro se cuenta la historia de un hombre que apostó todo por un cuadro que pensaba pintado por Velázquez, dándole el tiempo –y los expertos– la razón. «La paciencia es fundamental, es el creer, el pensar que hay cosas que se pueden revisar y releer. No hay que darlo todo por sabido porque la ciencia cambia. Cosas que eran de una manera en los 70 ahora son de otra. Por tanto, apostar y creer te acaba dando resultados, aunque otras veces no es así. Eso va ligado a no confundir el deseo con la realidad porque hay gente obsesionada con que tiene una obra de un autor y no es así. Lo he visto en coleccionistas y anticuarios. Es algo muy quijotesco. Hay que tener la cabeza fría y también paciencia. Este es un oficio que se rige por el azar, algo que no puedes controlar», agrega el anticuario y escritor.. ¿Qué recomienda Artur Ramon a aquel que quiera seguir sus pasos? «Este debe ser un trabajo que te apasione. Es muy volátil, es un milagro en nuestro caso poder seguir anticuarios, teniendo en cuenta que comenzamos en 1893, algo inaudito. El anticuario debe adaptarse en el tiempo. Debe formarse mucho mirando y mirando, luego leyendo y leyendo. Pero que nunca se confunda pensando que eres los clientes. Nunca debes ser tu mejor cliente ni pensar que podrías tener su ritmo de vida», apunta Ramon.. Tampoco olvida lo que ha aprendido de los que le precedieron. En este sentido, añade que «una vez me dijo un anticuario italiano que el ego cuesta caro. Es verdad. Me han ofrecido comprarme empresas en Londres o Madrid, pero siempre he sabido donde estoy. No soy una multinacional con cinco sedes. Ese consejo del me ha servido de mucho. Barcelona es mi campo base. No necesito hacer inversiones arriesgadas. Lo financiero es muy complicado en nuestro terreno. Por eso otro consejo es trabajar con recursos propios. Muchos han cerrado por endeudamiento. Hay mucho de ludopatía en esta profesión nuestra».
Artur Ramon presenta en su nuevo libro las claves para adentrarse en este oficio fundamental en el mundo del arte
El de anticuario es un oficio lleno de mitos, revestido de cierta leyenda decimonónica que aún pervive. Por eso, para acabar con los mitos lo mejor es acudir a las fuentes originales, a quienes saben de esta profesión tan importante en el nombre del arte. Artur Ramon, continuador de una saga dedicada a estos temas, acaba de publicar en Elba un libro importante sobre la cuestión titulado «Anticuarios modernos» donde se unen su propia experiencia (y la de otros), además de contar con consejos fundamentales para adentrarse en esta profesión.. Pero para abordar este tema hay una pregunta clave que merece una respuesta: ¿qué es un anticuario? El propio Artur Ramon, en declaraciones a este diario, explica que «es aquel que se dedica a la compra y venta de antigüedades con más de cien años y que tienen valor artístico. Es alguien que estudia estas obras y las pone en circulación en el mercado. Es algo que nos diferencia de los compraventa que no estudian, ni restauran como tampoco lo hacen las subastas. El anticuario recupera identidades, es un profesional cultural con un papel definido».. Ramon reconoce que pesa mucho la imagen construida especialmente en la época victoriana de la mano de Charles Dickens y Walter Scott, o, en Francia, Honoré de Balzac. «Es esa imagen de señor mayor, usurero, del que no te puedes fiar, que te engañará siempre. Además suele pasar que el anticuario aparece en los medios cuando hay expolios o robos, pero cuando se dedica a repatriar obras, realizando una labor de suplencia institucional, de eso no se habla. Es como si no existiera, como si estuviera metido en un mundo oscuro. También es verdad que muchos anticuarios han contribuido a eso, sobre todo profesionales surgidos en la posguerra que han abusado de los precios, de cosas que estaban al límite, con atribuciones que no eran», comenta este veterano experto.. En el libro se cuenta la historia de un hombre que apostó todo por un cuadro que pensaba pintado por Velázquez, dándole el tiempo –y los expertos– la razón. «La paciencia es fundamental, es el creer, el pensar que hay cosas que se pueden revisar y releer. No hay que darlo todo por sabido porque la ciencia cambia. Cosas que eran de una manera en los 70 ahora son de otra. Por tanto, apostar y creer te acaba dando resultados, aunque otras veces no es así. Eso va ligado a no confundir el deseo con la realidad porque hay gente obsesionada con que tiene una obra de un autor y no es así. Lo he visto en coleccionistas y anticuarios. Es algo muy quijotesco. Hay que tener la cabeza fría y también paciencia. Este es un oficio que se rige por el azar, algo que no puedes controlar», agrega el anticuario y escritor.. ¿Qué recomienda Artur Ramon a aquel que quiera seguir sus pasos? «Este debe ser un trabajo que te apasione. Es muy volátil, es un milagro en nuestro caso poder seguir anticuarios, teniendo en cuenta que comenzamos en 1893, algo inaudito. El anticuario debe adaptarse en el tiempo. Debe formarse mucho mirando y mirando, luego leyendo y leyendo. Pero que nunca se confunda pensando que eres los clientes. Nunca debes ser tu mejor cliente ni pensar que podrías tener su ritmo de vida», apunta Ramon.. Tampoco olvida lo que ha aprendido de los que le precedieron. En este sentido, añade que «una vez me dijo un anticuario italiano que el ego cuesta caro. Es verdad. Me han ofrecido comprarme empresas en Londres o Madrid, pero siempre he sabido donde estoy. No soy una multinacional con cinco sedes. Ese consejo del me ha servido de mucho. Barcelona es mi campo base. No necesito hacer inversiones arriesgadas. Lo financiero es muy complicado en nuestro terreno. Por eso otro consejo es trabajar con recursos propios. Muchos han cerrado por endeudamiento. Hay mucho de ludopatía en esta profesión nuestra».
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